Con un vaso de whisky

agosto 19, 2015

Cómo no derribar ni dirigir una dictadura

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 4:08 pm
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            La segunda parte de la, parece, saga “Divergente” desvela unas cuantas incógnitas que nos dejó de regalo la primera parte. Si recuerdan, la primera película me produjo cierta sensación de estupor ante una sociedad tan extraordinariamente mal diseñada. Esta segunda me ha tranquilizado en buena medida. Porque ahora sé, sin lugar a duda, que todo el mundo, pero todo el mundo, en este universo es idiota. Desde luego, cinematográficamente vale lo mismo que su antecesora: nada. El único placer perverso de verdad que puede sacarse de esta película es contemplar el alarido silencioso en el fondo de los ojos de Kate Winslet y Naomi Watts.

            Al final de la primera parte, la malvada líder de los chicos de azul, los Eruditos, aliada con los tontos líderes de los Intrépidos (los chavales saltarines) trataba de dar un golpe de estado, cargándose en masa a los chicos de gris, o Abnegados. La cosa les salía medio mal y cuatro niñatos, entre ellos la protagonista (esa que sabía hacer más de dos cosas y era una amenaza terrible para esta sociedad tan bien pensada) lograban huir en un tren.

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            Antes de seguir, y me temo que no voy a lograr ser muy ordenado en esta reseña, que alguien me aclare lo de los trenes. Salen de la ciudad y llegan a no sé dónde. Fíjense que, alrededor de la ciudad hay un muro, bueno, una valla mal puesta, que marca los límites más allá de los cuales en los mapas pone que hay dragones. ¿Puede que los trenes sirvan para avituallar a la población? Quizás, en una escena de “Insurgente” vemos mercancías en un tren. Y da la impresión de que la quinta facción, los Aburridos de naranja, granjeros pseudo hippies, vive en las afueras de la ciudad. Ahora bien, ¿quién conduce esos trenes? No se ve ni un ferroviario (aunque, por otra parte, los ferroviarios suelen ser criaturas espectrales en el cine). ¿Entonces, se controlan por control remoto? ¿El control de quién? ¿A qué facción, con sus bien definidas competencias, le corresponde que los trenes salgan a su hora? La pregunta tiene su interés, porque al parecer la gente sin facción, de la que ya hablaremos, usa esos trenes con habitualidad y se dedica a mangar provisiones de los mismos, sin que nadie le afee la conducta.

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            Ah, ya que hablamos de la Valla, es aún más absurda de lo que parecía. En el monólogo que la jefa Erudita nos lanza al principio se hace referencia al porqué del aislamiento. Tampoco con mucha claridad. Farfulla algo de sustancias tóxicas, nocivas, una especie de plaga o contaminación. Como sabe todo el mundo, las sustancias tóxicas, sean líquidas o gaseosas, así como los gérmenes, virus y demás criaturitas de este valle de lágrimas frenan en seco su avance ante unos palos clavados en la tierra. El respeto a las fronteras ajenas siempre ha sido una de sus características. A todo esto, yo andaba con la idea de que en “Divergente” nos habían hablado de unos fantasmales invasores, pero no me atrevo a asegurarlo, dado el estado de mi cerebro al acabar de verla.

            La Jefa Azul nos informa, además, que ha sido nombrada cabeza temporal del Consejo. Un momento, un momento. ¿Qué demonios es el Consejo? ¿Quién lo forma? ¿Viene a ser una especie de órgano inter faccioso, cuya inexistencia destaqué en su día? Entonces, ¿qué autoridad tiene? Recordarán ustedes que en “Divergente” se nos decía que los Abnegados gobernaban la ciudad. Cierto es que con gloriosa despreocupación no nos explicaban cómo se las arreglaban. Sin embargo, era su función: eran el Gobierno (no sé yo si esto tiene un tufillo a Ayn Rand). Los Grises, si no recuerdo mal, no fueron exterminados del todo. Luego, aunque su líder, Marcus, padre del maromo de la función, escapara con los niñatos, lo razonable sería que los Grises nombraran a otro y santas pascuas.

