Con un vaso de whisky

noviembre 29, 2010

Grandes series: Luther

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 9:57 pm
Tags:

            Por la misma época en la que la BBC nos concedió Sherlock, Londres sirvió de escenario para otro detective. El Inspector Jefe Luther tal vez no sea tan fulgurante en sus deducciones, pero es un policía brillante, que se enfrenta a lo más siniestro del mundo criminal. Ahora, donde Holmes disfruta fríamente, Luther siente con las entrañas.

            Idris Elba se mete en la piel de Luther; aunque tiendo a ser desconfiado con las series donde el peso recae sobre un actor y un personaje, hay veces que la cosa funciona. Y aquí funciona. Tal vez varios de ustedes recuerden al señor Elba de las calles de Baltimore. En efecto, allí interpretó al astuto “Stringer” Bell, en esa maravilla ya comentada que es The Wire. Bien, Luther resulta la prueba definitiva para demostrar que es un enorme actor.

            “Stringer” y Luther son personajes tan diferentes como el día y la noche. No por el lado de la legalidad al que se encuentra cada uno (Luther anda en la cuerda floja los días buenos), sino por su psicología. “Stringer” es un maquinador, un cerebro impasible, un hombre de Estado, con enormes ambiciones. Luther es un sufriente policía nato; en un momento otro personaje dice que Luther podría haber sido un sacerdote: vive su oficio como una vocación. Siente y padece cada segundo los horrores a los que se enfrenta. Y los que él mismo puede llegar a cometer.

            Mientras “Stringer” resulta controlado como un témpano y sólo muy de vez en cuando pierde los estribos, Luther, obligado a perseguir psicópatas, tiene graves problemas de control de la ira. La Policía londinense prácticamente tiene que pagarle un despacho nuevo cada episodio. Metódico, inteligente, apasionado, con esa debilidad colérica agazapada, esperando el momento más inadecuado para decir hola, buenas. Y respetado por sus compañeros.

            Aun cuando Luther es, formalmente, una serie “procedimental”, su fuerza reside en sus personajes. Junto a Luther se alinean varios secundarios sólidos. Su jefa Rose Teller (Saskia Reeves), cuya relación puede recordar un poco a la de Cuddy con House sin el más leve atisbo de atracción erótica; su viejo amigo Ian Reed (Steven Mackintosh), que no es Wilson en absoluto; el joven Justin Ripley (Warren Brown), quien hace posible ser honesto, fiel a Luther y tener una mente despierta…

            Hay personajes para el desdén, claro. Ahí están la ex mujer de Luther, Zoe (Indira Varma), y su actual pareja, Mark (Paul MacGann). Puede que Indira Varma les suene de Roma: era la esposa de Lucio Voreno. Esta mujer se está especializando en interpretar la mujer cansina de hombres de respeto. Yo de ella llamaría al orden a su agente.

            Aunque el otro gran personaje de la serie es, sin duda, Alice Morgan, o sea, Ruth Wilson haciendo un trabajo sensacional (y además, la carne es débil, ¡qué mujer más morbosa!). Me extendería sobre su relación con Luther, pero les privaría del placer de verlo por ustedes mismos. Para que se hagan una idea, la comparación más cercana que se me ocurre: el Joker empeñado en ser amigo de Batman. ¿Da miedo? De manera gloriosa.

            Sin ser revolucionaria ni en sus guiones ni en su forma, esta serie resulta digna por cualquier lado. Tiene una atmósfera que le va como anillo al dedo, actores como Dios manda, historias narradas con ritmo… Una señora serie. Una señora serie.

noviembre 23, 2010

Tocata y Fuga

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 1:52 pm
Tags: , ,

               Walt Disney y sus colaboradores (esos malvados) alcanzaron su cima artística en 1940. Es verdad que luego de ese año realizaron aún muy buenas películas de animación, pero en 1940 dieron a luz Fantasía. Y Fantasía es, con diferencia, lo más arriesgado, audaz y brillante que haya salido de esa compañía.

