Con un vaso de whisky

diciembre 11, 2015

No diga Jessica Jones, diga Kilgrave

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:01 am
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            “Jessica Jones” es una de las series del momento. Le están lloviendo los halagos, tanto de aquellos que conocían previamente a los personajes del universo de Marvel como de los que no. Hay incluso quien le han dado la medalla de Serie del Año. O quien la coloca por encima de la segunda temporada de “Fargo” (si es que a “Fargo” se le puede aplicar la división tradicional por temporadas). Aquí es donde alzo una ceja, carraspeo un poco y señalo, si ustedes me disculpan, que calma y que un solo episodio de la presente temporada de “Fargo” gana por goleada a Miss Jones y sus desventuras. Y, ojo, que no es una mala serie. Pero tampoco es una gran serie.

Marvels-Jessica-Jones

            Si la comparamos con otras basadas en los comics de Marvel (reduccionismo injusto, por otra parte), “Jessica Jones” supera sin sudores a la muy irregular y, en bastantes ocasiones, mediocre “Agents of S.H.I.E.L.D.”. En cambio, bajo cualquier lente que usemos (dirección, fotografía, guion, actores- esto con ciertos matices) queda por debajo de esa espléndida sorpresa que supuso “Daredevil”, de la que ya hablamos aquí. Es digna; no esperen una obra mayor.

            Así que, para aquellos que no la han visto y quieren una recomendación general, concretemos. ¿Merece verse? Si les gustan las historias de detectives privados cínicos de corazón de oro tras una tonelada de asfalto, sí. Si no les gustan los procedimentales, sino que prefieren una historia con introducción nudo y desenlace, también; me temía una serie de casos autoconclusivos con una trama general de fondo y me equivoqué por completo. Si quieren ver a un malvado de respeto, adelante. Si no tiene paciencia para una serie que no es capaz de librarse de varios lastres y que va de más a menos… siempre pueden abandonarla cuando ya no les interese.

Krysten-Ritter-and-thug-in-Jessica-Jones

            Porque, en mi opinión, “Jessica Jones” va, en efecto, de más a menos. Y va de más a menos porque se traiciona a mitad de recorrido. Olvida que esta es una historia de dos personajes, uno protagonista y otro antagonista. Olvida que el resto son meros peones en la partida que se traen entre manos la reluctante heroína y el indiscutible villano. Olvida que si estamos prestando atención es por ver a Jessica y a Krysten Ritter, que lleva con gran dignidad su papel. Y que si nos pegamos a la pantalla es porque intuimos que escucharemos la voz de Kilgrave y de David Tennant, quien devora la función por completo.

              La atmósfera de la serie está conseguida, aunque la dirección es discreta, meramente funcional. Ni la banda sonora ni los aspectos formales están cuidados con esmero. También hay ciertos tropiezos de tramas y guiones, atajos cómodos, detalles un tanto chapuceros. Las costuras de la serie se vuelven más evidentes cuanto más avanza.

            El gran error de “Jessica Jones” (a partir de aquí, habrá spoilers, me temo) es empeñarse en convertirse en una serie coral. Y no lo es. “Daredevil”, por volver a un ejemplo antes citado, conseguía integrar a sus diferentes personajes secundarios y hasta terciarios. Karen, Ulrich, Foggy… eran apoyos para Matt, pero podían funcionar de manera autónoma, tenían sus propias relaciones, sus propias escenas, sus propias historias, que los volvían interesantes y daban espesor a la serie como conjunto.

            En “Jessica Jones” eso se intenta, pero no se consigue. Hogarth, la mil veces vista abogada que interpreta Carrie-Anne Moss con su habitual hieratismo, tiene su sentido como trasfondo de Jessica (de algo tiene que vivir una detective privada); no obstante, todo su arco propio es de un aburrimiento extremo y sólo puede entenderse como un recurso de la trama, de una torpeza considerable, para facilitar, en parte al menos, la fuga de Kilgrave de la celda en la que Miss Jones y sus colegas han logrado encerrarlo tras mucho esfuerzo. De igual manera, los vecinos de Jessica, al principio, tenían su gracia: ¡en menudo edificio vive nuestra protagonista, con cucarachas, suciedad y esos tarados todo el día a gritos! No obstante, una vez despachado de modo expeditivo por Kilgrave el repelente hermano, su aún más repelente hermana pierde toda razón de ser y ahí sigue hasta el último episodio, dando la vara. El pobre Malcolm pasa de ser un mero ejemplo de que Jessica tiene su corazoncito para con los desfavorecidos a un títere del enemigo y, después, a una especie de voz de la conciencia social no muy convincente. La única que acepta su papel de mero recurso narrativo, nunca personaje, es Hope, el macguffin de dos terceras partes de la temporada.

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              Hay otros dos personajes secundarios (los anteriores son más bien terciarios) que tampoco son capaces de emanciparse. Luke Cage es uno de los usados de forma más caprichosa. Está a medio camino entre herramienta para la trama y personaje que permita desarrollarse emocionalmente a Jessica. No digo yo que no se pueda ser ambas cosas. Pero si se nota demasiado que en un episodio sirve para una cosa, en otro para otra y, entre medias, desaparece de escena sin que a nadie le preocupe especialmente, señal de que algo falla.

              El caso de Trish es aún más grave, porque su rol es mucho más relevante: el apoyo emocional de Jessica. Sin embargo, el asuntillo de las “hermanas” que son un Ying-Yang con patas no acabó de convencerme. Aparte de que Trish, como personaje por su cuenta, es más aburrido que una patata. ¡No digamos ya cuando la lían con el agente Simpson! Simpson es una metedura de pata épica. Su mera presencia vuelve más estúpido cuanto le rodea. La subtrama de las drogas de combate y su posible relación con los poderes de Jessica aparece de repente, sin pedir permiso, pone sus patazas en la mesa del salón y es un estorbo tal que rellena un episodio entero, el décimo primero, en el que bostecé de continuo y que corta el ritmo, la tensión que intenta enredar al espectador.

