Con un vaso de whisky

septiembre 8, 2015

Ta Ta, Doctor Lecter

            El Príncipe de las Tinieblas es un caballero.

            Edgar, en “El Rey Lear”, William Shakespeare.

            Sé que la cita está sacada de contexto. Pero encajaba demasiado bien como para resistirme. Porque Hannibal Lecter es, sin duda, un caballero. Y, muy probablemente, sea el mayor Príncipe de las Tinieblas que haya pisado la televisión; ¡con la competencia que tiene, esto es decir mucho!

HANNIBAL -- Season: 3 -- Pictured: (l-r) Caroline Dhavernas as Alana Bloom, Laurence Fishburne as Jack Crawford, Mads Mikkelsen as Hannibal Lecter, Gillian Anderson as Bedelia Du Maurier, Hugh Dancy as Will Graham, Tao Okamoto as Chiyoh -- (Photo by: Elisabeth Caren/NBC)

HANNIBAL — Season: 3 — Pictured: (l-r) Caroline Dhavernas as Alana Bloom, Laurence Fishburne as Jack Crawford, Mads Mikkelsen as Hannibal Lecter, Gillian Anderson as Bedelia Du Maurier, Hugh Dancy as Will Graham, Tao Okamoto as Chiyoh — (Photo by: Elisabeth Caren/NBC)

            Tras escribir sobre la primera temporada y saber que habría una tercera después de la segunda, decidí esperar para ver si la obra de Bryan Fuller sobrevivía o no para una cuarta entrega. Por desgracia, no ha sido así. Ya uní en su día mis lamentos a los de muchos fieles de la serie, así que no voy a repetirme, so pena de ser cansino. Ahora que, parece, hemos visto por última vez a Mads Mikkelsen y a Hugh Dancy bailando, puedo dar mi opinión global sobre “Hannibal”, para aquellos que a bien tengan leerla.

            Resumida: es una obra maestra, una de las creaciones más brillantes, perturbadoras, seductoras, sorprendentes y fascinantes que jamás he visto. Ya me he dejado llevar.

            Esta tenebrosa historia ha terminado siendo (aunque ya se veía venir) una auténtica historia de amor. Por supuesto, las historias de amor pueden ser las más tenebrosas. Hay, sin embargo, un cierto placer irónico al aplicar a Lecter y Graham la misma plantilla que hemos visto repetir mil veces en sitcoms y comedias románticas (“comedia romántica”, subgénero no asociado con el Romanticismo), buenas y malas: pareja que se conoce, pareja que se atrae, pareja que pasa por infidelidades, traiciones, confusiones (ya saben, lo habitual: manipular al otro para que se crea loco, hacerle pasar por asesino en serie, tramar recíprocamente la muerte del otro, acostarse con la mujer que la pareja desea, manipular y luego ejecutar a una adolescente con la que el otro tiene un poderoso vínculo emocional, azuzar a un psicópata contra la familia que la otra persona ha logrado formar…), pareja que se rompe para siempre, pareja que se reúne al fin, en una lugar apropiado; ¿y qué lugar más apropiado que al pie de un acantilado?

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            Esto es, que Will y Hannibal son una de las parejas más encantadoras de la televisión, igual que los Macbeth son el mejor matrimonio de todo Shakespeare. Admito que yo tuve mis dudas en la primera temporada, porque suponía que Lecter estaba jugando sin más con Graham. Me equivoqué. O, tal vez, el buen doctor pasó del mero interés intelectual e incluso el aprecio por su joven paciente a tener otro tipo de querencias. No veía yo cómo un ser sin empatía y otro a quien la empatía le chorreaba por las orejas podrían acabar tan vinculados, si no era en una relación totalmente sadomasoquista (y algo de eso hay). Lo admito, Will me sorprendió con sus cada vez más firmes pasos en el sendero de la perdición. La Doctora Du Maurier nos da su explicación (y a ver quién discute a la maravillosa voz de Gillian Anderson): los actos de crueldad extrema necesitan una capacidad de empatía extrema.

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            La delicadeza de Fuller no puede alabarse bastante. ¿Se imaginan lo que alguien menor hubiera hecho con esta relación? En cambio, aquí, los momentos más íntimos de esta pareja se producen de modo indirecto. Y deliciosamente perverso: cenan juntos carne humana, deleitando sus sentidos; asesinan juntos, en una sangrienta danza final, a un tercer asesino.

            Porque esta serie, la más oscura que haya visto, es también la más delicada, la más hermosa, la que hace de la forma casi su prioridad. Éxito absoluto. Todo se cuida. El empleo de la música, banda sonora original cuando toca, piezas celebérrimas cuando es menester, es perfecto (esa pelea monumental entre Crawford y Lecter, al son de la obertura de “La Gazza Ladra”). La fotografía, impecable. El empleo de lo onírico, de manera que hay ocasiones donde no podemos estar seguros de si nos encontramos en el palacio mental de Hannibal, en una de las pesadillas de Will, en la vida real o en todo ello al tiempo, siempre con la inquietante figura del ciervo monstruoso apareciendo cuando menos se le espera. Hay veces en las que lo real es más enloquecido que las más oscuras fantasías del Dragón Rojo: ese cadáver convertido en libélula justifica con su sola presencia la visita de Will a la vieja mansión de Lecter (aunque el falso personaje de Chiyo es uno de los raros tropezones de la serie).