            Por algún milagro, cuando yo era crío, un cine de mi ciudad repuso la película Mis padres me llevaron a verla. Y no me gusto nada de nada. En aquella época sufría de un agudo rechazo hacia la así llamada música clásica. Porque lo único que había escuchado, hasta la naúsea, eran composiciones de la infame familia Strauss. Dejando a un lado El Danubio Azul, los Strauss, sus polkas, valses y marchas me asqueaban. Cualquier sonido que saliera de una orquesta provocaba en mí una reacción irracional consistente en jaquecas, ira desaforada y anisas de convertirme en asesino con hacha. Me costó años e insistencia externa recuperarme de mis traumas straussianos. Hoy día, de modo frío, los desprecio hasta tal punto que, el día de Año Nuevo, mientras mi familia ve el concierto, yo me largo al lado más alejado de la casa. Escuchar la Marcha Radetzky, con el público dando palmaditas como idiotas, me supera.

            Cuando estaba ya en vías de reinserción musical, mi padre logró una cinta. La volví a ver. Esa vez sí. A partir de ese momento me volví un defensor a ultranza de Fantasía. Pese a que algunas piezas hayan sido adaptadas, acortadas y modificadas, me sigue pareciendo una gran obra por derecho propio y una buena herramienta divulgativa.

            Tal vez cuelgue por aquí otros fragmentos, pero hoy voy a dejarles con la primera pieza, la celebérrima Tocata y Fuga en Re Menor de Johann Sebastian Bach. La obra original está compuesta para órgano. En la película, la Orquesta de Filadelfia interpreta una versión adaptada para una orquesta sinfónica. Sale airosa. Esta pieza está acompañada por la animación más abstracta de todo el metraje. Mientras que el poema musical “El aprendiz de brujo” se narra una historia con introducción, nudo y desenlace (y con Mickey y una escoba, en lugar de con Pica y Rasca) y la Sinfonía Pastoral de Beethoven inspiró escenas en el Monte Olimpo, aquí, como bienvenida, nos ofrecen ocho minutos de luces, sombras, figuras huidizas, de imagen, en fin, sometida a la música.

            Ojalá pudiera volver al cine.

noviembre 15, 2010

Talando el Vosque

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:58 pm
Tags: , , ,

            Como dice el proverbio ruso hay quien pasa delante del bosque y sólo ve leña para el fuego. Seguramente muchos pasen por delante del Vosque y tengan la misma impresión. Una buena cantidad de leña para quemar vivos a Morán y Laurielle. No porque no disfruten del Vosque y sus habitantes, sino porque disfrutarían mucho más de una quema pública. La gente es así, qué le vamos a hacer.

            Tras divagar alrededor de Eh, Tío!, sin llegar a tratarlo de manera sistemática en ningún momento, y hacer una publicidad descarada de ¡Anunciado en televisión!, me faltaba por tratar El Vosque. Si hay un enlace para llegar a este webcómic, hora es que lo justifique. Ya, ya sé que nadie se ha creído que piense eso de verdad.

            Empecemos por el comienzo: los autores. No tengo muy claro si el reparto de funciones que confiesan los mismos es cierto. Desde luego, Morán no dibuja. Recuerde el lector memorioso que en El Jueves se prostituye (no sólo) guionizando. Aceptemos, entonces, que el lápiz lo maneja Laurielle. Pero, ¿se limita esa zombi/ardilla/ente cambiante en cada manifestación a la imagen? Casi seguro. No por ética deontológica (suponiendo que la tengan), sino porque el señor Morán es demasiado megalómano como para dejar que alguien más meta sus zarpas en su mundo sin su consentimiento. Claro que Laurielle parece lo bastante astuta para saltar los obstáculos que le ponga Morán. Sospecho que no pocos lectores estarían encantados de conocer las luchas, chantajes, maquinaciones e intrigas que hay tras la cortina. Pero para algo están las cortinas. Ocupémonos, por lo tanto, de la obra.

            El Vosque fue en origen una novela. Novela inacabada que mutó a webcómic. No pienso hacer comentario alguno sobre la tal novela. No es pertinente, no tengo permiso de su autor y su contenido no es del dominio público. Lean entre líneas la oferta de soborno.

