Con un vaso de whisky

marzo 13, 2018

“Collateral” se acerca y falla

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 5:36 pm
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    En el último episodio de esta miniserie, de la cual es protagonista, la Detective Inspectora Kip Glaspie llama a su marido. “¿Has resuelto el caso?”, le pregunta él. “He estado cerca”, le responde ella (más o menos, cito y traduzco de memoria). “Collateral”, como Glaspie, se queda cerca. Pero no resuelve su caso. E incluso diría que está más lejos que su personaje principal.

    “Collateral” es una miniserie compuesta de cuatro episodios, con una premisa relativamente atractiva: un motorista de una pizzería es asesinado a balazos luego de hacer una entrega. La policía investiga un crimen que huele a emboscada profesional. Había las bases para una buena historia negra. Cuando vi el trailer, intuí que podía encontrarme con una pariente lejana de “The Shadow Line”, la obra maestra de Hugo Blick.

    Sin embargo, leí que Alan Sepinwall (el Grande) consideraba que “Collateral” trataba (sin éxito) de aproximarse a la obra maestra de David Simon y Ed Burns (entre otros), “The Wire”. Esto me chocó. Aunque recordé que, en su día, ya había leído críticas que comparaban esas dos grandes series de televisión, considerando a la británica una respuesta a la estadounidense; análisis que me parece una tontería y que no entiendo cómo puede hacer alguien que haya visto ambas maravillas. Ahora estaba más intrigado que antes.

    Pues bien (no habrá spoilers concretos, pero sí puede haber alguna pista vaga), creo que el principal problema de “Collateral” es que anda entre los dos polos. A ratos, trata de ser una suerte de “The Wire” de un pequeño barrio londinense. A ratos, trata de construir un tenebroso thriller, como los que Hugo Blick urde tan magistralmente. El resultado es que no llega a ninguna parte.

   “The Wire” nos metía en medio de la ciudad de Baltimore y nos permitía ser visitantes durante cinco años, en los que intuíamos partes de vida de sus habitantes. Historias personales se entrecruzaban con crímenes e investigaciones policiales, intrigas políticas con anécdotas y rutinas. Y Temas, con mayúscula, como la marginalidad, la pobreza, la educación, la responsabilidad de la prensa, la corrupción de las instituciones y la delincuencia formaban los pilares de una tragedia griega en Estados Unidos. Incluso con un Griego que no era. “The Shadow Line”, por contra, presentaba una serie de personajes y proponía una historia lineal, con introducción, nudo y desenlace. Personajes espléndidos, trama retorcida, ritmo implacable y un Villano apoteósico.

   “Collateral” es un batiburrillo de lo anterior. Presenta una historia lineal, con introducción, nudo y desenlace, a la cual trata de atar Temas no menos merecedores de mayúscula como la xenofobia, la inmigración, el amor, el deber y la fe. Pero no cuaja. El estudio social estorba a la trama. Los personajes no respiran ni se desarrollan. El maniqueísmo es marcado (de acuerdo que es difícil no ser maniqueo cuando hay una organización criminal turbia metida en danza, pero justo eso se lograba en “The Wire”, que negaba atribuir la bondad o la maldad por el lado de la ley en que se estuviera y, en “The Shadow Line”, el personaje de Christopher Ecclestone era uno de los que más compasión inspiraban, por muy narcotraficante que fuera). Y el final, con un éxito muy relativo para los “buenos”, aunque decente, sabe a poco porque, francamente, nos da un poco igual tanto la vida de los personajes como la resolución del caso.

   El ritmo en general es correcto y la dirección aceptable, aunque sin destacar y con ciertas secuencias que podrían haber sido más austeras, acorde con el tono que la serie trataba de alcanzar. Hay, por cierto, una total carencia de humor. Esto es extraño, porque un británico tiene el sentido del humor activado por defecto, aunque sea una variedad cruel, calculadora y defensiva. Esto también separa mucho a la serie de las dos piedras de toque que antes he mencionado. Las escenas eminentemente graciosas o irónicas en “The Wire” son numerosas y en “The Shadow Line”, además del humor sarcástico de varios personajes hay una macabra ironía glacial de la propia serie que la recorre de punta a punta. En “Collateral” todo el mundo es más tieso que una escoba.