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            Ah, no, podrá alegar el lector sagaz. ¿Y la campaña de difamación contra los Grises que justificaría su asesinato en masa? No debió de tener mucho más éxito que el asesinato en sí. Porque la Jefa Azul culpa de las muertes de Grises a los Divergentes radicales, algo sin sentido si has logrado convencer a la ciudadanía de que los Grises eran el Mal y su eliminación era precisa.

               La nueva cabeza del Consejo establece la ley marcial. Ya ven. Resulta que hay ley marcial. Qué implica eso, ni idea, pero suena a principio de dictadura de la buena. Bajo la ley marcial, suele suceder que el Ejército asume funciones más propias de la Policía y los derechos individuales quedan restringidos, mientras dure el período de crisis. Ajá. A ver, ¿quién era aquí la Policía? Los Intrépidos. ¿Y el Ejército? También. ¿Les parece que una sociedad donde naces en una casta, te repiten en cada comida que la facción es lo primero, luego te hacen un test para ver dónde encajas, prescindir de su resultado y tomar una decisión irrevocable para el resto de tus días posee un elevado concepto de los derechos individuales? Pues eso. Que ni idea de lo que significa la ley marcial.

            Total, que tenemos a los Eruditos (o a su líder) presidiendo un órgano que no sabemos quién lo forma, ni para qué sirve, usurpando la función legítima de una facción del sistema que dice defender. Vale, eso al fin y al cabo era lo que buscaba en la primera película, sólo que previo borrado de la facción gobernante. Lo que no se explica es cómo las demás facciones (al menos, los de Blanco, que se supone defienden las leyes), se prestan al juego, contrario a las normas básicas que nos han expuesto en este universo. ¿Corrupción? ¡Ojalá! El, parece, jefe Blanco es más recto de un cartabón. Lo que no le impide saltarse la ley cuando quiere. Cuando le traen a los protagonistas enmanillados, parece ser, tiene que entregarlos al Consejo, para su juicio bajo la ley marcial. Sin embargo, el amorcito de la heroína le llora dos segundos y decide montarles un proceso según sus propias normas. O sea, desprecia al Consejo, lo cual tiene pinta de ilegal. O bien tiene autoridad para juzgar él mismo, así que no sé a qué viene el cuento de “niños traviesos, os voy a llevar ante el Consejo”. Hace falta mucho alcohol para sobrellevar esta película.

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           Aún no han pasado ni cinco minutos de Divergente cuando resulta que si los de negro entraron a sangre y fuego en la zona de los Grises era, en realidad, para recuperar en secreto un artefacto del cual nadie nos había dicho nada hasta ese momento. Los dos líderes Intrépidos, con gran sentido de la oportunidad, lo encuentran tirado entre los restos de la casa de los padres de la protagonista.

            Volveré sobre ese artefacto, que es de traca. Antes dejen que termine de recomponer esta nueva sociedad de facciones. Los jefazos de los Intrépidos eran aliados de la líder Azul en su plan de genocidio y toma de poder. Pero muchos de sus soldados actuaban bajo el influjo de una especie de droga. Por lo que nos cuentan ahora, luego hubo una escisión. Parte de los Intrépidos siguieron con sus líderes. Otra parte, no.

            Ahora supongamos que usted, aspirante a autócrata, se encuentra con que, al fallar su golpe de mano, tiene a la mayoría de las fuerzas armadas de su parte; un porcentaje, sin embargo, nada despreciable de gente entrenada para la lucha armada no es adicta a su régimen. Si no es capaz de convencerles de que se unan a usted, ¿qué es lo más lógico que puede hacer con ellos? La respuesta es obvia: dejar que anden tan tranquilos por la ciudad y así, cuando los rebeldes que suponen una amenaza para su sociedad (la vieja o la nueva, qué más da) entren paseando en sus dominios (paseando, en serio, entran paseando literalmente) puedan recibirles como un grupo de colegas que están haciendo botellón en el parque. Claro que, seamos justos, los Intrépidos disidentes no hacen nada más que tomar el sol hasta que llega la parejita insufrible.