            Ya en su formato actual, puede calificarse de webcómic fantástico humorístico. Como fantástico, no es original. Soy un gran admirador de lo fantástico, en su amplia variedad de estilos y tonos. Entre la mucha escoria, hay también mucha calidad. Pero apenas originalidad. Inevitable. La literatura fantástica (y después las series, las películas, los juegos) se inspira en el folklore, en los cuentos, en las narraciones populares y las sagas. Además de en la literatura fantástica precedente. Maneja casi siempre arquetipos, aun cuando a veces logre convertirlos en personajes. Así que, cuando afirmo que poca originalidad existe en el reino voscoso, no lo tomen como una crítica destructiva.

            Ahora bien, lo fantástico humorístico es menos común que lo fantástico épico (heroico o antiheroico). En este sentido, El Vosque resulta muy interesante. El lugar actual de Morán en la Historia del Humor y el Ingenio ha sido examinado en otros lugares. No le subestimemos, sin embargo.

            Nadie se libra de sus influencias, de sus escritores. Todo escritor es antes un lector. Hasta Shakespeare luchó años para independizarse de Marlowe. Morán está en plena lucha para emanciparse de Pratchett. Lo que no sé es si desea triunfar en ese empeño o prefiere formar escuela con él. Tengo mis sospechas.

            Claramente, el Vosque como lugar debe mucho a Mundodisco. Ambos son mundos irreales, sometidos a bastantes convenciones realistas, pero también con sus propias reglas y su propia lógica. El establecer convenciones del mundo real no es un defecto, o no tiene que serlo. Esas convenciones pueden ser necesarias para los mismos autores. No todos los creadores son capaces de establecer un universo propio hasta el más mínimo detalle sin enredarse tanto en su descripción que no exista espacio para nada más. Y aun los que lo logran muchas veces son incapaces de que el lector penetre en él.

            Es decir, hasta las más audaces y extrañas imaginaciones tienden casi siempre puentes, lugares comunes donde la imaginación del lector pueda encontrase con la del creador. Asunto distinto es si, una vez atrapado el lector, lo deja suelto en su mundo y que sea lo que Dios quiera. Morán y Laurielle, igual que Pratchett, no nos dejan desamparados. Comprendemos todo o casi todo lo que ocurre en su mundo, una vez conocemos ciertas reglas. Su revelación nos puede sorprender, pero siempre las asimilamos.

            El humor de El Vosque es fundamentalmente irónico. La mayoría de sus chistes se basan en una contradicción entre lo que ocurre y cómo se cuenta o en una subversión de arquetipos fantásticos. O en todo ello al tiempo. La descripción de los elfos (con muy mala puntería, poca empatía hacia los demás seres vivos y una boca llena de colmillos trituradores de carne) unida a la irrupción de un asesino no muy afortunado en su pueblo es cómica. Y eso que el asesino efectivamente asesina, que los elfos efectivamente quieren comérselo y que la trama donde todos se insertan podría ser la de una obra de fantasía épica.

            La trama es otro de los elementos donde la influencia de Pratchett es evidente. Al igual que en las novelas de la Guardia, estamos ante un guión a medias policíaco, a medias político y con indicios de confrontación heroica en algún momento lejano. Pratchett podía haber sido un prolífico escritor de misterio. Y lo es, hasta cierto punto. Pero con un tono que ni en los momentos más serios deja de ser burlón y en su propio mundo, aun cuando ese mundo parodia el nuestro. Aquí El Vosque se aparta un tanto: es más irónico con los universos fantásticos que con el mundano, el cual queda prácticamente al margen.

            Los personajes principales son asimismo irónicos, no originales: la pareja de inspectores (guardabosques) antitéticos y complementarios, el político pragmático y sagaz, las mujeres fatales a su manera (para el guardabosques Quent, la dura Flora Minor y para el político Cirano la sospechosamente benévola Amanda), el antagonista con vínculos con uno de los protagonistas, el rey gordo y estúpido que parece ser la reunión de todos los reyes gordos y estúpidos de los cuentos alguna vez escritos…

            Cirano, el joven poder en la sombra, me resulta el personaje más sorprendente. Tratado siempre como personaje positivo, es, si lo observamos fríamente, una fiel encarnación del arquetipo “Político Maquinador”. Esta gente, por excelentes razones, suelen ser personajes negativos. Cirano, así, es una vuelta de tuerca original. Lord Vetinari es un personaje carismático y hasta positivo en los efectos que sus planes tienen sobre la vida de sus conciudadanos. Pero Pratchett no quiere que los lectores lo vean con cariño, sino con respeto, cierto temor o complicidad (dependiendo del lector). Cirano, en cambio, es mostrado de un modo más cercano y los comentarios de los lectores muestran su aprecio por él, aunque con menos entusiasmo que por los guardabosques. Ayuda que no sea él quien tire de los hilos en la historia. Me parece que ni los propios autores saben todavía quién es el titiritero.