            Esa estética se traslada al espectador. Ustedes me perdonarán, pero ver un capítulo de “Hannibal” resultaba en ocasiones, una experiencia frustrante. No había manera de no sentirse torpe, tonto, mal vestido, poco cultivado y, en fin, despreciable, ante lo que se estaba viendo. No hay quien vista mal, demonios (salvo Will cuando está rodeado de perros). La gracilidad de bailarín de Mikkelsen en cada gesto es envidiable. Al tiempo que uno rumiaba su inferioridad frente a Lecter y su universo, sentía un hambre devoradora. Pocas series (“Los Soprano”, de una manera muy distinta) invitaban más a ser vista durante una comida o cena, aun a riesgo de atragantarse a medio bocado, de la risa, del horror o de ambos.

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            Mientras la serie lograba mejorar como seres estéticos a sus espectadores, se las apañaba para corromper a todos los personajes que por allí pasaban. Vean ustedes a Will, Jack o Alana al principio de la primera temporada y véanlos al final de la tercera. Lecter no deja a nadie indemne. Sólo los personajes mezquinos no se hunden en un abismo moral y mental: el Doctor Chilton y Mason Verger no son más abyectos después de conocer a Lecter. No, en su caso, la degradación es meramente física (con el pobre Chilton se ceban tanto que, pese a lo repelente que es, se puede sentir cierta lástima por él; eso sí, la succión de su labio por Lecter ¿a quién no arranca una sonrisa?). Sin embargo, y aquí está uno de los grandes méritos de la serie, cuanto más corrompidos (o desvelados) por Lecter están estos personajes, más crecen, más interesantes resultan. Porque, vamos a ver: ¿la Doctora Bloom de las dos primeras temporadas resiste la comparación con la maquinadora de la tercera temporada? ¡Pues claro que no! ¡Si hasta le hacen cambiar todo el guardarropa, hasta el punto de ser una émula de Lecter!

            Las cuatro temporadas auténticas que se encierran en la segunda y tercera temporadas oficiales son prueba de la versatilidad de Fuller y sus colaboradores. Pasamos de una serie puramente procedimental en la primera temporada, a un arco hitchockiano en la primera mitad de la segunda (con Will y Chilton como falsos culpables), un oscuro thriller en la segunda mitad, una alucinación perpetua en la primera mitad de la tercera y una historia de asesino en serie canónica que, al tiempo, tejía la resolución de la serie de manera magistral.

            Voy a dedicar un par de líneas a defender la primera mitad de la tercera temporada. He leído por ahí críticas, tildándola de tediosa, lenta, pretenciosa. Ya digo, en estos episodios está uno de los peores errores de la serie, Chiyo, que no aporta nada y termina siendo una mera herramienta para la trama. Dejándola al margen, ¿qué demonios se le puede reprochar a este arco? ¿La belleza de Florencia? ¿El goce de ver a Lecter en uno de sus elementos naturales? ¿Las turbias visiones de Will en la iglesia o su caza en el laberinto subterráneo? ¿La retorcida relación entre Hannibal y la estupenda Bedelia Du Maurier (“Técnicamente, lo has matado tú”)? Sólo por ver a Gillian Anderson, no sobra ni un episodio; por cierto Du Maurier era el apellido de la autora de “Los Pájaros”, luego película del viejo Alfred, lo cual, dudo mucho sea mera coincidencia. Sin olvidar la larga conversación, en blanco y negro, entre el Doctor Lecter y el Doctor Gideon.

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            La segunda mitad es, de modo distinto, igual de portentosa. Fuller ha jugado como ha querido con la historia de “El Dragón Rojo”, la primera novela de Harris, de la cual hay dos adaptaciones al cine. Ha sido fiel cuando le convenía, se ha apartado cuando lo consideraba oportuno. Incluso ha hecho bromas un poco meta: es sabido que el personaje de Freddie Lounds, el periodista carroñero, era torturado y asesinado por el Dragón (en la novela, era un hombre), quemado vivo en una silla de ruedas. Freddie Lounds, la de la serie, parecía morir de igual modo en la segunda temporada. El Dragón de Fuller hace pasar todo esto al Doctor Chilton, y, además, hace que el asesino lo haga, justamente, como réplica a Will y la falsa muerte de Freddie. Richard Armitage hace un Francis Dolarhyde impresionante, capaz, en sólo seis episodios, de ponerse a la altura dramática de Mikkelsen, Dancy y el resto del plantel.

            Fuller ha repetido que cerraba cada temporada como si fuera la última. Eso es cierto tanto para la primera como para el poderoso cierre de la segunda. Sin embargo, lo es más aún para este tercer final, del cual ya se está comentando mucho y bien como para añadir más. Ha sido un broche maravilloso. Aunque no desesperemos. Du Maurier no se va a cenar sola su propia pierna, como me hizo ver un amigo. Esté Lecter libre o de nuevo en la celda (supongo que con Alana de guardiana), soñemos con volver a ver a ese rostro impasible, cortés, irónico y seductor.

            Hasta entonces, ta ta, Doctor Lecter.

This publicity image released by NBC shows Danish actor Mads Mikkelson as Dr. Hannial Lecter in a scene from the upcoming TV series, "Hannibal." The series, based on the Thomas Harris novels and starring Mikkelson, Hugh Dancy, and Laurence Fishburne, will premiere on April 4, 2013 on NBC. (AP Photo/NBC, Brooke Palmer)

This publicity image released by NBC shows Danish actor Mads Mikkelson as Dr. Hannial Lecter in a scene from the upcoming TV series, “Hannibal.” The series, based on the Thomas Harris novels and starring Mikkelson, Hugh Dancy, and Laurence Fishburne, will premiere on April 4, 2013 on NBC. (AP Photo/NBC, Brooke Palmer)

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