Con un vaso de whisky

enero 31, 2011

College Roomies From Hell!!!(I): Aproximación

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:07 pm
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            Si llegó a mi conocimiento la existencia del webcómic de Maritza Campos CRFH (por abreviar) fue gracias al señor Morán. Así que, hace un par de años, con cierto escepticismo (es mi política ante las recomendaciones del señor Morán y no dudo que hace lo mismo con las mías) me puse a leer sus tiras. Recuerdo esas viñetas, ya veteranas cuando las leí por primera vez, trazos negros sobre un fondo blanco y vacío, dibujos aún bastante burdos. ¡Si hubiera sabido entonces lo que crecerían esos dibujos! Pero recuerdo, sobre todo, que me pasé una tarde entera leyendo una tras otra. Y luego otra tarde. Y otra. Y las que hicieron falta para devorar lo que estaba disponible.

            Mientras era testigo de la evolución del webcómic, comprendí la confesión pública de Morán: “Uno de mis favoritos, el primer webcomic que leí y el primero que sigo leyendo todos los días.” No ha sido el primero que yo he leído, pero desde luego está entre mis favoritos.

            Tanto que, hace unas semanas, decidí someterlo a la prueba de Oscar Wilde: ver si resistía otra lectura. ¿La ha superado? Esa lectura ha provocado este artículo y los que le seguirán. ¡Qué alegría al reencontrarme con todos los compañeros de cuarto! ¡Qué grandes clases da el señor Dover, calificado por todos sus alumnos como an incredibly sadistic bastard (es profesor de Cálculo, por Dios)! ¿Y qué decir de Pepe, Fluffy y los diálogos nocturnos en una bañera de Roger con sus mascotas? ¿O de Mr. Hand, a quien echo tanto de menos? ¡Ah, toda la familia Green, los platos mortales de Marsha, los gemidos de Dave, Margaret y su arsenal…! Podría seguir, podría seguir.

            Vamos a ver, que nadie se llame a engaño. No entren ustedes en el webcomic pensando que les espera Will Eisner, o Neil Gaiman en sus días inspirados (que me temo ya han pasado). Dicho esto, sin embargo, Maritza Campos posee talento, imaginación, ingenio y un considerable dominio del diálogo y el ritmo. ¿Les parece poco? Además, del riguroso blanco y negro, tras una etapa de transición con ciertas limitaciones técnicas, se llegó al color pleno, salvo cuando interesa emplear de nuevo, con más habilidad, el blanco y negro. Este webcomic agradece el colorido.

            Bueno, para el no iniciado, ¿qué es CRFH? La descripción más habitual que he leído y oído es “una mezcla entre Friends y Lovecraft”. En fin, yo no habría elegido a Lovecfraft, un escritor con un estilo demasiado marcado y una cosmología demasiado particular. De hecho, uno de los gritos de guerra de CRFH (The Horror! The Funky Horror!) está basado en la más famosa obra de Joseph Conrad, no en Lovecraft. Pero la idea que se intenta comunicar es una combinación entre la reina de las sitcoms norteamericanas y los géneros de horror y aventura. Ahí puedo estar más de acuerdo.

            Ahora bien, CRFH, como ya he dicho, creció y sigue creciendo. Está en proceso, espero que aún por mucho. Como dicen los de mi gremio, es una realidad in fieri. Este webcomic fue desperezándose, extendiendo los brazos, de tal modo que, aunque sus personajes son los que conocimos cuando trataban de encontrar un piso donde sobrevivir, han cambiado. El webcomic ha cambiado. No se mantiene en una especie de burbuja. Si el lector novato lee unas cuantas tiras del primer año y salta a continuación hasta la actualidad tardará un rato cerrar la boca.

            Conviene que haga unas cuantas advertencias. En primer lugar, seguramente tendré que destripar partes de las tramas. Resulta casi imposible hacer un estudio mínimamente profundo de cualquier obra de ficción sin desvelar algo de lo que ocurre en tal obra. No por ello voy a dejar CRFH desnudo, ni mucho menos arruinaré el placer de leerlo. Sin embargo, sería lógico que ustedes quisieran ponerse al día antes. Como CRFH no vive sólo de tramas, no obstante, tampoco resulta imprescindible.

