Con un vaso de whisky

diciembre 27, 2010

Balada triste de trompeta

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 7:34 pm
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            La cosa no empieza mal. Las primeras escenas, en un circo sombrío, mientras la aviación bombardea, con la irrupción de un brutal coronel republicano en busca de nuevos reclutas y el choque entre esos mismos reclutas y las tropas nacionales de otro coronel brutal, tienen vigor, tienen fuerza. Y, sobre todo, los sombríos títulos de crédito, con los tambores retumbantes. Lo lamentamos, pero eso es lo mejor de la película.

            Quedan aún ciertas secuencias, como fogonazos de calidad. La persecución por las alcantarillas, que parece un homenaje a El tercer hombre. El nacimiento del Payaso Triste, automutilándose. O la ultimísima escena, con los dos adversarios encerrados en el mismo furgón, riendo y llorando atrozmente.

            Eso es lo que más me irrita. Que podría haber sido una buena película. Incluso una gran película. Pero no lo es. Resulta mediocre. Aburrida. El guión, sin ser extraordinario, tiene ideas interesantes. Podemos discutir si la cosa hubiera sido mejor ambientándose completamente durante la Guerra Civil, en lugar de pasar a la Transición. Es muy opinable.

            La estructura busca una vorágine de caos destructivo. Nada tengo yo en contra de tales vorágines. Todo lo contrario. De hecho, saber que se buscaba fue la razón principal para que me decidiera a verla. Y Alex de la Iglesia es un buen director.

            ¿Entonces? Muy sencillo. Los actores. Son pésimos. Todos. Salvando algún terciario que sale menos de dos minutos, como Luis Varela, quien me resultó casi una aparición mística tras lo que llevaba aguantando. ¡Mira, estuve a punto de decirle a un amigo que tenía al lado, un actor de verdad!

            Hay guiones u obras tan grandes que ni los peores actores pueden destrozarlas del todo. Uno se evade de la actuación y, con dolor, se centra en el texto. Hay actores tan enormes que, incluso diciendo las mayores estupideces, no logran ocultar del todo su talento. Pero el de Balada triste de trompeta no pertenece a la casta de guiones inmortales. Y sus actores, como ya he dicho, son espantosos.

            Unos buenos actores hubieran levantado la película. Los que sufrí, la hunden sin remisión. Empezando por el trío protagonista. Carlos Areces sólo me convenció en su transformación siniestra, durante un breve rato. Luego, cuando se le exigía interpretar y no poner sencillamente cara de loco, volvió a fracasar. Antonio de la Torre es cansino desde su primera aparición. Y en cuanto a Carolina Bang, aunque esperaba sus apariciones, mientras estuviera callada, no era, precisamente, por sus dotes artísticas. Los secundarios, la trouppe circense, dan vergüenza ajena.

            Este es el panorama. Cuando intentan ser trágicos, resultan patéticos. Cuando quieren ser grotescos, ridículos. Cuando humanos, aburridos. No sé qué habrán visto los críticos de la prensa que yo no vi. O cómo no vieron lo que yo vi. Misterios.

             Qué quieren que les diga. Otro amigo y yo comentábamos hace poco que la película hubiera ganado con Joaquín Reyes como Payaso Tonto, Ernesto Sevilla como Payaso Triste, el padre de Ernesto Sevilla como padre del Payaso Triste, Raúl Cimas como director del circo, Julián López como coronel franquista y el propio Carlos Areces como la Rubia. Dónde va a parar.

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diciembre 20, 2010

Villancicos y Primigenios

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 7:16 pm
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         En lo que a folklore se refiere (y uso el término de modo muy amplio) en cuestiones navideñas soy también anglófilo. Sí, es verdad que cuando empiezan a poner lucecitas a principios de noviembre, mascullo “Humbug!” más de lo habitual. Pero es que gruñir “Humbug!” es parte de ese folklore navideño.

            Tras leer tantas novelas y tantos cuentos británicos, ver tantas películas y series anglosajonas, tras años de observar a los súbditos de Su Graciosa Majestad (y de sus viejas colonias) ridiculizar, ensalzar, analizar, retorcer, reinterpretar o mostrar sus tópicos navideños, ¿qué quieren? Les he cogido cariño.

