Con un vaso de whisky

septiembre 10, 2012

Pero eso es otra historia

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:40 pm
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            Uno de mis lugares inexistentes favoritos es el París de Irma la Dulce. Ese pequeño barrio levantado de la nada, un decorado precioso, francés irreal… Debe ser una sensación un tanto deprimente viajar al auténtico París y comprobar de primera mano que no está, que no es. Así que volveremos a la película, buscando consuelo.

            Billy Wilder es uno de los Enormes del Cine. Se metió con maestría tanto en el drama como en la comedia, mezclándolos con la habilidad de un alquimista cuando lo consideró oportuno. Aunque no es mi predilecta, Irma la Dulce es una de sus obras cómicas mayúsculas. Vean esta primera parte (si quien hubiera troceado la película lo hubiera hecho con un poco más de sentido común, tendría un minuto y medio más):

            Empieza ya con fuerza, con una breve escena muda (Wilder y su colega I.A.L. Diamond sabían usar los diálogos y los silencios como nadie), en la que un cliente está seleccionando chica. Y se queda con Shirley Maclaine, o sea, con Irma. Otras consideraciones aparte, ¿quién podría criticarle por eso? Maclaine nunca ha estado más guapa en una película, ni siquiera en El apartamento, y eso es mucho decir. Los créditos de inicio intercalan pequeños diálogos donde la astuta Irma sangra a sus clientes, explotando su hipocresía, su sentido de culpabilidad.

            Y luego, la presentación del barrio, de sus habitantes y de su lógica. Es una secuencia en la que, además de entrarme siempre un hambre terrible, me olvido por unos minutos que ese París ni existe ni probablemente existió nunca. Se remata con una de las mejores frases de la comedia, una vez que el Orden Universal e Inmutable de las Cosas ha quedado establecido por el narrador: “Y, entonces, un día, el desastre: ¡un policía honrado!” ¡Nestor Patou entra en escena, Jack Lemmon con todos ustedes!

            Lemmon y Maclaine cargan sobre ellos buena parte del peso de la película. Son ambos dos actores soberbios. Irma cambia poco a lo largo de la película, y eso está bien, porque es encantadora, fuerte y divertida desde el principio; Nestor pasa de gendarme pazguato y envarado a chulo respetado, seguro de sí mismo y emparejado con Irma, hasta convertirse en amante celoso… con celos de un falso cliente que él mismo ha inventado, el estupendo Lord X, la mayor amalgama de tópicos británicos ridículos jamás vista en una pantalla.

            Esto es una comedia, no un tratado de sociología, pero la relación de los chulos y sus putas, en especial la de Nestor e Irma, es más sarcástica de lo que parece a primera vista. Los chulos tienen a las chicas en una mano, y las tratan en ocasiones con brutalidad (en especial Hypolitte, el tipo más flojo de la película), mientras reciben buena parte del dinero. Pero que el chulo vista bien o mal, con anillos de brillantes, corbatas de seda, tenga un buen coche y una buena casa… todo eso depende de su puta, que es la proveedora. Y si lo consigue, ella está orgullosa, porque cumple con lo que se espera de ella. Cuando Nestor sugiere que podría buscar un trabajo, Irma rompe a llorar, humillada. La mujer mantiene a su hombre y no quiere oír hablar de un hombre trabajador. ¿No les parece que ese esquema se parece al del matrimonio durante muchas generaciones, con un pequeño cambio? Al final, Nestor será el proveedor de Irma en su nueva vida, pero no habrá muchos más cambios en su relación.

            Si alguien se escandaliza ante la sugerencia de una comparación entre la prostitución y el matrimonio, debería irse a tomar una copa donde Moustache, a charlar un poco con él. Es el gran secundario de la película, y uno de los mejores de Wilder y Diamond. Es también un personaje que me produce sentimientos encontrados. Lou Jacobi hace un trabajo fenomenal con él… pero es que Charles Laugthon lo hubiera interpretado si la Muerte no se hubiese entrometido. Y Laugthon… Laugthon es sagrado.

            Pero, en fin, melancolías mías aparte, Moustache es uno de los más divertidos personajes de la obra, a quien se le reservan diálogos estupendos y soliloquios redondos. Quizás el mejor de ellos sea el primero que pronuncia, exponiendo ante un estupefacto Patou la importancia de la prostitución para el tejido socioeconómico. Ah, sus continuas referencias a sus oficios pasados son cada vez más fantásticas, finalizando con el inevitable “pero eso es otra historia”… Cada uno opinará lo que quiera, pero yo prefiero creer que Moustache tuvo todas esas vidas.

            El guión funciona como una máquina: acelera al principio, pero no alcanza su verdadera velocidad hasta la mitad de la película. Es entonces cuando los distintos gags y escenas han puesto cada cosa en su sitio y todo se une al servicio de la historia de amor desesperado de Nestor hacia Irma. Patou no soporta que su adorada Irma esté con otros hombres, inventa un cliente rico que jamás le pondrá un dedo encima y, para poder pagar a Irma, se desloma en secreto trabajando en todos los puestos que puede, logrando así alejarse cada vez más y más de ella, quien ve con mejores ojos a día que pasa al bonachón lord X. Hasta que Nestor termina planificando la muerte de su propio personaje e investigado por la policía por su desaparición.

            Sin muchas dificultades podría convertirse este absurdo genial en una comedia negrísima, terrible. Siempre me he preguntado cómo resultaría. Wilder podía haber logrado sin dificultades transformar la amable y disparatada comedia inicial en una broma macabra. No lo hizo. La película deja una sonrisa alegre en el espectador durante sus buenos diez minutos después de haber terminado; el humor no destructivo reina de principio a fin, en uno de los finales más desconcertantes del gran Billy.

            Siempre nos quedará este París, aunque no exista.

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