            Aun cuando El Vosque comenzó su andadura como una obra de ficción estricta, los autores no resistieron mucho tiempo la tentación de involucrarse más. Es decir, de aparecer. Como, por otro lado, debían tener la impresión de estar poniéndose en ocasiones excesivamente serios para su gusto, mataron dos pájaros de un tiro con los “Woodies” (ejemplo palmario de su sutil ingenio), hasta que se dejaron de máscaras y pasaron a llamarse “Sillies” Misión cumplida: absurdos, vanidad de Morán y Laurielle satisfecha, e, imitando a The Order of the Stick, todos los personajes quedan reducidos a su esencia: chistes con cuerpo de monigote.

            Pero, “Woodies” aparte, ¿El Vosque depende fatalmente de la actual trama? ¿Es una obra con introducción, nudo y desenlace? ¿O, como Mundodisco, es un universo infinito hacia dentro, con miles de historias que serpentean, se ramifican? Cuando uno perpetra un mundo sabe que difícilmente agotará sus posibilidades. De ahí, entre otros motivos menos confesables, la jornada de puertas abiertas para que los lectores aportaran su granito de arena. Este reino sin época ni localización concreta tienen aún mucho que ofrecer. Y tal vez Morán y Laurielle vean que los devora, después de haber sido útiles.

noviembre 9, 2010

Grandes Series: Sherlock

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:08 pm
Tags:

            Hace unos meses la BBC tuvo a bien hacernos un regalo a todos los anglófilos. Porque uno no es anglófilo si no siente aprecio y respeto por mister Sherlock Holmes y su colega, el Doctor John Watson. Después de que la entretenida aunque un tanto decepcionante película protagonizada por Robert Downey Jr. y Jude Law pretendiera reinventar el mito, los señores Moffat y Gatiss trasladaron al mejor detective de todos los tiempos a nuestro tiempo. Y lo hicieron con dignidad.

            Ver a Sherlock Holmes en los inicios del siglo XXI es una de las armas que esta serie de largometrajes (vamos a ver, son tres episodios, por el momento, de hora y media cada uno) esgrimía para diferenciarse de las múltiples adaptaciones anteriores. Un arma bien empleada: la tecnología, el paisaje londinense contemporáneo, las irónicas adaptaciones de marcas de la casa a la realidad cotidiana, como los parches de nicotina en lugar de la clásica pipa o el blog de Watson, que sustituye al diario o al cuaderno de apuntes de los relatos originales… todo ello hace sonreír a los holmesianos, sintiéndose tal vez más cerca que nunca a los personajes.

            Y los personajes tampoco se descuidan. Los aspectos formales son importantes, pero como el espectador no creyera que Sherlock y John eran Holmes y Watson, todo el invento se derrumbaba. Nos lo creímos desde el primer segundo, desde los angustiosos recuerdos de Watson sobre Afganistán (a veces el que la Historia se repita tan sangrientamente puede aprovecharse).

            Benedict Cumberbacht y Martin Freeman, supongo yo, debieron ponerse un poco pálidos cuando fueron elegidos para encarnar a la pareja protagonista. Sobre ellos recaían unos buenos dos tercios del éxito o fracaso de la empresa. Todo lector de Conan Doyle sabe que los casos, las deducciones de Holmes y el buen narrar de Watson son una de las columnas de los libros. La otra es la relación de esta pareja, entre sus miembros y con terceros. Los comentarios, bromas y pullas que Sherlock lanza a John (y que el buen doctor aguanta o devuelve) debían estar presentes, la curiosa amistad que se va estableciendo caso a caso tenía que ir desarrollándose también en la serie.

