Con un vaso de whisky

julio 22, 2015

Levitas y brujerías

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:08 pm
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            Cuando acabé de ver la primera temporada de “Penny Dreadful” me quedó un regusto agridulce en la boca. Esta segunda temporada, una vez más, tengo sabores encontrados en el paladar. Igual que la primera, se resume en que varias de sus partes son mejor que el todo. Es lástima. Con todo, siempre que no se haga caso a sus afirmaciones en materia de historia, arte, literatura, religión o mitología, no deja de ser una serie bien hecha.

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            Con sus errores y sus aciertos, los diez capítulos de esta segunda vuelta a Londres con Miss Ives y sus compañeros me han resultado más pesados que los ocho primeros. También es verdad que ha habido mejoras. Como resulta siempre más agradable acabar con lo bueno, despachemos en primer lugar los tropiezos. Advierto, caerán spoilers.

            De los tres grandes errores que le vi a la primera tanda, dos se mantienen: la falta de sentido del humor y la desunión del grupo supuestamente protagonista. En cuanto al humor, un grano se puede espigar en algún dialogo entre Mister Chandler y el Inspector Tusk o con el ambiguo Mister Lyle (cuyos parsimoniosos manierismos constituyen un relativo acierto). La desunión es casi total. Vanessa Ives y sólo Vanessa Ives mantiene en relación a los distintos miembros. Casi la serie entera depende de ella. Sir Malcolm, el Doctor Frankenstein y Chandler carecen de una verdadera relación entre ellos. No hay apenas un diálogo, una escena o un instante significativo entre los protagonistas si no está Miss Ives presente.

Helen McCrory as Evelyn Poole and Simon Russell Beale as Ferdinand Lyle in Penny Dreadful (season 2, episode 2). - Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME - Photo ID: PennyDreadful_202_4526

Helen McCrory as Evelyn Poole and Simon Russell Beale as Ferdinand Lyle in Penny Dreadful (season 2, episode 2). – Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME – Photo ID: PennyDreadful_202_4526

            A estos fallos, debemos sumar otros. A mi entender, esta temporada hubiera agradecido un considerable adelgazamiento. Si me hubiesen dejado a mí las tijeras, Dorian Gray hubiera desaparecido por completo. En la primera temporada su presencia carecía de cualquier sentido. En esta segunda, hasta las dos ultimísimas escenas donde sale, igual. Parece que, por lo que se apunta, hará las veces de antagonista (no el principal) en la tercera temporada. Muy poco, muy tarde, para un ser cuya presencia en pantalla me llena de exasperación. Dorian Gray es, posiblemente, el personaje de la literatura decimonónica peor adaptado en el cine y la televisión; esta versión es otra chapuza. Claro, no ayuda de Reeve Carney sea un actor tan deplorable. Excuso recordar que Gary es, se supone, carismático, misterioso y magnético. Venga, revisen cualquier escena de este zagal y desterníllense.

            Aparte de Gray, las andanzas de Mister Clare (antes conocido como Calibán, o sea, la Criatura de Frankenstein) resultan también cargantes. Aceptaba sus reflexiones nihilistas y melancólicas en los primeros ocho episodios. Pero, por el amor del cielo, ¡otros diez de lloriqueos pomposos con una pátina de lirismo es demasiado! Suponía que ya había asumido su rol asocial, y se había revestido con la fría dignidad del padre de la futura raza de hijos de acero y roca. Pero no.

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             Con todo, el triángulo entre Clare, Victor y la Novia (antes Bonna, una Billie Piper que no hace nada mal su papel) podría haber tenido su interés. Claro que para eso, Clare tendría que haber sido más digno y Victor menos patético. El repentino enamoramiento del Doctor por su criatura es un error. No traten de vendérmelo como una versión sombría de Pigmalión. Sí, yo disfruté como todos de Miss Ives actuando a lo hermana mayor que da consejos a su torpe hermano pequeño con su primera novia. Sin embargo, no se explica la pseudonecrofilia de Frankenstein de manera plausible. Además, la cosa se hace todavía más complicada sin necesidad al convertir el triángulo en un cuadrilátero, con Gray y su cara de niñato pánfilo en la cuarta esquina. ¡Con lo interesante que hubiera sido un Frankentsein extrañamente paternal con su tercera y más acabada criatura, un Clare tratando de llevarla fuera de la sociedad y una Novia que en realidad estaba maquinando por su cuenta! En fin, esto último (si bien de un modo demasiado repentino, un tanto tramposo) se da.

