Con un vaso de whisky

agosto 27, 2019

Y la Bondad se hizo Risa

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 5:11 pm
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    Hace años leí una cita, que soy incapaz de situar y ni tan siquiera de asegurar que exista y no sea una jugarreta de mi memoria: “El hombre se inclina ante el talento, pero se arrodilla ante la bondad”. Si esta cita existe (no puedo afirmarlo) y fuera cierta (puedo discutirlo), sería digno de ver qué haría el hombre ante Mr. Michael Schur y sus colaboradores o ante sus obras. Porque en ellas sólo hay más bondad que talento.

   Es Mr. Schur responsable, con una lista no pequeña de cómplices, de tres de las series que más he disfrutado en los últimos años. Parks and Recreation. Brooklyn Nine Nine. The Good Place. Cualquier escritor daría su pluma, su mano y su mueble bar por escribir una de ellas. O la mitad. O un cuarto. Obras colectivas, como toda serie de televisión, se distingue, sin embargo, una mente común tras ellas.

   Siendo series con puntos de partida aparentemente muy distintos, hay un denominador común: al acabar un capítulo uno se siente mejor consigo mismo y con el resto de personas en el mundo. Incluso tiene la sensación de que uno mismo y el resto de personas en el mundo no somos, como dirían los doctores Kelso y Cox, “bastards, bastards coated bastards with bastard filling”.

  Podríamos hablar largo y tendido de estas tres enormes comedias, pero aquí quiero resaltar ese aspecto fundamental, en cuanto creo que les da su gran originalidad. Ciertamente, antes de esta triple corona schuriana había personajes positivos y amabilidad en el mundo de la televisión y de las comedias. Sin embargo, en casi todos ellas, la bondad es algo por lo que hay que pedir perdón. Ni guionistas, ni actores ni directores logran que lo luminoso entre en la comedia sin tener que suspender la risa. Un momento de ternura, de complicidad o de amabilidad tiene que ser inmediatamente corregido por un chiste. No hablo de una parodia de la amabilidad: es el terreno de la comedia negra, maravilloso territorio donde siempre estoy encantado de encontrame. No, no, hablo de un intento no irónico de mostrar sentimientos positivos de un personaje hacia otro. Hay una cierta incomodidad, en la obra y en el espectador, ante estos momentos. Como si fueran antitéticos con la comedia, salvo como excusa para la mofa. Hay que reír para superar un momento de vergüenza ajena ante dos personajes dándose un abrazo. Incluso en comedias que me parecen muy brillantes, como Scrubs o Community, ocurre esto.

    El gran secreto de Schur y los suyos es haber encontrado el modo de entrelazar humor y bien de un modo que no sea posible separarlos. Burlarse de Leslie y Ron cuando toman una cena-desayuno juntos,de April al mirar a su marido con enorme cariño, de Michael declarando a Janet su amistad, de Eleanor y Chidi mirando cómo se encuentran y se enamoran una y otra y otra y otra vez, de Peralta vislumbrando la aprobación tras el gesto impasible del enorme capitán Holt… Reírnos de ellos mataría la comedia y la serie. No queremos reírnos de esos personajes. Queremos que nos incluyan en sus comunidades, para poder reír con ellos.

   Las obras de Schur tienen en su centro una especie de comunidad fantástica: aquella que acoge a sus miembros sin impedir que sean individuos autónomos y dispares. En todas ellas se menciona el concepto de familia, fuera de vínculos biológicos. Los funcionarios de Pawnee, los policías de la comisaría neoyorquina, el grupo de almas errantes, forman comunidades, desarrollan relaciones de amistad íntima o amorosas, no sin aristas ni sin choques, pero sobrellevándose unos a los otros.

   Esas comunidades evitan el gran enemigo: la gazmoñería. No hay en ellas, ni en las comedias en las que tienen lugar, nada pringoso. El Bien, el Humor y el Ingenio no se ponen la zancadilla unos a otros, sino que bailan una danza armoniosa. Hay una ballet muy preciso aquí, que, como todo baile bien trabajado, resulta engañosamente simple a la vista. La risa no es un mecanismo de defensa frente a la vergüenza ajena porque no hay posibilidad de vergüenza ajena. Schur y los suyos demuestran y enseñan que se puede ser buena persona e inteligente e ingenioso e incluso sarcástico. Que la santidad no es sinónimo de cretinismo, ni la inocencia es la gemela de la pusilanimidad.

   Claro que en estos mundos ficticios el Mal ronda. En Parks and Recreation hay masas llenas de prejuicios y bastante idiotas; ricos egoístas y mezquinos; políticos corruptos; periodistas sensacionalistas e incompetentes. En Brooklyn Nine Nine, además de criminales con y sin placa, el racismo, la homofobia, el machismo y la pobreza muestran sus feas caras más de una vez. En The Good Place los personajes no dejan de reflexionar sobre qué es el Bien y qué es el Mal y, además, literalmente, ¡tenemos demonios actuando! Pero el Mal, en todas sus variedades, no tiene aquí la última palabra. Ni, mucho menos, es el último que ríe.

   Un servidor es, para qué negarlo, un devoto de la comedia más bien oscura. Yes, Minister, The Thick of It, The League of Gentlemen, Veep, Black Books, entre otras muchas, tienen un ruido de fondo lúgubre. Las carcajadas y las sonrisas irónicas nacen del desencanto. Silbamos con el grupo de crucificados de Brian, porque, indeed, life is a shit.

   Lo que atrapa de las comedias de Schur es su núcleo radiante, vitalista, que las atraviesa y alcanza al espectador, sin llamarle idiota. Al contrario, exigiéndole inteligencia. Y, de un modo similar a las benditas novelas de Wodehouse, logrando que, al acabar los veinte minutos del capítulo, se sienta casi feliz, más generoso consigo mismo y con los que tiene a su alrededor.

   Comedias, en fin, que demuestran que, cuando es Schur el que escribe, los hijos de las tinieblas no son más inteligentes que los hijos de la luz. Ni más graciosos. Algo es.

P

2 comentarios »

  1. […] Recordarán, quizá, un artículo en el que indicaba que una de las grandes cualidades de tres comidas magníficas, Parks and […]

    Pingback por Una épica ordinaria | Con un vaso de whisky — febrero 15, 2020 @ 7:00 pm | Responder

  2. […] optimismo existencial es marca de la casa. Michael Schur, el creador de The Good Place, se curtió en la adaptación […]

    Pingback por Una comedia de enredo metafísica ('The Good Place') - Diamantes en Serie — mayo 17, 2020 @ 7:19 am | Responder


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