Clarke-Peters-and-Krysten-Ritter-in-AKA-Crush-Syndrome

           Un desquite personal. Ya me dirán para qué incluir en la nómina a gentes de tanto talento como Robin Weigert (la grandérrima Calamity Jane de “Deadwood”) o Clarke Peters (el inolvidable Lester Freamon de “The Wire”) para desperdiciarlos de semejante manera. El caso de Peters me dolió particularmente: parecía que le iban a dar cuerda. Anda que no hubiera sido estupendo ver a un experimentado y sagaz policía investigando el caos que rodea a Jessica mientras ésta trata de acabar con el escurridizo Kilgrave. Pues no. A cambio, tenemos a Simpson mascullando sus frases con expresión de buey.

             El naufragio de los secundarios desluce el gran papel de los actores principales. Krysten Ritter es lo segundo mejor de la serie. De terciaria extraña en “Las Chicas Gilmore” a secundaria de cierto peso en “Breaking Bad” y ahora cabeza de la función. De acuerdo que el personaje de Jessica tiene bastante de arquetipo; no obstante, se puede dar vida a un arquetipo, si se posee talento y resulta notorio que esta actriz lo tiene. Jessica encierra un laberinto emocional tras su fachada de granito. Ritter necesita sólo una mirada para mostrar o sugerir la compasión, la rabia o el miedo que anidan en Miss Jones. Nada que objetar a su trabajo.

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          Lo que pasa es que la joya de la corona en esta serie no es la heroína. Es el villano. Porque menudo villano. Admito que no tenía ni idea de quién era Kilgrave, no he leído ni un cómic de “Jessica Jones”. Me habían comentado que este tipo tenía la capacidad de controlar la mente de los demás. Me esperaba, por tanto, un sujeto manipulador, que tira de los hilos, que tiene planes dentro de otros planes. Lo que no me esperaba era un maltratador de manual. Un cabrón posesivo, celopático, egomaníaco, sin asomo de empatía.

          ¡Qué bien presenta a Kilgrave la serie! Tarda cuatro episodios, al menos, en aparecer. Pero desde el primero se nos van dejando caer migas, aperitivos. La cara de puro terror de Jessica cuando comprende (antes que los espectadores) que Kilgrave está en la ciudad nos da la medida del enemigo: habiendo visto quién es Jessica, más dura que el pan de hace un mes, quien sea capaz de asustarla tanto tiene que ser un demonio. Como se demuestra, lo es. Su secuencia de introducción, de espaldas, conquistando el hogar de una familia a la hora de la cena, es brillante. Igual que su escena de mayor poder, creo yo, de toda la serie: su charla Jessica mientras tiene toda una comisaría de policía en la palma de la mano.

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                La cosa está en que este demonio no juega con Jessica como un psicópata lecteriano o jokeruno (por usar dos de las grandes escuelas de psicopatía). Ni lo hace por aburrimiento, ni por goce estético, ni por ansias de caos, ni por el placer de hacer el mal. Tampoco como parte de un gran plan maestro. No. Es un obsesivo infantil (excurso: recuerdo que, en “Drácula”, Van Helsing da ese mismo calificativo a la poderosa mente del Conde) que quiere un juguete concreto. Quiere un juguete que se le ha escapado, el único que ha logrado escapar. Y lo quiere para sí. Y quiere que el juguete lo quiera. Insisto, Kilgrave es, en la serie, un ejemplo estupendo de maltratador en una relación de pareja. Donde otros usan la fuerza física, el chantaje emocional o el poder económico, él usa su habilidad particular. Es el único caso tan puro que recuerdo en televisión.

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                David Tennant hace un papelón. Los que le conocemos de las series británicas sabemos que, si controla un cierto histrionismo, es un actor de primera. Tiene su gracia que quien ha interpretado una de las encarnaciones más amables, compasivas y empáticas del Doctor, en “Doctor Who”, se enfunde en los trajes de un villano tan opuesto al vagabundo Señor del Tiempo. El Kilgrave de Tennant es lo mejor de la serie. Despiadado e inteligente, tiene en jaque a sus enemigos durante toda la temporada. Incluso cuando su poder sobre Jessica desaparece (algo, por cierto, sobre lo que no se nos da una explicación digna de ese nombre), incluso cuando brevemente lo pierde por completo, sigue siendo un oponente de cuidado. Sólo en el último instante logra Jessica superarlo en astucia y sólo porque el personaje está bien construido: su fuerza motriz es su flaqueza y lo mismo que lo volvió un monstruo tiránico para la detective se convierte en su perdición.

             Es Kilgrave quien nos atrapa, quien nos hace seguir viendo episodios, quien no deja de ejercer su influencia irresistible, hipnótica, sobre nosotros. Por Kilgrave seguí viendo la serie más allá de su primera mitad. Sólo por él. Y como Jessica se ha librado de él para siempre, tal vez me haya librado, a mí, de regresar a esa cochambrosa oficina. The Time is free. Para todos.

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1 comentario »

  1. […] de sus personajes tengan nueva vida con series de calidad variada, como “Daredevil” o “Jessica Jones”, que además están logrando bastante fama. Una de las mejores, sin embargo, está pasando […]

    Pingback por The English is coming! | Con un vaso de whisky — marzo 7, 2016 @ 4:11 pm | Responder


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