            Por eso, obras maestras de la pintura aparte, a mí me gustan más los árboles de navidad que los belenes. Admito que Santa Claus tiene poco que hacer frente a los Reyes Magos (podría llamarlos los sabios de Oriente, pero aquí no hablamos de estudios bíblicos). Cierto que la culpa la tienen los tipejos de Coca-Cola, porque antes Santa Claus, o San Nicolás, andaba por ahí con una hopalanda verde que le daba un digno aire de hechicero benévolo. Por otra parte, ver al señor Oogie-Boogie burlándose del viejo de rojo en esa gran película de animación, Pesadilla antes de Navidad, que NO es de Tim Burton, tiene gracia.

            Mis preferencias alcanzan a los villancicos. No es que sea un gran admirador de ellos. Mentiría si dijera que los escucho habitualmente. Ahora, me gustan más los ingleses que los españoles. Mucho más. Incluso me gustan más las versiones inglesas de villancicos no ingleses. Stille Nacht es un ejemplo de libro. Un buen coro en alemán es magnífico. Pero, qué le voy a hacer, uno en inglés le gana en mi mente. La única excepción a la regla es Adeste Fideles. Ahí soy intransigente: sólo admito la versión en latín. Porque el latín es cosa seria.

            ¡No me irán ustedes a comparar las múltiples versiones del grandioso Good King Wenceslas con, por ejemplo, La Marimorena! ¡Hombre! Busquen, busquen, que merece la pena. O este buen coro del no muy conocido (aquí) The Carol of the Bells. Les dejo la letra en inglés y en español:

Hark! how the bells, sweet silver bells
All seem to say, throw cares away.

Christmas is here, bringing good cheer
To young and old, (meek and the bold)

Ding, dong, ding, dong, that is their song,
With joyful ring, (all caroling)
One seems to hear words of good cheer
From everywhere, (filling the air)

O, how they pound, raising the sound
O’er hill and dale, telling their tale

Gaily they ring, while people sing
Songs of good cheer, christmas is here!

Merry, merry, merry, merry christmas!
Merry, merry, merry, merry christmas!

On, on they send, on without end
Their joyful tone to every home

(Hark! how the bells, sweet silver bells
All seem to say, throw cares away.) Etcétera 

¡Escuchad cómo las campanas, dulces campanas de plata,

Parecen todas decir arrojad vuestras preocupaciones!

La Navidad está aquí, trayendo alegría

A jóvenes y viejos, (a mansos y audaces)

Ding, dong ,ding, dong, es su canción

Con gozoso repicar, (todas cantando villancicos)

Parecen oírse palabras de alegría

Oh, cómo resuenan, alzando el sonido

Por encima de la colina y el valle, contando su historia.

¡Jovialmente repiquetean, mientras la gente canta

Canciones de alegría, la navidad está aquí!

¡Feliz, feliz, feliz, feliz Navidad!

¡Feliz, feliz, feliz, feliz Navidad!

Envían, envían sin fin

Sus gozosas notas a cada hogar.

(¡Escuchad cómo las campanas, dulces campanas de plata

Parecen todas decir arrojad vuestras preocupaciones!

Etcéreta

 

   

             Con todo, pocos villancicos elevan más mi espíritu que las versiones de la H.P. Lovecraft History Society, a la cual pertenece, si no yerro mucho, The Dagon Tabernacle Choir. Hay en su repertorio interesantes variaciones, como la delicada Silent Night, Blasphemous Night, o las familiares It´s the Most Horrible Time of the Year y All I Want for Solstice is my Sanity.

            Mi favorito, también el primero que escuché, será siempre The Carol f the Old Ones. Escuchen. Y comparen. Igual les suena de algo.

Look to the sky, way up on high
There in the night stars are now right.

Eons have passed: now then at last
Prison walls break, Old Ones awake!

They will return: mankind will learn
New kinds of fear when they are here.

They will reclaim all in their name;
Hopes turn to black when they come back.