            Gracias al buen hacer de guionistas, directores y los dos magníficos actores, se logró. Sherlock es ciertamente Holmes, arrogante, misantrópico, burlón, adictivo, únicamente feliz de veras en medio del problema más complicado. Y John es ciertamente Watson, pragmático, paciente, pero muy capaz de exasperarse justificadamente, admirado tanto por las habilidades como por las limitaciones de su compañero. Ambos están estupendos, desde la ropa que llevan, a los ademanes y gestos, pasando por sus respectivas voces (¡qué voces!).

            Los secundarios habituales de los relatos pululan. La sufrida señora Hudson aparece de manera casi furtiva, aunque lo bastante para que comprobemos que sigue siendo la de siempre. Lestrade se nos presenta ya a medias. En las obras de Doyle, el inspector de Scotland Yard (bueno, ahora de New Scotland Yard) pasa de un desprecio casi rencoroso al principio a una reluctante admiración, hasta llegar a un sincero respeto por la superioridad del detective “amateur”. Aquí, el sólido Rupert Graves interpreta a un policía en transición desde la segunda a la tercera fase.

            Mycroft merece un párrafo aparte. Siempre me ha parecido uno de los secundarios más interesantes de Doyle. Una mente tan hábil como la de Sherlock, que, en lugar de complacerse en resolver un rompecabezas tras otro, teje desde un despacho de subordinado la política del entonces todopoderoso Imperio Británico. Los dos hermanos tienen en los relatos una relación relativamente amigable. En cambio, Moffat y Gatiss parecen haber encontrado más de su gusto la tensa rivalidad que Billy Wilder presentó en su estupenda La vida privada de Sherlock Holmes. El desdeñoso y delgado (una vez más los guiños, con las irónicas referencias a la dieta que sigue el mayor de los Holmes) maquinador a quien da vida el mismo Mark Gatiss es uno de los aciertos indiscutibles de la serie.

            De los tres episodios (“Un estudio en rosa”, “El banquero ciego” y “El gran juego”) es el primero el que se mantiene más fiel a la fuente, la primera novela de Holmes, “Un estudio en escarlata”. Más fiel, porque los otros dos no tienen un padre literario absoluto. Y eso que en “Un estudio en rosa” los motivos (y víctimas) del asesino difieren bastante del original. No me quejo. De hecho, creo que muchos nos hemos divertido bastante buscando referencias más o menos indirectas a los casos del Holmes literario, así como las semejanzas y licencias.

            También es este primer episodio el más redondo en mi opinión. Presenta a los personajes, deja que Sherlock y John atrapen al público, es el más arriesgado en el aspecto formal, con el ingenioso uso de los mensajes de teléfono móvil o los razonamientos de Holmes plasmados en la misma pantalla y termina con un duelo entre el gato y el ratón donde ambos creen ser el gato.

            “El banquero ciego” baja el nivel, aunque se ve con gusto, si exceptuamos el enfrentamiento final con los antagonistas de turno. Y “El gran juego”, que levanta la serie casi al nivel del primer episodio, se sirve de un ritmo endiablado y del esperado personaje que nos faltaba, a quien ya se ha hecho referencia en los otros dos capítulos: James Moriarty, el enemigo en la sombra.

            El trato que se da al Napoleón del crimen es objeto de discusión. No voy a entrar en ella, porque destriparía la última hora y media que tenemos (por ahora) de Sherlock. A mí me ha parecido acertado. El lector juzgará por sí mismo. En cambio, los últimos cuarenta segundos me parecen de una estupidez injustificable.

            Pero sólo son cuarenta segundos. Así que espero, deseo, confío en que la BBC no aparque el proyecto y podamos pasar aún muchas buenas horas en Baker Street.

noviembre 2, 2010

Job (y III): Réplicas y conclusiones

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:20 pm
Tags: ,

            Dios llega tronando, desde la tormenta, y opta por un buen ataque: ¿Quién es éste que denigra mi designio/ diciendo tales desatinos?/ Si eres valiente, cíñete los lomos:/ te voy a preguntar y tú me instruirás. Shaddai, dialéctico superior incluso a Job, invierte los papeles. Si Job es capaz de dar respuesta a sus preguntas, Él reconocerá que tiene derecho a quejarse.

            Los dos discursos de Yahvé, bellísimos, llenos de fuerza, capaces de apabullar a cualquiera, consisten en una catarata de preguntas retóricas. Mediante ella asistimos a una enumeración de misterios naturales, terrenos y cósmicos. Veamos sólo algunos versículos.

