Con un vaso de whisky

diciembre 13, 2018

Apuntes breves sobre Sabrina y sus tibias aventuras

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 8:42 pm
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   Como ando un poco liado con varias cosas y, en mi humilde y muy discutible opinión, “The Chilling Adventures of Sabrina” no da para una reseña muy detallada, me voy a limitar a dejarles aquí una lista más o menos desordenada de impresiones sobre la serie de Netflix; para mí, una de las pequeñas decepciones del año.

    -En primer lugar, jamás he leído los cómics en los que se basa la serie, ni los de Sabrina ni los de Archie, la matriz, así que no tengo ni la más remota idea de si la producción de Netflix es o no fiel a la obra original; ni tampoco sé si sería loable o deplorable la lealtad.

    – La sitcom que llevó a la televisión por vez primera a Sabrina Spellman es, en mi recuerdo, una de las comedias más infames que he tenido el disgusto de afrontar. De modo que estaba inmunizado contra esos accesos de nostalgia manipuladora que otros, según leo, han sufrido al ver esta nueva encarnación.

    -Juicio global, la serie me ha resultado entretenidilla, bastante tonta en ocasiones, no mal hecha formalmente y desde luego olvidable por completo.

   -Dirección, fotografía, vestuario y banda sonora, funcionales y a ratos dignas (la banda sonora, quizá lo peor). En cambio, las actuaciones… abismales, en general. No ha habido ni una interpretación que me haya parecido salvable del Gulag. Ni siquiera, con gran dolor lo escribo, la de Kiernan Shipka, que tan bien llevaba su papel en “Mad Men”, con momentos de brillantez indiscutible. No entiendo muy bien qué ha pasado, incluso admitiendo que Sabrina es un rol menor comparado con Sally Draper. El resto… o actuación de cara de palo o sobreactuación vergonzante. Con la excepción mínima de la abuela ciega de la mejor amiga de Sabrina.

    -Hay alguna secuencia de magia y hechicería simpática. El espantapájaros que persigue a Sabrina por el laberinto de maíz quizá sea el bicho más resultón.

    -La relación entre las tías de Sabrina tiene su aquel. Pero, una de dos, o Zelda le rompe a Hilda la crisma de una vez y para siempre o Hilda envenena el té de Zelda. O, mucho mejor, que Zelda le rompa la crisma a Hilda luego de beberse el té envenenado.

   -El humor es casi inexistente, salvo puerilidades como agarrar frases típicas de distintas iglesias y darles un pequeño cambio satanista (“Praise the Dark Lord”; “unholy feast”; cosas así). Sólo me he reído en los momentos de supuesta profundidad emocional o socio-ideológica-teológica.

   -Entiendo que esto es una simple serie de aventuras y no pretende graves debates sociales, morales y religiosos. Pero no debería amagar tanto en tocar Temas y luego hacer una chapuza con los diálogos o las situaciones.

   -El director del instituto es un cretino machista, cansino e indigno de la Villanía y todo lo malo que le pase es poco. Como personaje en obra literaria, claro.

   -Ando un poco perdido en cuanto a la organización del culto satánico de la serie. Da la impresión de que cada congregación brujeril va un poco a lo suyo, como las iglesias evangélicas estadounidenses, porque el personaje de Michelle Gomez (aunque mienta más que habla) asegura ante brujas veteranas que pertenecía, no a su Iglesia de la Noche, sino a la Iglesia de las Sombras, en otro pueblo, y nadie mueve un músculo. Claro que entonces no sé qué rol tiene el Sumo Sacerdote como vicario infernal, a lo papa diabólico, salvo que en realidad sea un simple reverendo diabolista con ínfulas. Ni tampoco tengo muy claro las reglas de elección de nuevo Sumo Sacerdote, viendo que el padre de Sabrina ocupaba el cargo, pero a su muerte pasó al discreto Faustus Blackwood y todo el mundo asume que los hijos de éste tienen derecho a reclamar el título, cuando el padre vaya al amoroso seno de Belcebú.

   -Los amigos mortales de Sabrina sólo son sobrepasados como generadores de tedio por los amigos o enemigos, dependiendo del día, brujeriles de Sabrina.

   -La serie tiene un notable problema de ritmo y de estructura de fondo. Los primeros capítulos nos introducían con cierta rapidez en el mundo y todo lo que pasaba nos arrastraba a un momento cumbre: el Bautismo Oscuro de Sabrina, teniendo este arco una coda de cierto interés al negarse la protagonista a firmar el Libro de la Bestia y ser una más del cónclave. Pero una vez que las partes llegan a un acuerdo más o menos de equilibrio para las dos naturalezas de Sabrina, entramos en una serie de episodios sin sentido y llenos de bostezos, a lo Harry Potter, hasta que Miss Wardwell, la mala principal, más porque se acaba la temporada que por lógica del relato, fuerza un clímax final que es un poco anticlimático, todo sea dicho.

   -¿Qué demonios añade el primo Ambrose?

   -Las referencias y guiños a folklore, magia, religión y cultura popular son bastante perezosas. Un Daniel Webster que no tiene anda que ver con el relato ni la película original y cuya historia aquí es risible (¡Ooooh, un joven abogado que hace un pacto con el Diablo y empieza a defender y liberar culpables! ¡Qué escándalo!). Un brujo llamado Nick Scratch (Nick es uno de los muchos nombres del demonio; Mr. Scratch era como se hacía llamar Lucifer, justamente, en “El Diablo y Daniel Webster”). Una Lillith que se supone gran revelación y logra un mínimo arqueamiento de ceja porque, en realidad, importa un bledo que sea ella. Da la impresión de que los guionistas pusieron en un buscador “referencias al diablo” y empezaron a tomar notas.

   -Michelle Gomez está aquí un poco más contenida que en “Doctor Who”, en la que es responsable de una de las encarnaciones más histriónicas (para mal) de The Master, el archienemigo del Doctor. Y es lástima, porque su trama es la más interesante de la serie: en vez de ser una historia de “Camino del Héroe” o de la Heroína, en este caso, se nos presenta una historia de corrupción. Miss Wardwell trata de convertir a Sabrina en la paladín de las Tinieblas, la perfecta servidora del Demonio (lo cual, al parecer, y pese a que tantos personajes relativamente positivos de la serie sean fieles creyentes en Satán, sigue siendo algo no muy bueno). El problema es que durante un buen tercio de la serie esto queda muy difuminado y en el trayecto final se trata de recuperar el tiempo perdido, con resultados discutibles.

-En general, la serie me ha recordado bastante a “Buffy, the Vampire Slayer”, sin sus ridículas peleas. Y dado que yo no soporto ni a Buffy ni a la obra del señor Whedon en general, no es muy sorprendente que Sabrina y sus compinches no vayan a seguir acompañándome en el futuro.

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