Con un vaso de whisky

mayo 9, 2015

Gotham: el Bariburrillo es fácil

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:07 pm
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            La Comedia es difícil. El Caos, también. Hacer un batiburrillo, un quiero y no puedo de Caos, eso es más sencillo de conseguir, aunque, desde luego, resulte patético. Y “Gotham”, una serie que esperaba con gran interés, se ha asomado al precipicio de lo ridículo en demasiadas ocasiones como para que yo se la recomiende de buena fe.

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            Seamos justos: tenía unas expectativas erradas. Por algún resumen previo al estreno, supuse que la serie tendría como fuente de inspiración “Gotham Central”, una excelente serie de cómics, a lo “Canción triste de Hill Street”, donde los protagonistas son los sufridos agentes y detectives del cuerpo policial de Gotham, donde hay historias sucias, realistas, dolorosas, donde la sombra de Batman es justo eso, una sombra y donde, cuando surge alguno de los magníficos villanos del universo del Hombre Murciélago (la historia del Joker francotirador es brillante) la amenaza es mil veces más siniestra que cuando el protagonista es Bruce Wayne con capa.

            Pero no. Bien, conforme. La serie, sin embargo, parecía dispuesta a hacer uso de la mitología batmaniana, aunque cronológicamente ocurriera varios años antes de que el vigilante más famoso del cómic empezara sus andanzas. El inicio es la escena más reconocible de este universo: el asesinato de Thomas y Martha Wayne, delante de su hijo único. Asesinato que tiene una historia canónica, en cuanto al autor y al móvil. Sin embargo, en este caso, los guionistas parecían haber decidido que el misterio de quién lo hizo y por qué fuera el motor de la historia. Así unían cuatro personajes de los cómics en un arco coherente: el niño Wayne, su leal mayordomo, Alfred Pennyworth (un digno Sean Pertwee) y los detectives del caso, el cínico Bullock y el idealista y tozudo James Gordon, futuro comisario.

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            Pero tampoco. Y aquí está uno de los grandes problemas de la serie: el estructural.

            ¿Qué historia o historias quería contar “Gotham”? A día de hoy, no lo tengo claro. El asesinato de los Wayne parecía ser el hilo conductor, hasta que de repente se dejó de prestar atención al asunto. Luego del primer tercio de la temporada, el caso pareció archivado. Las pesquisas de Bruce Wayne, detective juvenil, y las intrigas de la Junta de Empresas Wayne eran poco para mantener con vida la en su día Gran Trama.

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            ¿Entonces? ¿La espiral descendente de Gotham al caos? Algo de eso había. El primer bloque de capítulos, ese tercio inicial, estaba formado casi únicamente por episodios autoconclusivos, un criminal medio loco a la semana. La extraña pareja de policías (el veterano de vuelta de todo, el joven idealista; que alguien me traiga una copa) desentrañaban el caso y concluían que la ciudad se estaba yendo al garete. Incluso lo enlazaban con el Gran Caso, porque daba la impresión que la muerte de los Wayne era una suerte d epunto de no retorno. Sin embargo, de repente, los guionistas cambiaron de tramas. Quizás para mejor, porque estaban siendo unas horas muy tediosas.

          Hasta cierto punto, lo que siguió fue un remedo de “The Wire”. Dicho esto con pleno conocimiento de la distancia astronómica que existe entre ambas series. Pero el reparto coral parecía tratar de contemplar toda la realidad de la ciudad de Gotham, un poco como Baltimore. Igual esto es una interpretación mía y ni se les pasó por la cabeza a los guionistas. En cualquier caso, si tal era el intento, otro fracaso. No me sentí en ningún momento inmerso en la ciudad, algo que sí me ocurre cada vez que veo un episodio, o una temporada, o las cinco, de la obra maestra de Simon y Burns.

            La única trama que aguantó más o menos con coherencia desde el principio hasta el final fue la del submundo del crimen organizado. Allí teníamos a los Maroni y a los Falcone, viejos conocidos (y Don Falcone, interpretado por una cara de “The Wire”, John Doman, el inolvidable Rawls; de hecho, los mafiosos son los secundarios mejor llevados a la serie). Allí teníamos un personaje nuevo, Fish Mooney, una ambiciosa maquinadora. Y allí teníamos a la mejor baza de la serie, Oswald Cobblepot, alias el Pingüino.