            Al leer o examinar una obra, cada lector y cada crítico sacan sus propias conclusiones; legítimo, pero casi todos quieren además usar la obra para hurgar en el cerebro del autor. Me mantendré lo más alejado posible de esta tentación, que es, además, un error. Los escritores no son sus personajes o no tienen que serlo. Puede que, en parte como recurso estilístico, haga referencia a las intenciones de Maritza Campos al planificar de determinada manera su obra, o al tratar a tal o cual personaje. Serán siempre especulaciones mías. Claro que agradecería escuchar otras voces sobre mis especulaciones y, aún más, la de la propia Campos. Por desear, que no quede. Ocurra esto o no, la voz de estas líneas será la mía, aun cuando trate de no imponerme a la obra.

            En cuanto al plan de batalla, que puede desviarse más o menos, pretendo examinar tanto a los protagonistas y sus relaciones entre sí y con otros como los equilibrismos que CRFH hace entre humor y drama, trama y personajes. Hay tela que cortar. Pongámonos a ello.

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enero 19, 2011

Thomas versus Thomas

            Estoy en proceso de ver Los Tudor. Cuantos me la recomendaron insistían en que cada temporada mejora y así lo espero. Después de concluir la primera de ellas, he llegado a tres conclusiones. Primera, que si Catalina de Aragón se parecía a lo que ahí nos muestran, Enrique VIII se quedó corto buscando el divorcio. Yo la hubiera asesinado de la forma más desagradable y, luego, culpado al primer cortesano que cuadrase y me cayese mal. Segunda, que Sam Neil es el mejor actor de estos diez capítulos, con diferencia, encantado el hombre de interpretar al maquinador cardenal Wolsey. Y tercera, que Jeremy Northam, aunque es un actor apreciable, no acaba de convencerme como Tomás Moro (Sir Thomas More para los amigos).

            El mayor obstáculo del señor Northam es que yo haya visto el peliculón que es A man for all seasons (un tanto hagiográfico, pero peliculón), mal traducido en España como “Un hombre para la eternidad”. Basado en la obra de teatro de Robert Bolt (que la adaptó al cine), se llevó a casa (entre muchos otros, como varios BAFTA y Globos de Oro) seis premios Oscar: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, Mejor Director de Fotografía en Color, Mejor Diseño de Vestuario en Color y Mejor Actor Principal. Éste último fue concedido a Paul Scofield, que siempre será en mi cabeza Thomas More.

            Me sorprende, en cambio, que nadie haya premiado el talento Leo McKern, actor que encarna a su implacable rival, Thomas Cromwell. Con sus ojos bicolores, su rostro amenazador y su voz portentosa, el señor McKern nació para ser un magnífico actor secundario. Igual de bueno como el conservador cardenal Leone (en Las sandalias del pescador) que como tabernero bocazas (en La hija de Ryan) o, como aquí, retorcido hombre de Estado.

            Me cuesta mucho seleccionar escenas de esta película, porque es difícil encontrar una mala. Los actores son todos, como mínimo, respetables. Los diálogos son ágiles y agudos. Es una de esas obras que, al verla y escucharla, estoy seguro de ello, uno crece en sutileza.

            Pero bueno, voy a dejarles dos fragmentos. En el primero, More, en proceso de caída en desgracia ante el Rey, es citado por Cromwell para ser interrogado. El astuto Secretario del Consejo busca penetrar la armadura de silencio del antiguo Canciller. Es complicado no admirarlos a ambos: a uno por su inteligente defensa, sopesada al milímetro, y al otro por su correosa habilidad como interrogador.

            La segunda escena es incluso mejor (y esta vez la he encontrado subtitulada, aunque en inglés). More ya está preso en la Torre de Londres. Pero el Rey aún desea que su viejo amigo vuelva a su lado. Así que nombra una comisión para convencerle. Cromwell sigue de inquisidor implacable. Junto a él, el Arzobispo Cramner y el Duque de Norfolk, no muy brillante en cuanto a dialéctica, pero también amigo del preso. Atención, que cada ataque y cada réplica es de traca. Esto es esgrima de calidad.

