Con un vaso de whisky

febrero 2, 2015

Jaque sin mate

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 8:21 pm
Tags: , , , ,

            “The Fall” se ha despedido hasta otra temporada. En la primera esa despedida temporal me sorprendió, pues estaba seguro de estar viendo una miniserie cerrada, dejándome una considerable ansia por continuar. Esta vez también me ha sorprendido, pues estaba convencido de asistir al desenlace (se ve que no ando muy certero, con esta serie en particular), pero el regusto ha sido más amargo: aguardo con esperanza un poco temerosa su regreso, porque espero, sin garantías, que enderece lo que está torcido.

tumblr_ne2danmyKr1qjdibuo7_500

            ¿Cuál es, entonces, mi recomendación respecto a esta segunda temporada? ¿Deben ustedes verla o no? Depende. Si les convenció la anterior (de la que hablamos aquí), sí, sin duda, véanla. Tiene muchas de sus virtudes, en especial el tono frío, la fotografía precisa, el ritmo más angustioso que acelerado; ha corregido algunos de sus defectos y han surgido otros nuevos. Si no acabaron ustedes muy seducidos por Stella Gibson, Paul Spector y su juego en la gris Belfast, pues no dediquen más horas. Hay otras series esperándoles.

            Esta serie no es ni una obra de detectives pura ni una obra negra pura. Las series policiacas británica cada vez más, están en una zona media entre la Edad de Oro de Holmes y Miss Marple, y la sombría reflexión social de la novela negra clásica americana o contemporánea italiana, griega, escandinava. No es sólo un rompecabezas, no es sólo una disección de la sociedad, no es sólo un estudio psicológico de personajes. Es una mezcla de todo ello, por lo que ninguno de los ingredientes tiene primacía. Ese es su mérito y su limitación.

            A partir de aquí, spoilers; irán siendo más graves a medida que avancemos.

46f75722-4de9-40ce-92b4-59fc3a4dc4ee-679x1020

            “The Fall” sigue basándose en sus dos personajes centrales, los cazadores: Spector, el depredador de mujeres morenas (Jamie Dornan, casi te perdonamos dar vida al fulano Grey) y la policía que caza al cazador (Gillian Anderson, soberbia, como de costumbre). Al contrario que en los cinco capítulos anteriores, en estos seis su partida tiene prioridad absoluta y otras tramas menores se dejan a un lado. La subtrama sobre corrupción policial y política en Irlanda del Norte desaparece casi sin dejar rastro. Esto es en parte una virtud, ya que se corría el riesgo de lastrar el ritmo y distraer la atención del duelo central; no obstante, también se puede lamentar: al fin y al cabo, esa subtrama servía para colocar a Stella en un contexto, una forastera en una tierra con sus propias historias, sus propios intereses subterráneos que pueden reaccionar si ella los pone en peligro. Ese enfoque se abandona por completo.

            El centrarse en la detective y el asesino obliga a examinarlos más a fondo. Aquí hay alguno de los cambios que pueden ser para mejor o para peor. En la primera temporada tanto Gibson como Spector me sorprendieron de un modo considerable. Stella era tan extraordinariamente gélida, tan desafecta de todos los demás seres humanos que la rodeaban, que rozaba la sociopatía. Extremadamente inteligente, impasible, severa y solitaria. He aquí, sin embargo, que en esta segunda temporada demuestra ser una persona emocional, empática. Stella siente y padece por las víctimas. El analítico desapego del pasado se convierte en una devoción más personal que profesional en el caso.

            Hay una posible explicación (aparte de que los guionistas hayan decidido modificarnos a nuestra investigadora). El asesino, entonces, asesinaba. En esta temporada, el crimen que mueve a la policía, igual o más que los pasados, es un secuestro, un secuestro de una mujer viva, a la que aún puede salvarse. Stella no está ante cuerpos fríos, sino ante una mujer y una familia aún no irremediablemente condenadas. Eso, tal vez, explique sus lágrimas. Lágrimas que, obvio es decirlo, no son muestra de debilidad.

uktv-the-fall-jamie-dornan

            Spector, por su lado, se vuelve aún más extraño. Gibson, en un momento dado, le espeta a su cansino superior, Jim Burns, que Spector no es un monstruo, sino un hombre. Nadie está más a favor de los monstruos de las profundidades que yo en la ficción. Esta serie, que tiene una clara vocación por ser veraz, en cambio, no puede permitirse un asesino que sea, sencillamente, una encarnación del Mal. Lo que vale, por ejemplo, en “Hannibal”, no vale en “The Fall”. Así es, Paul Spector es humano. Entonces, ¿qué le ha convertido en lo que es? Ya dije que no es ni el típico sociópata resentido ni el psicópata todopoderoso y ficticio.

            Esta segunda temporada nos deja sin muchas respuestas. Spector se vuelve más opaco cada episodio. Su matrimonio, que tan inquietantemente amable le volvía (ay, Sally Ann Spector, qué sufrimiento más bien interpretado por Bronagh Waugh), se ha ido al diablo. Sigue siendo un padre para su pequeña hija Olivia (del pobre Liam no se acuerda nadie), un vínculo poderoso que toca de cerca, parece, a la misma Stella. Sin embargo, se nos escamotea un porqué. Burns cree encontrarlo en un posible abuso de niño, explicación razonable, aunque un tanto manida (para la ficción, se entiende, no en la realidad); pero la serie la descarta de manera expresa. ¿La pérdida violenta de la madre? Se insinúa, sin más. Spector es un libro cerrado, y Dorman lleva muy bien esa impenetrabilidad. Resulta curioso que cuanto más se va resquebrajando la impasibilidad de Gibson (sin llegar a romperse del todo), más pétreo sea Spector.