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            Cobblepot y su ascenso a la cúspide del poder criminal han mantenido esta serie en pie durante su primera temporada. Las vueltas de tuerca, las traiciones, las conspiraciones, el juego a tres bandas del pequeño soplón al que todos desprecian y que desprecia a todos, por mucho que se guarde de manifestarlo y que, a lo Meñique, provoca confusión y guerra para trepar por la escala… eso sí tenía su interés. “Gotham”, sin embargo, fue incapaz de engarzar bien este arco con el resto, de manera que en cada episodio me daba la impresión de estar viendo dos o tres series diferentes que, por motivos de producción, se habían metido en el mismo capítulo, como en un cajón de sastre.

            Estructura, pues, mal. Duración, mal también. Veintidós episodios han sido demasiados. Con trece, quitando paja, adelgazando la serie y espesando lo que quedaba, “Gotham” hubiera resultado más entretenida. Hubo semanas en las que estuve a punto de dejarla. Sólo mi fidelidad por un universo comiquero que me ha acompañado desde niño lo evitó.

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            Montaje, mal también. Sin ser yo ningún experto, ni poder dar precisas razones técnicas, un espectador se da cuenta cuándo el montaje es brusco, cuándo las escenas se suceden sin fluidez, cuándo la escena pre título tendría que haber sido más larga o más corta, cuándo el capítulo ha terminado de un modo folletinesco. “Gotham” tenía todos estos defectos.

            Personajes. En fin. “Gotham” se las ha arreglado para convertir una fuerza en una debilidad. La galería de villanos de Batman es, quizás, la mejor, la más completa, compleja, divertida y notable del mundo del cómic. Nadie tiene unos adversarios tan magníficos como Batman. Los secundarios, positivos o negativos, tampoco son mancos. “Gotham” decidió que tenía que meter a tantos como pudiera, de la manera que fuera.

            Podemos darle un pase a Gordon (demasiado mandíbula cuadrada para mi gusto) y a Bullock (que, luego de cinco episodios, pierde sentido como personaje turbio, ya que todo es turbio e incluso Gordon se está enturbiando, así que el pobre Harvey se queda sin sentido). Podemos darle también pase a Bruce Wayne. Alfred, ya digo, es respetable. La doctora Leslie Thompkins, joven, resuelta y atractiva, tampoco estuvo mal introducida. El resto, a salvo Oswald, un desastre.

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            ¿Es necesario que en cada santo episodio se nos recuerde que Nigma tiene una pasión obsesiva con los acertijos? Un par de escenas con los detectives bufando a Edward que se deje de preguntas con trampa y les dé la información directamente tienen su gracia. Veinte son cansinas. Harvey Dent aparece porque sí, pierde los papeles para que veamos que puede que tenga problemas mentales y desaparece tan de repente como surgió. A Barbara Kean no le dejan ser personaje hasta el último episodio y sólo porque se le va la olla a Camboya. La gran detective Montoya, uno de los hallazgos de los comic, es un sinsentido de personaje aquí. Fish Mooney podría haber sido un acierto, pero la sobreactuación infame de Jada Pinkett Smith la hace intragable. ¡Y Selina Kyle! Está ahí sin ningún sentido. Entre que con su piel inmaculada y su ortodoncia de seguro privado nadie se cree su cantinela de chica de la calle, que Camren Bicondova tiene la expresividad de una sandía y que de cuando en cuando intercalaban planos suyos, sin venir a cuento (de ahí que un amigo mío, con precisión de cirujano la definiera como el Poochie de la serie), “Gotham” se la arregla para cargarse otro de los personajes más carismáticos del universo. Y, por favor, no me hagan hablar de ese supuesto cameo del Joker…

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            Sólo Robin Lord Taylor y su Pingüino se salva de la galería de villanos. Un tanto teatral, demasiado histriónico para mi gusto, en ocasiones. Sin embargo, Lord Taylor (je, qué gran combinación) es creíble en esta sabandija resentida, humillada, que afila su rencor hasta convertirlo en un arma y manipula, engaña y miente. Un tipo inteligente, pero que aún no ha aprendido a ser todo lo tortuoso y paciente que será. Un futuro señor del crimen, contrahecho y tullido.

            Si veo la siguiente temporada, será para seguir los pasos del Pingüino. Bueno y para comprobar si el más grande villano del cómic aparece de una vez, sonriente, y mata a todos los demás personajes. Porque no puede haber sido ese chaval del circo. No puede haber sido él. Les digo que no.

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