            A ver cómo logran Los Tudor igualarlo.

enero 11, 2011

El Desfile de los Elefantes Rosas

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:34 pm
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            Odio Dumbo. Y a Dumbo. Película y personaje. De entre las obras de Disney sólo Bambi me produce mayor indigestión. Pertenezco a esa minoría que, cuando la madre de Bambi es enviada a las Verdes Praderas del Más Allá, aplaude. Dumbo no le va a la zaga. No sé a quién aguanto menos, si al elefantito mudo cuya mayor contribución ha sido dar otro apodo a Carlos de Inglaterra, al ratón que le acompaña (mitad agente comercial, mitad abogado defensor), a la madre de Dumbo (la cual, al menos, muestra cierto carácter al zurrar a unos cuantos criajos), a las elefantas murmuradoras… en fin.

            Pero Dumbo tiene una secuencia que me reconcilia con ella. Es la única razón que admito para no lamentar su existencia. E incluso a veces me asalta la duda de si no será el resto de la película una elaborada fachada para colar esa secuencia. Me refiero, claro, a los famosísimos Elefantes Rosas.

            Desconozco si en el delirium tremens uno ve elefantes rosas correteando (como parece sugerir también una excelente cerveza con ese nombre) o si eso es más propio de drogas alucinógenas, psicotrópicas, estupefacientes o a secas. Un día, si les parece, nos reunimos todos, van probando y yo tomo nota. Pero, sea o no realidad, desde que Dumbo pilló una buena cogorza, sus alucinantes visiones forman parte de la mente colectiva.

            Aunque me gusta toda ella, admito que sus primeros minutos son mis favoritos. Y, siendo incluso más restrictivo, su primer minuto, el desfile propiamente dicho, sólo instrumental, con las trompas elefantiásicas retorciéndose para formar trombones, trompetas o xilófonos. Con amenazadores elefantes delgados y grotescos elefantes obesos, unos enormes, unos enanos, todos inquietantes.

            Pero tampoco se puede despreciar la locura animada, sin pies ni cabeza, de la segunda mitad. Resulta más festiva, también más ridícula. Aunque, con un esfuerzo, pónganse ustedes en situación: viendo esas transformaciones, el extraño baile, los coches y trenes a toda velocidad… no es la manera más tranquilizadora de sobrellevar la borrachera.

            Curiosamente, recuerdo que la letra de la canción tenía un toque aún más siniestro en su versión en español. Por ejemplo, si me equivoco que alguien me corrija, cuando el coro entona los últimos versos, cantando Pink Elephants On Parade, Pink Elephants… Pink Elephants… en mi casa yo escuchaba Las ánimas del terror, las ánimas… las ánimas… O sea que, más que un efecto químico, los elefantes rosas se convertían, literalmente, en enviados infernales. Hasta tiene más gracia.

            De la secuencia que acaban de ver hay varias versiones. Esta pieza se ha usado y parodiado mucho, por su popularidad. Una de las mejores animaciones que he encontrado ha sido esta, con la versión de la Seattle Circus Contraption. La animación es obra de Ritxi Ostáriz, bilbaíno, se titula ¡Viva Calaca! y une a los paquidermos con el Día de los Muertos. Que no está mal.

            Y dicen que el rosa es un color para niñitas pequeñas… ya, ya.

       

enero 4, 2011

Los Reyes Malditos

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:10 pm
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            Un compañero de fatigas y whisky me ha advertido hace poco que Histórica Zeta ha reeditado en España la saga de Los Reyes Malditos, de Maurice Druon. Es una buena noticia para ustedes, porque podrán hacerse con ella a precios asequibles. Yo tengo más suerte. Gracias a la amabilidad del padre de otro viejo compañero de fatigas (y sí, también de whisky) he leído los seis libros y me consta que puedo disponer de ellos con facilidad. Así se ve que, aunque ser un tanto misántropo (o sociópata) es respetable, tampoco conviene ir por la vida sin una red de contactos.

            Seguramente los cerebros de Histórica Zeta, viendo que estamos en una especie de orgía de novelas históricas, vieron la oportunidad. Hicieron bien. Es agradable encontrarse buenas novelas históricas entre tanta basura.

            Y es que a día de hoy, cuando me paso por una biblioteca o una librería, la sección de novela histórica es para mí una dura prueba. Escarmentado por varias experiencias desagradables, ya no sé qué autores desconocidos pueden ser leíbles. Habitualmente leo algunos párrafos al azar para hacerme una idea. Pero sé bien que es una prueba demasiado endeble. Así que igual estoy dejando pasar a gente de talento por culpa de una legión de incompetentes. Pero es que son verdaderamente legión.