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            Siguiendo con los Intrépidos, la idea de fondo de las cinco facciones era que cada una de ellas controlase un poder suficiente para destruir a las demás y así nadie lo haría. Una mutua destrucción asegurada que hubiera debido llevar a la ciudad a la ruina en treinta y seis horas. No obstante, aceptémosla un momento. Los Intrépidos son los de las pistolas. Bueno, pues en “Insurgente” no hacemos más que ver a tipos de uniforme azul (o sea, se supone que Eruditos) con pinta de saber pegar tiros. ¿Pueden ser los Intrépidos adictos a la Jefa Azul? Pueden serlo. En ese caso, ¿por qué no llevan sus propios colores? ¿No son ya una facción independiente? Insisto, ¿el Consejo de marras para qué sirve? Más complicado es explicar cómo los de Blanco (los juristas que dicen siempre lo primero que piensan) tienen también a armarios con ametralladoras. Da la impresión de que, de repente, aquí todo el mundo va con escopetas.

            Todo el mundo. Incluyendo a los descastados. Esto es bueno, prepárense. En mi intento por comprender “Divergente” me sorprendía que la ciudad dejara caer personas completamente válidas por un error de juventud. Ya saben, usted se cree Isaac Newton, resulta que era en realidad Zhúkov y se siente, pero queda usted excluido de la sociedad y condenado a vagar por las calles. No sólo era una estupidez de los Fundadores de este mundo. Era una tontería que los descastados no se unieran, al ser personas con capacidades normales o elevadas. Recuerden cómo nos los pintaban: vagabundos lobotomizados.

            Pues, epa, resulta que no. Que están organizados. ¿Fingían, astutos, estar medio tarados? No hay explicación. “Insurgente” desprecia con alegría a “Divergente” cuando no le conviene.

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            Con líder incluida, ojo: la mamá del maromo, en plan Vladimir Illich de tercera clase. Están armados, tienen gentes de todas las facciones y están cabreados con el sistema. Con razón. Deberían ser capaces de poner patas arriba todo en un fin de semana. Tengan esto presente: se enfrentan a los cerebros que mantienen el sistema de las facciones, con la estabilidad de un castillo de naipes; a enemigos a quienes ni siquiera se les ha ocurrido que puedan organizarse. Y que no les vigilan. Porque no vayan a creer que están ocultos en túneles subterráneos, en grutas, en el fondo del bosque. Qué va. Están en el extrarradio. Una furgoneta de los Intrépidos (se ve que tienen, no van a todas partes haciendo cabriolas) de patrulla se daría cuenta como mucho a la segunda vuelta.

            Si a eso vamos, los descastados estos son carroñeros. Rapiñan todo lo que pueden. Parecen capaces de rapiñar un montón. No sólo tienen cristalería para cenar: tienen tecnología lo bastante avanzada para desactivar la nueva arma de los Eruditos, un control mental remoto, en un pis-pas. Además de un arsenal. Uno, ingenuo, se pregunta: en una sociedad post-apocalíptica, autárquica, donde hasta el último guisante tiene que estar contabilizado, ¿nadie se dio cuenta de que un día faltaban dos vagones de trigo, otro día cuatro cajas de municiones y al tercero un cargamento de baterías?

            En fin. Pues no, los descastados no son capaces de cargarse este sistema de idiotas, porque ellos mismos también lo son. La jefa rebelde no insinúa ni una sombra de plan, salvo su interés en que el fruto de sus entrañas haga las veces de comandante en jefe de sus desarrapadas hordas. Según ella, están en inferioridad numérica y así no se puede ganar. Es bien sabido que todos los revolucionarios del mundo tuvieron siempre la superioridad numérica de su lado, en todo momento. En cualquier caso, teniendo en cuenta que los Grises no son lo que se diga el cuerpo de marines y los Aburridos tampoco parecen la Legión Extranjera; que los Intrépidos están divididos; y que, por lo que se vio en la primera película, los Eruditos tienen dificultad para desenfundar y no matarse en el proceso, yo diría que los descastados lo tiene fácil. Ojo, nadie pone nunca en cuestión el empleo de la violencia (¿Polémica sobre el uso de la violencia en la resolución de problemas sociales? ¿Qué es esto, una obra de ciencia-ficción?). Así que no son escrúpulos morales lo que les frena. No. Sencillamente, son tontos. La revolución, cuando sucede, se limita a unos cuantos descastados con armas entrando en la base de los Azules y diciendo hola, buenas, ahora ya mandamos nosotros, gracias.