   La investigación policial puede ser lo más interesante de la serie. Carey Mulligan me gustó como la impasible DI Glaspie, el personaje más complejo, ex atleta fracasada, ex maestra y ahora policía perspicaz y compasiva. Mulligan logra interpretar a un personaje controlado sin convertirlo en un monigote de palo gracias a determinadas escenas, con un brillo en los ojos o un rictus de la boca. Y también en esta trama la capitán Sandrine Shaw es un personaje relativamente complejo, otra mujer profesional, controlada, con lava palpitante de rabia, frustración, angustia y ansias de cumplir lo que entiende es su obligación bajo un caparazón casi irrompible. Jeany Spark lleva su papel a cabo con dignidad.

   Lástima que no se les haya dado más espacio para desarrollarse. El resto de personajes de esta parte de la serie a su alrededor son nulidades: los compañeros o superiores de Glaspie no llegan al nivel ni de recurso narrativo, salvo el Detective Sargento Nathan Bilk, que es justo eso, un recurso y bastante cansino; las hermanas del asesinado podrían haber tenido interés, si su estancia en el centro de reclusión para inmigrantes hubiera ocupado más tiempo. Sin embargo, esta parte, que parecía llamada a tirar hacia el polo “The Wire”, se subordinó a la parte policíaca y sirvió sólo para avanzar la trama y de un modo algo perezoso. El desagradable agente del MI5 Sam Spence podría haber sido una especie de antagonista ambiguo para Glaspie, una fría razón de Estado con tintes racistas, pero quedó en un arquetipo sin excesivo interés. Igual que el viscoso y repelente superior de Sandrine.

   Si los cuatro episodios se hubieran dedicado en exclusiva al thriller, se habría logrado algo notable. Habría habido tiempo para desarrollar tramas y personajes, para explicar los porqués de cada uno y para que la investigación efectivamente lo fuera: policías investigando, servicios de inteligencia maquinando, criminales organizados cubriendo sus huellas. En vez de eso, ni logramos conocer bien a ninguno de los protagonistas o antagonistas, ni se nos ofrecen escenas sabrosas, ni se resuelve el caso de modo convincente, sino más bien con un atajo en el último episodio que me dejó con un “Ah, ¿así descubren lo que ha ocurrido, en serio?”. Por lo menos no es un triunfo del Bien contra el Mal, que mande al carajo el tono que se pretendía realista.

   Y si no se da tiempo el thriller es por que se mete la cuestión social. Ojo, que no tiene por qué ser algo malo. Volvamos a “The Wire”: ahí hay sociología, economía, filosofía y política de primer orden. Y las tramas no sólo no quedan lastradas, sino que se realzan gracias a ello. Aquí, pues no.

   Toda la subtrama del Miembro del Parlamento laborista David Mars (John Simm) y de su ex mujer Karen (Billie Piper) es insufrible. Trataban, sospecho, de introducir aquí el debate sobre inmigración, derechos humanos y xenofobia en la sociedad británica además de dar una patada en a espinilla los laboristas. Bueno, podía haber estado bien. Pero no lo está. Las escenas son aburridas y sin sentido. No ayudan al avance de la trama principal, no nos interesa como trama secundaria, los personajes son tediosos (una pena, los actores sí son buenos) y desde luego los diálogos políticos no son dignos ni de “El Ala Oeste” ni de “Yes, Minister”.

   Algo parecido ocurre con la historia de la pastor Jane Oliver. Una sacerdote anglicana honesta y dedicada a su parroquia, abiertamente lesbiana, a la que el asesinato pone patas arriba la vida. Este personaje me gustó más que los otros y Nicola Walker es también una respetale actriz. Pero todo lo que hay alrededor queda cojo.

   Si la idea de la miniserie hubiera sido explorar cómo un acto de violencia afecta las vida de la gente a su alrededor (de ahí una posible explicación del título), podría haber sido de interés. Si hubiera querido centrarse en exclusiva en los aspectos sociales y políticos que se sacasen a la luz por causa del asesinato, también. Si hubiese querido limitarse a una serie policíaca, con cierto tinte social, hubiera sido correcto. Pero saber mezclar todos los elementos anteriores exige más talento, más habilidad y seguramente más episodios que estos cuatro, aceptables, fallidos y olvidables capítulos.

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