Ignorant fools, mankind now rules
Where they ruled then: it’s theirs again
 
Stars brightly burning, boiling and churning
Bode a returning season of doom
Scary scary scary scary solstice
Very very very scary solstice

Up from the sea, from underground
Down from the sky, they’re all around

They will return: mankind will learn
New kinds of fear when they are here
 
Look to the sky, way up on high
There in the night stars are now right.
Eons have passed: now then at last
Prison walls break, Old Ones awake!

Madness will reign, terror and pain
Woes without end where they extend.

Ignorant fools, mankind now rules
Where they ruled then: it’s theirs again
 
Stars brightly burning, boiling and churning
Bode a returning season of doom
Scary scary scary scary solstice
Very very very scary solstice

Up from the sea, from underground
Down from the sky, they’re all around.

Fear

(Look to the sky, way up on high
There in the night stars now are right)

They will return. 

Mirad hacia el cielo, allá en lo altoAllí en la noche las estrellas se alinean¡Eones han pasado, ahora, al finLos muros de la prisión se rompen, los Primigenios despiertan!

Regresarán: la Humanidad aprenderá

Nuevas formas de temor cuando estén aquí.

Reclamarán todo en su nombre.

Las esperanzas palidecerán cuando retornen.

Necios ignorantes, la Humanidad domina ahora

Donde ellos dominaron entonces: es suyo de nuevo.

 Las estrellas, ardiendo brillantes, hirviendo y arremolinándosee

Presagian la vuelta de una era de ruina.

 Aterrador, aterrador, aterrador, aterrador solsticio.

Muy, muy, muy aterrador solsticio.

 Alanzándose desde el mar, desde lo subterráneo,

Descendiendo del cielo, están cerca.

Regresarán: la Humanidad aprenderá

Nuevas formas de temor cuando estén aquí.

 Mirad hacia el cielo, allá en lo alto,

Allí en la noche las estrellas se alinean.

¡Eones han pasado; ahora, al fin,

Los muros de la prisión se rompen, los Primigenios despiertan!

La locura reinará, el terror y el dolor

Las lamentaciones sin fin por donde ellos se extiendan.

Necios ignorantes, la Humanidad domina ahora

Donde ellos dominaron entonces: es suyo de nuevo.

 Las estrellas, ardiendo brillantes, hirviendo y arremolinándose

Presagian el regreso de una era de ruina.

 Aterrador, aterrador, aterrador solsticio

Muy, muy, muy aterrador solsticio.

 Alzándose desde el mar, desde los subterráneo,

Descendiendo del cielo, están cerca.

 

Temed.

 

(Mirad hacia el cielo, allá en lo alto,

allí en la noche las estrellas se alinean)

 

Ellos regresarán.

 

            Cada uno tiene sus preferencias. ¡Feliz Navidad, Cthulhu fhtagn y todas esas cosas!

diciembre 13, 2010

Candados en el puente Milvio

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 11:07 pm
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            Les decía la semana pasada que, al ver crucificada en la prensa la adaptación española de un engendro literario de Federico Moccia, recordé una anécdota de hace unos años. La cual me hizo tanta gracia en su día que escribí sobre ella para no olvidarla. Hoy vuelvo a esas notas.

            El asunto sucedió en Roma, claro. De aquella las noveluchas de Moccia ya tenían cardíacas a media juventud italiana. En una, los tiernos amantes se llegan, parece, hasta el puente Milvio, escriben sus nombres en un candado, lo enganchan en una de las farolas que iluminan la íntima escena y luego arrojan a las aguas del Tíber la llave, declarando así ante una Creación sabiamente indiferente su recíproca, eterna, mágica entrega.

            Pues las parejas romanas, muy originales ellas, imitaron en masa a sus homólogos ficticios. Las pobres farolas sufrieron cientos, miles, de candados, cada uno con sus nombres respectivos. Y lo siguen haciendo, según he leído. Las parejas cambian, la imbecilidad permanece. No me digan que no es reconfortante.

            En un país sensato, civilizado, se cogerían las obras completas del susodicho autor, se quemarían en una plaza (en Roma hay para elegir), se echarían a las llamas purificadoras toda esa chatarra noña y con el hierro fundido se aprisionaría al escribidor -vivo, por supuesto-, dejándolo como objeto de escarnio y advertencia para otros vomitadores de novelas al peso. Claro que, con todas esas tonterías sobre los derechos humanos, el amor al prójimo, la otredad, el mutuo respeto, me temo que no va a ser posible.