            Opaco en cuanto a sus orígenes, opaco en cuanto a sus propósitos. Durante parte de la temporada pareciera que su objetivo es eludir el cerco policial, cada vez más estrecho. Su seducción de la tontaina de Katie puede ser, primero, para que tenga la boca cerrada y salvar su matrimonio. Luego, para tejer una coartada. En fin, parece que también siente un sádico placer en manipularla, jugar con sus expectativas y, de un modo bastante sencillo, inocularle un cierto nihilismo negativo (lo cual, tratándose de una adolescente, tampoco es que sea una hazaña épica), para convertirla en una suerte de esbirro. Admito, a día de hoy, que no sé qué pretende Spector.

7449228-low_res-

            Otro de los temas que recorre con más claridad esta temporada que laanetrior es el del machismo. Las alusiones a un machismo puro y duro (así el despreciable Jimmy, que ya conocíamos) se unen a un cierto machismo casi subconsciente. La detective MCNally se cabrea con su compañero cuando éste salta a defenderla ante un sospechoso, como si ella no fuera capaz de ponerlo en su sitio. Y no hablemos del torpe de Burns, que no es mala persona, pero sí bastante patético; entre que no parece fiarse de que ella sea capaz de arrostrar a un puñado de matones y su, ejem, visita nocturna, se cubre de gloria. Gibbons parece haber pasado de su misantropía general a un particular desdén por sus colegas masculinos, con argumentos razonables, visto lo visto.

            Admito que en la serie no hay personajes masculinos que merezcan mucho la pena. Los relativamente positivos son simples, torpes o poco interesantes (en especial los amantes ocasionales de Stella, uno en la primera temporada, otro en ésta). Diablos, Spector aparte, el único memorable es un pederasta en prisión, que posee una cierta aura perversa. Las mujeres son personajes más firmes, lo cual es una elección legítima para la serie, más si tenemos en cuenta que los cuerpos policiales, al menos en la ficción, sospecho que en la realidad, tienden a ser campos de feroz masculinidad. Tampoco hay que sacar las cosas de quicio: que el personaje de Stella desprecie tanto a los varones no implica que este sea un mensaje de la serie y, por otro lado, pese a sus aseveraciones, Gibson se muestra sinceramente cercana con el pobre Tom, el marido de la víctima del secuestro. Esta es una serie de grises.

9cb2fedb-8b41-4089-85d6-f003082a7b08-620x372

            Stella, eso sí es claro, resulta atrayente para Spector, aunque no creo que desde lo físico. Su mayor éxito en esta partida es obtener acceso a los más íntimos pensamientos de su adversaria, a través de su diario. Es un golpe duro para Gibson. Parte de su resquebrajamiento emocional puede venir de ahí. Durante el último episodio de estos seis, el asesino rechaza con su simple silencio todos los asaltos y tretas policiales. Está muy cerca de obtener su libertad. Pero exige un cara a cara con Stella. Ella accede.

The fall bbc

            Es mi escena favorita de esta temporada. El duelo no es perfecto, pero está a la altura. Gibson y Spector, sin mover más que los labios (casi no mueven un músculo, es un duelo de estatuas, y lo digo sin sentido peyorativo) se sacan los ojos el uno a la otra. Spector, desde un punto de vista del proceso, se entrega. Confiesa con rapidez ser culpable. Parece ser, éste es un rasgo común a ciertos asesinos en serie: terminan admitiendo sus crímenes, con cierto orgullo o alivio (dicen algunos que admiten hasta los no cometidos). Paul admite ser culpable para poder enfrentarse a Stella donde le interesa, en el terreno psicológico. La fría razón de Stella choca con la pasión destructora de Spector. Cuando parece que ella le ha hecho morder el polvo, Spector da una última dentellada que hiere muy hondo a su rival. Luego, se niega seguir luchando. El final de este combate es ambiguo. Hubiera sido un excelente final hacia la tercera temporada.

            Pero tuvieron que alargarlo media hora más.

        Esos últimos treinta minutos son bastante desastre. El paseo boscoso de Stella siguiendo las indicaciones de Spector es excesivamente largo, el descubrimiento de Rose, viva, poco verosímil (pese a que nos da un “Inesperado” muy simpático del asesino) y no acabo de ver qué pretende Spector con todo esto, si es que pretende algo. Pero eso no es lo peor.

          La subtrama del maltratador Jimmy debería haber sido aparcada, igual que la política. Tiene cierta utilidad para la trama principal, pero el asalto de ese animal de bellota al refugio de mujeres maltratada tiene escaso sentido narrativo. Su aparición en el bosque, además de previsible, es una tontería como la copa de un pino. Dispara al sinsustancia que se está cepillando Stella (tras unos torpes planos que parecen equipararlo al mismo Spector, algo risible) y al mismo Paul. Si hubiera acabado ahí la serie, menudo bajonazo.

        Parece que no será así. Stella se lanza, desesperada, para asegurarse de que Spector vive. Seguramente viva. Tanta angustia por su enemigo exigirá buenas explicaciones. Y como sea que, en Spector y Olivia, Stella vea a su padre y a ella misma, muy bien tendrán que vendérmelo.

          Así que a la espera quedamos.

Anuncios

1 comentario »

  1. small bussiness

    Jaque sin mate | Con un vaso de whisky

    Trackback por small bussiness — febrero 26, 2015 @ 6:03 am | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: