Con un vaso de whisky

marzo 11, 2013

En tierra de paranoia

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 7:29 pm
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            Sin querer sonar pretencioso, siempre he creído que las series y películas tienen dos ejes sobre los cuales se mueven, guión y actores, por un lado, trama y personajes, por otro. La calidad sería un valor transversal. El director, el poder en la sombra. Una serie puede tender más hacia la trama que hacia sus personajes, o viceversa, igual que puede apoyarse más en los actores que en el guión. Simplista como esto resulta, al igual que casi todo esquema, siempre me ha sido útil para analizar las obras de cine y televisión. Pocas logran un equilibrio perfecto con todos los ejes y además ser de una calidad poderosa. No hay en ello demérito, porque obras maestras como Los Soprano o Deadwood desdeñan la trama a favor de los personajes, y sus guiones y actores son tremendos.

Utopia-Channel-4-02

(¡Más amarillo! ¡Más! MÁS!)

            Pues bien, Utopia, miniserie del Channel 4, no apuesta ni por la trama ni por los personajes. El guión no es malo y los actores, al menos en parte, un extremo del eje hacia el cual se inclina con total claridad. Fríamente vista, no logra alcanzar mucha calidad fuera de los actores. Empecé la serie con muchas, muchas ganas, gracias a un piloto poderoso y cruel (tiene una de las más desagradables escenas de tortura que haya visto- es decir, una de las mejores). Queriendo llegar al final, que me resultó un tanto abrupto, admito que fui perdiendo algo el interés. Salvo por una extraña magnitud, que envuelve el modelo de ejes como un velo: la atmósfera.

            Este es el secreto de Utopia y, yo diría, casi su justificación: su capacidad para introducirnos en un mundo ajeno, por muy cercano que sea. ¿Cómo? Mediante un uso habilísimo de la música y el color, de la fotografía, de los cuidadísimos aspectos formales que, como siempre en la televisión británica, viene ya casi por defecto. La extraña banda sonora, sintética, electrónica, hipnótica, a medias burlona, a medias desasosegante, vuelve aún más grotescos los momentos extraños. Y grotesco implica siempre que hay algo terrible en el fondo.

            El color. Ese color yo sólo lo había visto en The Crinsom Petal and the White. No me ha sorprendido demasiado que parte del equipo de detrás de las cámaras esté también en Utopia. Ese color ligeramente exagerado, esos verdes que son lo justo demasiado verdes, ese amarillo no del todo real, esos cielos, esas aguas, esos campos, tan parecidos a los campos de lavanda de Mister Rackham. Sí, yo no lamento haber visto las seis horas de Utopia y buena parte del mérito es de vastos planos generales, como cuadros, ventanas a este mundo enloquecido, con lo bastante de nuestro mundo para ser inquietante y lo necesario de deformando para ser intrigante.

            No, en cambio, la trama ni los personajes. Cuando ví Inception me quedó la impresión de que Nolan había querido indagar en sus personajes al tiempo que planteaba una trama de juego (él mismo dijo que había concebido una película de atracos y un atraco, en el cine, es siempre un juego de tablero con piezas y varios bandos). Y se quedó a medio cambio de ambas: el tiempo dedicado a la partida impidió que se centrara en los personajes y el tiempo consagrado a ellos lastraba el buen ritmo de la película. Esto no se puede decir de Utopia: el ritmo es frenético, la partida nunca se detiene y, si bien no profundiza en ninguno de los personajes, nos desvela lo bastante para encontrarlos suficientemente interesantes… como peones.