            Por eso fue tan interesante leer los libros de Druon. Dejemos las cosas bien claras desde el principio. Druon no es un monstruo literario. Su obra no está entre las veinte mejor escritas que haya leído. No es un artista. Es un magnífico artesano. No hay en ello estigma alguno. Los grandes artesanos son tan escasos como los grandes artistas.

            Los seis libros (El Rey de Hierro, La Reina estrangulada, Los venenos de la corona, La Ley de los Varones, La Loba de Francia  y La Flor de Lis y el León) abarcan desde los últimos años de Felipe IV el Hermoso a los inicios de la Guerra de los Cien años. Como casi cualquier período histórico no tiene ni un principio ni un final absolutos, Druon nos mete en medio de la acción y nos saca también de ella mientras aún está en plena ebullición.

            El comienzo de la saga asegura la atención: los primeros capítulos narran la ejecución del Gran Maestre de los Caballeros Templarios y la maldición que lanzó, desde la hoguera, contra sus enemigos. La pugna entre Felipe el Hermoso, el Papa y los Templarios daría para unas cuantas precuelas dignas. Pero desengáñense los buscadores de mitos. Druon no se deja llevar por tentaciones y narra sencillamente el fin de un combate por la supremacía política y económica. No voy a entrar hora en debates entre la Historia oficial, las oficiosas, las teorías alternativas con más o menos pruebas y las simples bobadas de novelas al peso. Eso sí, estos primeros capítulos son de lo mejor de la saga.

            Druon juega en todo momento con varias barajas. Dependiendo del momento, su narrativa es genuinamente novelesca, permitiéndose ciertas licencias (después de todo, es imposible saber qué le susurraba un monarca a su amante en plena noche), o bien más propia de un ágil ensayo histórico, con sus correspondientes notas. En un par de páginas pueden exponérsenos el transcurso de un lustro, con sus transformaciones sociales, o el paso de una hora en la intimidad de un aposento.

            La preocupación del autor por equilibrar el dramatismo y el rigor es obvia. Todos y cada uno de los personajes que aparecen existieron. Cada volumen se cierra con un exhaustivo índice biográfico. Tal vez no queriendo imponerse a los protagonistas, Druon no nos permite indagar mucho en sus mentes. Las descripciones psicológicas son concisas, aunque agudas. Son las acciones y las palabras las que los definen. Y aun cuando puede uno dudar si lo narrado aconteció exactamente como se nos narra (algo posible, aunque difícil de probar), nunca le abandona a uno la sensación de que ese equilibrio que antes mencionaba apenas se tambalea.

            No voy a hacer un resumen de las tramas y subtramas. Siendo esquemáticos, hay tres grandes corrientes en estas novelas-ríos. Primera, la lucha por el trono de Francia entre los herederos de Felipe IV y entre los herederos de sus herederos, cada cual apoyado por facciones diferentes. Segunda, la malograda relación entre el joven Guccio Baglioni y Marie de Cressay. Tercera, el duelo entre Robert de Artois y su tía Mahaut por el control del condado de Artois. Por supuesto, las corrientes se mezclan y los acontecimientos de unas influyen poderosamente en las otras.

            Aun cuando en las páginas de Druon pululan multitud de individuos, hay algunos que destacan. El propio rey Felipe IV, inteligente e implacable, con su bello rostro y su grandes ojos helados. Su ambicioso hermano Charles de Valois. El astuto banquero Tolomei, tío de Guccio. Juan XXII, un pontífice contradictorio, gran sabio y verdadero animal político.

            Pero, como confiesa el mismo Druon, es Robert de Artois quien domina el panorama con su altura portentosa. Este gigante, siempre vestido de rojo, atraviesa las novelas como un torbellino. Obsesionado por lograr el condado de sus ancestros, pone en marcha acontecimientos que provocarán el ascenso y caída de muchos reyes y altos señores. Tan pasional como astuto, valiente, obstinado, cruel, un ogro con todas las de la ley. Sólo por algunas escenas, como su rendición ante el futuro Felipe V, o sus intrigas en la corte inglesa de Eduardo III, ya merece la pena leer estos libros.

            Yo, qué quieren, tengo la vaga sospecha de que George R. R. Martin se hizo con Los Reyes Malditos y se dijo “¿Y si cambio París por Desembarco del Rey?”

Imágenes: Maurice Druon; estatua de Robert de Artois, en Versalles

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