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            A todo esto, ¿qué está haciendo nuestra pérfida cuasi dictadora? Tratando de abrir el Artefacto que le encontraron los jefes Intrépidos. ¿Qué hay en ese Artefacto? ¿Información tecnológica? ¿Una nueva fuente de energía? ¿Planos para un arma de la venganza hitleriana? Nada de eso. Un mensaje de los Fundadores que, espera, respaldará su política.

            Bien, aquí hay es lícito hacerse muchas, muchas preguntas. Para empezar ¿cómo sabía de la existencia del Artefacto? Ni idea. ¿Por qué lo tenían los padres de la cansina protagonista? Ni idea. ¿Cómo sabe la Jefa Azul que contiene un mensaje de los Fundadores? Ni idea. ¿Por qué cree que ese mensaje le va ser de utilidad? Recordemos que lo que está haciendo la Azul es cargarse el sistema de facciones. Está convirtiendo la ciudad en su cortijo particular, con ayuda de los chicos de las armas y ante la incomprensible pasividad de los Blancos y los Naranjas. Los Naranjas, bien es cierto, acogen a rebeldes en su seno, pero para ocultarlos, sin hacer más. Esto sólo puede implicar un rechazo de las políticas de línea dura de los Azules, no un desapego al sistema. Una vez más: esta gente controla la comida, si ellos quieren, la ciudad pasa hambre. Blancos y Naranjas, en principio, son pro sistema. El sistema creado por los Fundadores. Lo esperable de los Fundadores es un mensaje conservador. Si las previsiones de la Jefa Azul son correctas, ese famoso mensaje dirá que los Divergentes son una anomalía que hay que erradicar (algo que ya se estaba haciendo) y que el sistema de facciones funciona. Sistema que ella se está cargando. Es decir, que el mensaje debilitará su posición, no la reforzará.

            Posición que ella ya ha debilitado con sus tonterías de ametrallar en asaltos nocturnos a los Blancos para ponerles el chip de control mental y luego usar dicho control para provocar “suicidios” teledirigidos. Sólo entonces se ponen de verdad los Blancos del lado de los rebeldes (¡Hurra! ¡Una reacción con sentido!). Y todo eso para encontrar a los Divergentes ocultos (pues son inmunes al control mental) y llevarlos a su laboratorio, para ver quién es capaz de abrir el Artefacto. Porque esa es otra: para abrir el Artefacto es necesario un Divergente pata negra (ay, sí; entre los Divergentes hay clases y algunos son más Divergentes que otros, como en la Granja de los Animales). Lo cual podría levantar sospechas en una mente más perspicaz sobre el contenido del mensaje de marras. En cualquier caso, ¿no hubiera sido más sencillo ponerle el chip a todo el mundo y luego controlar las marionetas para erradicar a los Divergentes?

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            Cuando al fin logra la Divergente adecuada (la protagonista, desde luego), y el mensaje sale a la luz, la lógica se ahorca definitivamente. Resulta que los Fundadores dicen que los Divergentes son gente de bien. Que discriminarlos es un error. Que crearon el sistema de facciones como un experimento (¿un experimento para qué?), pero que ya pueden salir y reunirse con el resto de la Humanidad, que está más allá de la Valla. O sea, que la ciudad es un laberinto de ratas. ¿Con qué objeto? ¿Cómo lograron los Fundadores meter a tanta gente allí? ¿Por qué dejaron su mensaje oculto en ese Artefacto, sin saber cuándo iba a ser encontrado y abierto? ¿Cómo sabían que, cuando eso sucediera, si es que sucedía, iba a ser un buen momento para retomar el contacto con la Humanidad? Si fundaron el sistema de facciones, y el test y todas estas bazofias que nos hemos tragado, ¿por qué carajo dicen ahora que ser Divergente es estupendérrimo?

            Viendo lo visto, la consoladora respuesta es que los Fundadores son Estúpidos. Con mayúsculas.

            Santo cielo. No puedo esperar a la siguiente película. Necesitaré vaciar una destilaría escocesa para ella.

1 comentario »

  1. รายได้เสริม กับ Maxx inter Network – YouTube

    Cómo no derribar ni dirigir una dictadura | Con un vaso de whisky

    Trackback por รายได้เสริม กับ Maxx inter Network - YouTube — septiembre 26, 2015 @ 5:37 am | Responder


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