            ¡Ah, pero es que no acababa ahí la cosa! El encargado de los bienes culturales del Ayuntamiento (lo escribo en minúsculas porque no sé el título oficial) advirtió que los faroles empezaban a resentirse por el peso que le había echado encima la muchachada y que el puente, con unos siglos a sus espaldas, corría riesgo de sufrir desperfectos.

            La coalición de izquierdas que, con Prodi a la cabeza, trataba de gobernar Italia, entre ataques externos y apuñalamientos internos (¿lo recuerdan?), cursó una solicitud para salvar el puente; y el Ayuntamiento de Roma, cosa asombrosa, accedió a ello, ordenando que se retirasen los candados. Ahora bien, para evitar que una turba de fogosos amantes asaltase el consistorio y linchara al alcalde, también se decidió instalar unas estructuras metálicas donde colgar estos oxidados símbolos de amor.

            Cuando parecía que la tontería no podía llegar más lejos, entra en escena la oposición. La coalición de derechas, que veía muchos años de gobierno a su alcance (y no se equivocaba), alzó la voz en defensa de la hermosa tradición, rechazando la petición de sus adversarios. El argumento: semejante medida constituía un ataque al amor.

            En aquellos (y estos, supongo) tiempos llenos de odio, crispación, guerras, muerte, angustia, el puente de los candados era un fanal, una antorcha de fuego divino, un haz de luz pura capaz de otorgar, cual llama prometeica, un poco de esperanza a la desdichada raza humana. Por ello, la decisión del Ayuntamiento, acatando la petición izquierdosa, no era sino un martillazo más que clavaba la tapa del ataúd en cuyo fondo se retuercen, condenados en vida, los sentimientos más hondos del alma.

            Pensé entonces que la tan fogosa Casa de las Libertades (luego Pueblo de la Libertad, lo cual suena incluso mejor) hacía eso con fines turísticos. Después de todo, existe entre Roma y París una competición en la mente colectiva por el título de Ciudad del Amor. Hasta ahora, la capital francesa se mantiene en el trono, pero la Ciudad Eterna no se rinde y ansía llamarse un día Ciudad del Amor Eterno. Si lo logra, puede que los viejos senadores, emperadores y papas se levanten de sus sepulcros y abandonen, en señal de protesta, la urbe.

            No recuerdo cómo acabó el asunto del puente Milvio. Aunque sí que la anécdota reafirmó mi fe en el señor Oscar Wilde, quien dijo en su día: A veces pienso que Dios creando al hombre sobreestimó un poco su habilidad.

            Que las novelas esas fueran y sean éxito de ventas no es nada nuevo. Después de todo, Ken Follet, Tom Clancy, Dan Brown y Paulo Cohelo viven de sus escritos. ¿Sería preferible que sus lectores no leyeran nada? Difícil pregunta. Si fuera una persona esperanzada, respondería que igual alguno da el salto hacia la literatura, mientras que si no supieran ni la forma de un libro, la conversión sería más complicada.

            Que tantos y tantos jóvenes se hayan apuntado a lo de los candados, demuestra, de nuevo, la urgencia de un sufragio censitario. En Italia el voto es un deber; pues que sea un deber estar en posesión de una cabeza más o menos pensante. Me propongo voluntario para formar un Consejo de Sabios que seleccionen a los dignos del sufragio, tanto activo como pasivo.

            Que la clase política llevase a su terreno el asunto, despierta perniciosas veleidades totalitarias en mí. ¿Hay alguien que crea vislumbrar malicia demagógica tras el discurso de la oposición? No llega a ese nivel. Hay mezquindad demagógica, desde luego, pero ni una pizca de maldad auténtica, de maquiavelismo, de intriga bizantina como Dios manda. Esto fue ridículo y los grandes demonios de la política debían (deben) estar pidiendo a gritos permiso para salir del Infierno y recuperar las riendas de los Estados. ¿Para esto conspiraron tanto y tan bien?