              La trama de Clare con los Putney y su hija ciega es otro de los errores. Es una repetición de lo ya visto en el teatro, pero con más mezquindad por los empresarios y una historia de amor imposible que se esboza, sin desarrollarla apenas; tal vez los guionistas se dieran cuenta del tedio mortal que estaban causando. Sólo espero que, de una condenada vez, el Monstruo sea el Monstruo, con su romanticismo poderoso, desolado, y deje de suspirar como una quinceañera de escaso cerebro.

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              Siguiendo con los secundarios, la historia de Chandler, otra de las paralelas que no se cruzan jamás, sí estaba mejor estructurada. El detective de los Pinkerton fue un enemigo más peliagudo de lo que yo pensaba en principio para el robusto yanqui; nunca hay que subestimar a las comadrejas. El Inspector Rusk, aunque hubiera merecido un secundario con más presencia que Douglas Hodge, no ha dejado de ser un digno representante de la sociedad civil, racional, convencional, en este mundo de hechizos, demonios y horrores.

Helen McCrory as Evelyn Poole in Penny Dreadful (season 2, episode 1). - Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME - Photo ID: PennyDreadful_201_1990

Helen McCrory as Evelyn Poole in Penny Dreadful (season 2, episode 1). – Photo: Jonathan Hession/SHOWTIME – Photo ID: PennyDreadful_201_1990

            El gran acierto de esta temporada con respecto de la anterior está, sin duda, en la antagonista. Es cierto, yo esperaba que el Maestro fuera el Conde Drácula y no. El viejo Satanás reclama ese título. Un Satanás no muy sutil, he de decir, por mucho que haya sido divertido el diálogo entre Miss Ives y su yo en forma de muñeca. Ahora bien, el Diablo sabe elegir a ayudantes con estilo. Porque Helen McCrory, la estupenda Tía Polly de “Peaky Blinders”, hace de una villana de las de vieja escuela. El Mal tiene que quedar bien en este tipo de obras. McCrory es la única en la serie capaz de rivalizar interpretativamente con Eva Green. Su regodeo pérfido en sus planes es espléndido; regodeo que hace más notables esos breves momentos de claridad ontológica, por así decir, cuando casi admite que todos sus ardides, todas sus intrigas, todos sus poderes, son vestimentas que ocultan la nada. Ya lo decía Mefistófeles: “En verdad, prefiero mi eterno vacío”. Aunque su derrota fue un poco de levantar la ceja, la verdad.

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             Y, en fin, Miss Ives. Eva Green. LA protagonista. La razón para ver la serie. Su historia es la de verdadero interés, si bien aún no termina de quedar muy claro por qué ella en concreto es la llave del Enemigo para traer el Reino de la Oscuridad sobre el mundo. Da igual. Es Eva Green. ¿Quién puede culpar al Demonio por quererla como consorte? La capacidad de Green como actriz es grande. Puede interpretar una mujer extraordinariamente cortés, delicada, amable, cordial y cariñosa. Una mujer apasionada. Una mujer altiva, segura y fría. Una mujer refinada, culta, inteligente. Una mujer atormentada, hundida, torturada por sus ansias de paz, por su fe asediada. Una mujer temible, siniestra, con todos los poderes de las Tinieblas tras ella, o con todas las legiones del Cielo a su lado. Y nunca deja uno de ver a Miss Ives. Miss Ives, en gran medida gracias a Green, es el personaje más complejo y poliédrico de la serie sin dejar de ser ella misma en ningún momento, sin ser artificiosa. El mejor capítulo de la temporada, sin duda, es el dedicado al pasado, a su etapa en la choza de la bruja de los páramos.

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            Miss Ives, además, se emancipa del todo. En la primera temporada se definía por su relación filial con Sir Malcolm. Eso aquí ha quedado muy en segundo plano. Su atracción, mutua, con Mister Chandler no ha sido estomagante porque ha sido declarada imposible por ella misma en un primer momento y por él en un segundo.

           Así pues, “Penny Dreadful” se ha despedido hasta una tercera temporada. El grupo parece definitivamente disuelto, lo cual tal vez nos permita dejar de perder el tiempo con meras apariencias de una Liga de Caballeros Extraordinarios. Miss Ives se siente por primera vez completamente sola, alejada del mundo y de Dios. El aquelarre ha sido derrotado, aunque aún queda una bruja con ambiciones (no sé si talento y estilo). El Diablo siempre tiene un as en la manga. Y unos seres inmortales (por ahora, dos, uno de ellos un cansino de cuidado) pretenden adelantar a los nazis en sus chifladuras de conquista y dominación del universo por la raza superior.

           Veremos. Esta vez, espero con más recelo que entusiasmo.

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