Con un vaso de whisky

diciembre 3, 2015

Diario nocturno

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:09 pm
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            Existen libros oscuros. Ésta es una afirmación oscura, a la vez, ya que los libros oscuros lo pueden ser por diferentes motivos. En el campo estrictamente literario, dejando a un lado todo aquello que no sea artístico, considero que la oscuridad nos viene por la forma o por el fondo.

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            Puede ser oscuro el libro por la forma, ya que el estilo del autor, su empleo de la lengua, su estructura, lo vuelvan confuso, opaco, extraño. Un poemario de Góngora es tan capaz de proporcionarnos placer como un buen dolor de cabeza, al tratar de desentrañar todas las figuras y juegos retóricos que se ocultan entre su follaje de palabras sobresdrújulas, de endecasílabos y de culteranismo. Claro que el uso y abuso de pompa no es el único modo de volver oscura una obra. Con frases cortas, secas, breves, puede, sin embargo, agarrarse el lector y meterlo en un laberinto maravilloso. Abigarradas o engañosamente simples, estas creaciones no tiene por qué ser amenazadoras. El “Fabuleario”, por ejemplo, es un compendio de nonsenses (de hecho, su título original es The Book of nonsenses)que puede llegar a ser tan frustrante como un rompecabezas e igual de entretenido, en el que hace falta mucha capacidad de absurdo, de humour y un cierto recuerdo de nuestra infancia para poder captarlo. Sin embargo, no hay en él maldad.

            Los libros de fondo oscuros son mucho más inquietantes. Son ventanas a infiernos. Algunos, tal vez, son exorcismos que sus creadores han realizado sobre sí mismos. Exorcismos que pueden ayudar al lector. O, por el contrario, pueden, salvando al escritor, hundir al lector en el abismo del cual ha logrado salir el primero. Un libro oscuro es un riesgo. Que merezca la pena correrlo no quiere decir que no debamos advertirlo.

            Ciertos libros aúnan ambas oscuridades. Son opacos y engañosos, al tiempo que tenebrosos. Juegan con el lector a una carrera de enigmas en cuya respuesta puede estar el espanto. Casi parecen demonios sonrientes, que nos toman de la mano en el descenso, mientras nos plantean acertijos llenos de ingenio. Uno de estos extraños ejemplares es “De la elegancia mientras se duerme”, del Vizconde de Lascano Tegui.

De la elegancia mientras se duerme, del vizconde de Lascano Tegui

            Este diario resulta desconcertante. Al enfrentarse a él, el lector tiene que andar con tiento. ¿Qué es, en verdad? ¿Una novela? ¿Un falso diario que se nos hace pasar por verdadero? Ciertamente, don Emilio, el Vizconde, escribió un relato de ficción. Claro que este aristocrático autor era dado a las ficciones y, para empezar, ni siquiera era vizconde ni tenía en propiedad vizcondado alguno. Lo poco que he leído de su vida me hace desear que alguien se arremangue para escribir una biografía como debe ser de este argentino tan desconocido y, una vez más, oscuro como talentoso.

            Aunque aceptemos que el libro es pura ficción y que su anónimo protagonista no existió nunca, los enigmas continúan. Si lo leen como yo lo leí, de un tirón, en una sola tarde, les puede embargar una especie de vértigo, de fuerza descendente. Muy parecida a la que experimenté al leer, también de una sentada, uno de los libros oscuros por antonomasia, “El corazón de las tinieblas”. Al releer las palabras del escribiente, se nos empiezan a acumular las preguntas.

         ¿Aceptamos sin más lo que nos narra? ¿Podemos confiar en los datos que nos da, sobre su lugar de nacimiento, su infancia, sus encuentros, su deambular? ¿Hay partes que son ciertas, partes que son invención? ¿Cómo distinguirlas? ¿Es todo este diario, esta colección de historias perversas, anécdotas delirantes, exquisitas languideces vacías, tedio vital, una mera broma del anónimo autor o un ventanuco a su mente y a su alma atormentada? Esas reflexiones, esos arrebatos entre el lirismo, la filosofía, la necedad y la locura, ¿salen de la pluma febril de un enfermo o de un esteta burlón? ¿O de ambos? ¿Se trata todo de una invención dentro de una invención, de un relato ficticio que ha de leerse de modo tradicional, con un narrador en primera persona? ¿Cómo puede un hombre de tan baja extracción, con tan pobre educación, con tan sórdida vida adulta como la que nos cuenta el narrador ser, precisamente, este narrador experto en sutilezas, en desdenes y en depravaciones que dejarían a Talleyrand impresionado? ¿Está todo orquestado para nosotros, lectores, investigadores, jueces de lo leído, en especial cuanto más nos acercamos al final?

            Y esta oscuridad formal, este juego de máscaras, ¿qué esconde? ¿Una farsa sin importancia? ¿O una oscuridad tan grande como la que se podría encontrar en los círculos dantescos, en un tabuco infecto al lado del río? ¿Y cuál de estas respuestas es, en verdad, más tenebrosa?

            Caramba con el señor Lascano Tegui, Vizconde. Tal vez nos quiera negar el llegar a ser elegantes al dormir impidiéndonos, durante un tiempo al menos, conciliar el sueño.

lascano tegui

1 comentario »

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