            ¿Has entrado hasta las fuentes del mar?,

            ¿has paseado por el fondo del Abismo?

            ¿te han enseñado las puertas de la Muerte?,

            ¿has visto las puertas del país de las Sombras?

            ¿tienes idea de las dimensiones de la tierra?[…]

            ¿Puedes atar los lazos de las Pléyades

            o desatar las cuerdas de Orión,

            hacer salir a su hora la Corona,

            guiar a la Osa y a sus crías?

            ¿Conoces las leyes de los Cielos?,

            ¿aplicas su fuero en la tierra?[…]

            En el segundo discuros, Dios nombra a dos seres que han quedado grabados en la memoria colectiva, Behemot y Leviatán. El primero es el plural de una palabra que significa “bestia” y, aunque muchas veces se lo representa como un hipopótamo, en realidad simboliza una fuerza bruta superior al poder humano. En cuanto a Leviatán, del cual se apropió con acierto Hobbes, la descripción parece ajustarse al cocodrilo (símbolo de Egipto en otros libros hebreos). Sin embargo, los expertos recuerdan que el Leviatán era un monstruo del Caos primigenio y que aquí podría encarnar las potencias hostiles a Dios y al hombre. Entresaco algunos versos dedicados a este monstruo:

            ¿Quién ha abierto las puertas de sus fauces?

            ¡El terror reina en torno a sus dientes![…]

            Su estornudo proyecta destellos,

            sus ojos parpadean como el alba.[…]

            En su cuello reside la fuerza,

            ante él danza el espanto.

            Si se yergue se asustan las olas,

            las ondas del mar se retiran.[…]

            Nada se le iguala en la tierra,

            pues es creatura sin miedo.

            Mira a la cara a los más altivos,

            es el rey de los hijos del orgullo.

            Ahora bien, el torrente de cuestiones, imágenes y descripciones no da, sin embargo, una respuesta directa a las angustias de Job, no explican por qué el inocente sufre y la vida es tan absurda. Cuando Job se inclina ante Él, lo hace porque confiesa:  

         Me doy cuenta que todo lo puedes,

            que eres capaz de cualquier proyecto […]

            Sólo de oídas te conocía,

            pero ahora te han visto mis ojos.

            Por eso me retracto y me arrepiento

            echado en el polvo y la ceniza.

            ¿No hay aquí algo incómodamente paralelo a una de las críticas anteriores? Dios no rinde cuentas a nadie, porque es el más fuerte. No se rebaja a debatir con el hombre, sino que le muestra todos los enigmas y maravillas de la Creación, dejando claro quién es el jefe. Como dije al principio, Dios no sale muy bien parado en este libro.

            Pero, de pronto, Dios hace un quiebro inesperado: se encara a sus supuestos defensores, los cuales debían estar gozándola al ver al hereje tan humillado, y les espeta: Estoy enfadado contigo y con tus dos amigos, pues no habéis hablado bien de mí, como mi siervo Job. ¡Ésta sí que es buena! Job no ha hecho más que mostrarse arrogante, contestatario, librepensador, subversivo, ha llegado a insultar a Dios a la cara ¿y son ellos los que no han hablado bien de Yahvé? Es más, Job es presentado como intercesor de sus inquisidores: Sólo en consideración a él no os inflingiré castigo alguno por no haber hablado bien de mí, como ha hecho mi siervo Job.

            Hay aquí algo profundo, extraordinario: Dios toma partido por el crítico, por el pensador inquieto, que no se conforma con frases hechas, sino que se lanza a los caminos de la duda. El autor del Libro de Job, excepcional poeta, algo que ya le hace merecedor de todo elogio, no fue capaz de dar respuesta a los interrogantes del anciano, pero nos descubrió una nueva faceta en las relaciones con Dios. No es que podamos dudar, es que debemos dudar, rechazar ideas preconcebidas, destruir falsas estructuras teológicas que carecen de sentido, que no se acomodan a la realidad, que desfiguran y pervierten al propio Dios.

            Y eso, pese a los Elifaz, Bildad y Sofar de cada fe.

Imágenes: ilustraciones, obra de William Blake, para el Libro de Job

Blog de WordPress.com.