            Ahí está otro truco: no hay quien empatice con ellos (al menos, no fue mi caso), pero es que eso no tiene importancia, son relevantes para que el juego siga. Wilson Wilson, Becky o hasta Grant (sobre todo desde la inclusión de Alice, Emilia Jones, hay que seguirle la pista) son personajes que uno lleva con tolerancia y puntos de simpatía, pero no son grandes, ni como humanos ni como piezas. Mucho menos Ian (pobre Nathan Stweart-Jarret, siempre le dan el más cansino del grupo). Eso en el grupo de “resistentes” acosados y medio normales. Realmente, el único personaje que es humano, creíble como tal, es Michael Dugdale, el funcionario del Ministerio de Sanidad empujado a su pesar al centro de la intriga. Un hombre sencillo, no como los demás, que, en mayor o menor medida, ya vivían en el mundo paralelo que muy pronto será el único relevante. Dugdale es el recordatorio perpetuo de que el mundo ordinario sigue viviendo su vida, ajeno a las extravagantes y terribles aventuras de los protagonistas y sus antagonistas, pero también de que éstas están decidiendo su destino. Además, es otro ejemplo de lo grandes que son los actores británicos (punto fuerte de ésta como del resto de series de las Islas). Paul Higgins interpreta aquí a un burócrata, a un empleado del Gobierno. Igual que en The Thick of It. ¡Pero miren si se parece el apocado, tímido, triste y aterrado Dungdale a Jaime, el acerbo perro de presa escocés del aún más temible Malcolm Tucker!

The end of Utopia … or is it?

(Cinco minutos con Malcolm y quedaban todos con las cosas claras)

            Los grandes secundarios están del lado de los antagonistas. James Fox, Geraldine James, Stephen Rea (quien, ay, no es aquí otro Gatehouse)… Tenerlos es garantía de escenas bien interpretadas, con una puesta en escena a la altura. Son más piezas, no personas, y ninguno de ellos no importa como ente en sí mismo; no, insisto, no hay aquí un villano descomunal, por mucho que lo deseemos.

            Los personajes que más me sorprendieron fueron Jessica Hyde y Arby, justo los dos más enajenados, los más sociopáticos. La interpretación de Fionna O´Shaughnessy se me hacía en ocasiones muy cuesta arriba, pero reconozco que persevera en su papel de mujer traumatizada, endurecida y alejada, aparentemente, de todo sentimiento humano, pese a lo cual, de un modo torpe, duro, y turbador, trataba de establecer algún vínculo; sólo mediante el libro de “Utopia”, escrito por su padre, logra hacer un auténtico contacto vicario. Y aún más extraño es Arby, el personaje más grotesco, más repelente (y se hace todo lo posible para que nos repela, hasta el más mínimo detalle físico), y más destructivo, que se nos muestra como el más herido, el más necesitado de contacto. Y también lo intenta: la escena del desayuno con Jessica roza lo ridículamente tierno.

Utopia MAIN

(¡Sin mermelada en las tostadas, Arby! ¡Vaya metedura de pata!)

            Entonces, ¿lo que importa es el juego, la trama? Bueno, pues tampoco. No me maten aún, por favor. Claro que hay una trama, de esas llenas de secretos, recovecos y giros más o menos inesperados (para esperarlos basta con recordar que la paranoia es tu amiga, que todo irá a peor). ¿Qué significado oculta la novela gráfica “Utopia”? ¿Por qué la quiere recuperar a cualquier costa la organización conocida como la Red? ¿Qué plan maestro es el de la Red? ¿Quién es Jessica Hyde y por qué la persiguen los asesinos de la Red? ¿Quién es Mister Rabbit?

            Todo se sabe al final. Para las últimas respuestas hay que esperar a los últimos segundos del último capítulo. Pero, ya digo: ¡qué más da! Todo es un inmenso Macguffin. Nada tengo yo contra las retorcidas conspiraciones de una maligna corporación en la sombra, ni en la ficción ni en la realidad (y podríamos hablar mucho sobre qué supera a qué). Dicho sea de paso, el plan de esta corporación me hace bastante gracia, porque coloca todo en una suerte de zona ambigua. Los métodos de la Red son despiadados, pero también lo es su mayor enemiga, Jessica. Unos y otros juegan a que el fin justifica los medios, y quien tiene dudas las tiene en cuanto a cuál será el fin legítimo, en fin, no en cuanto a los medios.

            La trama encaja, sí, a fuerza de giros y retorcimientos, pero no con la elegancia, con la precisión, con la inteligencia de otras series, como State of Play o la soberana The Shadow Line. Aquellas eran tramas de verdad. Esta es una farsa, irónica, desapacible, macabra y sin mayor relevancia. Es todo aire, artificio, colores, sonido, música. Un relato onírico, un mundo que no hay que tomarse muy en serio. Una pesadilla paranoica. Nada más. Nada menos.

UtopiaHellsWaitingRoom

(Sleep still…)

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