            Los señores que, en nombre del amor, rechazan salvar un monumento histórico, eran, supongo que son aún, legisladores. Legisladores. Los que dan la ley. Esa gente y la gente del Poder Ejecutivo, de la misma especie, decide qué es delito y qué no y con qué pena se castiga. Dispone el funcionamiento de la Administración, de la escuela pública, de la sanidad. Determina qué hacer con el patrimonio histórico, artístico, científico. Decide en qué se gasta el dinero público.

            Y esa alianza de derechas que, gracias al poder económico y mediático de su jefe y a la inutilidad endémica de la izquierda, alcanzó el poder, puso a ese jefe, señor Berlusconi, en el sillón de Gobierno. Del Gobierno más estable que ha tenido la República de Italia en mucho tiempo (no es esta la menor de las bromas), aun cuando ahora mismo parece que las doscientas vidas políticas de don Silvio se le están agotando a enorme velocidad.

            Los mismos políticos, los mismos lectores, el mismo escritor. Seguimos igual. Viva y bravo, que dirían Monteys y Fontdevilla.

diciembre 7, 2010

¿Por qué no?

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:56 pm
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            El estreno de cine español más comentado estos días, normalmente para masacrarlo (cosa de la cual me alegro mucho) es un cursilada basada en una novela de un escritorzuelo italiano. De Federico Moccia, si les parece, me encargaré la semana que viene. Porque leer su nombre en los periódicos me hizo recordar una anécdota que ocurrió hace unos años y, se lo aseguro, no tiene desperdicio.

            Pero, en fin, la película esta, como muchos otros estrenos, me provocó una pregunta. Algo que los anglosajones, en ambos lados del Atlántico, hacen como nadie es sacar partido de su dramaturgos. La cantidad de adaptaciones (magistrales, buenas, regulares y espantosas) de obras de teatro es ingente. No sólo de autores propios, aunque en su mayoría así sea.

            Ya, ya, dirán ustedes. Menudo mérito, teniendo a Shakespeare. Pues como poco son conscientes de tenerlo. Y no se limitan a él, ni mucho menos. ¿Hay que recordar La soga, Testigo de cargo, La gata sobre el tejado de zinc, ¿Quién teme a Virginia Wolf y tantas otras?

            ¿Por qué en España no lo hacemos? ¿Por qué, teniendo dramaturgos geniales y compañías de teatro que, casi de forma heroica, se empeñan en seguir en la brecha? ¿Por qué los productores y directores no se atreven, salvo raras excepciones, a adaptar a Calderón o a Lope de Vega al cine? ¿Por qué no hay ningún cómico inteligente que ponga los Esperpentos de Valle-Inclán en las salas?

            ¿Y por qué tenemos tan injustamente olvidado a ese prolífico, irónico, inteligentísimo escritor que es Antonio Buero Vallejo (en la imagen)? Un director podría dedicar media carrera a utilizar su obra y, como lo hiciera bien, se merecería el aplauso unánime.

            Dejando a un lado Historia de una escalera, que siempre me rechinó un poco por ser la más comentada, citada y recomendada (sé que ahora soy yo el injusto), ¡cuánto hay para aprovechar! La Fundación me parece uno de los thrillers psicológicos y filosóficos más angustiosos que haya leído. He visto pocos dramas de nuestros cineastas que le lleguen a la altura del tobillo a El tragaluz. Lo mismo podría decir de En la ardiente oscuridad o de El concierto de San Ovidio.

            Como tengo debilidad por las películas de época (aunque el término me parezca bastante absurdo; casi todas las películas son de alguna época), me encantaría ver en la pantalla las piezas que don Antonio dedicó a dos grandes pintores, Velázquez y Goya. Las Meninas une estupendamente las intrigas palaciegas, la relación entre el Poder y el Arte, la censura, la amistad y los celos. En cuanto a El sueño de la razón, siempre me ha parecido terreno abonado para el cine. Puede hacerse una auténtica pesadilla con esas páginas, donde no se sabe qué es más terrible: las visiones enfebrecidas del pintor o la cruda realidad. Igual que en la demoledora La detonación, en la cual nos metemos en la cabeza de Larra los instantes antes de su suicidio.

            Pero no se hace. Igual los productores creen que no será buen negocio. O igual ni directores ni actores se atreven. Lástima.

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