Con un vaso de whisky

enero 22, 2013

La Emperatriz del Mal

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:11 pm
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            Muchas de las películas de Disney están basadas en cuentos, relatos e historias preexistentes. Yo he leído bastantes de esos cuentos y muchos son espléndidos. Y las películas de Disney, a su modo, también. El cambio más evidente es el tono: la Disney, aunque infiltraba cargas de profundidad, quitaba mucha oscuridad, mucha violencia, mucha crueldad. Es lástima. Al fin y al cabo, los cuentos de hadas son para niños (y para adultos astutos) y para que aprendan, entre otras cosas, que ahí fuera hay monstruos de todos los pelajes. Si el niño es prometedor, puede que descubra que él es uno de ellos.

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            De las películas “clásicas” de Disney, La Bella Durmiente es de las mejores. Está basada en un cuento de hadas popular, versionado tanto por Perrault como por los Hermanos Grimm. Es claro que Disney sigue a los Grimm, porque Perrault,  más cercano a las fuentes originales, hace continuar el relato mucho después de la boda, cuando ya han nacido los hijos de la Princesa (Aurora y Día) y narra cómo la madre del Príncipe, una Reina medio ogresa, trata de devorarlos, siendo burlada por el cocinero (el Príncipe del cuento no hace más que besar a la dormida muchacha, lo cual tal vez debiera ser estudiado por algún tribunal uno de estos días). Disney no da a su Príncipe una madre tan terrible con un medio muy simple: elimina toda referencia a la misma, dejándonos suponer que su padre, el Rey Hubert, es viudo. A cambio de escamotearnos a esa caníbal, nos da a la espléndida Maleficent.

            Esta película es notable en ciertos aspectos. El dibujo es muy distinto al de otras películas previas: los personajes son altos y angulosos (un tanto como pintados por El Greco) o bajos y redondeados. Colores y vestimentas son vistosos, al igual que las localizaciones: el castillo del Rey Stefan es El Castillo en el que se mirarán todos los demás castillos de películas fantásticas, la cabaña del bosque es La Cabaña por antonomasia y la Montaña Prohibida es la más siniestra fortaleza de la Oscuridad que hasta la fecha se había puesto en una pantalla.

            Cierto que hay imperfecciones, como los estáticos fondos donde danzan y charlan los personajes principales, pero se compensan por sus muchas virtudes. Disney y los suyos, tal vez haciendo un guiño a su magnífica Fantasía, sólo usan música sacada del maravilloso ballet de Tchaikovsky, aunque sin seguir el orden del original. Por ejemplo, la danza del Gato Negro y el Gato Blanco es empleada con habilidad en una de las mejores escenas de la película: la Princesa Aurora (aquí es ella, no su hija, la que se llama así) es hipnotizada y arrastrada hasta su perdición, cuando ya parecía a salvo:

            Ah, ahí la tenemos, Maleficent (y la voz de Eleanor Audley) en uno de sus momentos de triunfo. Ahora mismo vamos con ella, antes déjenme que lance un rápido vistazo a los demás personajes. Porque en La Bella Durmiente la división de castas es tan rígida como en otras películas ya comentadas, pero los que en ellas están encajonados son superiores a sus predecesores.

            La Parejita es, sí, tan detestable como es habitual. Aurora, Rose durante buena parte de la función, no es consciente de ser un princesa y, de hecho, queda horrorizada al descubrirlo, porque eso chafa sus planes para una segunda cita con su desconocido enamorado. Éste es el Príncipe Phillip, su prometido desde el nacimiento. Pero ni Aurora ni Phillip parecen tomarse sus obligaciones monárquicas muy en serio ante el reclamo de la carne. Vale que Aurora está dispuesto a seguir siendo Rose, pero el tarambana de Phillip quiere iniciar los matrimonios morganáticos con siglos de antelación. El Rey Hubert es demasiado bonachón e inocente para darle la respuesta correcta, la que el abuelo de Marius da a su insufrible nieto en Los Miserables (novela): ¡Tonto! ¡Tómala por amante!

            Hubert pertenece a los secundarios Cómicos, con el rey Stefan y a un Trovador anónimo, gracias a una de las escenas menos necesarias para la trama y más agradecidas por el espectador. Los dos soberanos esperan que termine el día previo al dieciséis cumpleaños de Aurora, cuando la maldición quedará anulada. Dispuesto a levantarle el ánimo a su viejo amigo, Hubert descorcha una botella de vino especial para la ocasión y, mientras brindan y cantan, el bardo se las arregla para escamotearles casi todo el vino. Luego, por un comentario inocente de Stefan, ambos se enzarzan en una pelea de comida que les lleva a declararse la guerra, hasta que, justo cuando parece que estamos en una obra de los Hermanos Marx, recobran tristemente el juicio y se echan a reír. Es el único momento en que Stefan cae bien y, si no fuera por la igualdad de rangos, recordarían al Rey y al Gran Duque de La Cenicienta, aunque estos eran más graciosos:

            Son, sin embargo, las Hadas Buenas, Flora, Fauna y Merryweather las, al tiempo, Cómicas y Protagonistas de la obra. Ellas llevan el peso de la trama: ellas dan los dones, ellas contrarrestan la maldición, ellas planean cómo proteger a la Princesa, ellas la esconden, ellas rescatan al Príncipe (es una de las ironías de la obra que más me gustan), ellas derrotan en verdad a la Villana en el enfrentamiento final. ¡Todo lo hacen ellas! Y todo mientras discuten entre sí, como lo que son, tres entrañables solteronas, sin pizca de amargura, dos tozudas, una sosegada, logrando así un peculiar equilibrio que proporciona simpáticos diálogos y enfrentamientos (¿El vestido azul? ¿El vestido rosa?).

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            Si las Hadas Buenas son las Protagonistas Cómicas, Maleficent es la Protagonista Malvada. Hasta ella, ningún villano de Disney, ni siquiera la Reina de Blancanieves, había alcanzado tal grado de preeminencia. Cuando se menciona esta película, primero se piensa en Maleficent, luego en las Hadas y después, en todos los demás. El título de Emperatriz del Mal sería absurdo fuera del mundo de Disney, donde hay monstruos mucho más perversos, pero, dentro de esos límites, Maleficent está, en mi opinión, legitimada para proclamarse tal.

Maleficent

            ¿Quién es Maleficent? Sus poderes y su apariencia podrían hacernos pensar que es una hechicera humana, pero eso sería erróneo. En el cuento original, a la presentación de la Princesa eran invitadas una legión de hadas. El equivalente de Maleficent era la única no invitada. Yo estoy convencido de que la villana es de la misma naturaleza que las Hadas Buenas, sus rivales (hay indicios de una vieja y enconada enemistad) y, si actúan juntas, sus iguales. Flora, Fauna y Merryweather tienen una caprichosa inclinación por el Bien: dan regalos maravillosos al bebé sin motivo alguno y sacrifican dieciséis años de su existencia, con una estricta abstinencia de magia, para protegerlo. ¿Por qué? Porque son hadas y ése ha sido su capricho. Se encariñan con Rose y sienten estima por sus padres, pero en el fondo su bondad es feérica y, por tanto, ajena a las motivaciones humanas.

            Lo mismo, pero para el Mal, es aplicable a Maleficent. ¿Qué crimen terrible se comete contra ella? No invitarla a una ceremonia. Está claro que el Rey y la Reina conocían la fama de Maleficent, pero calcularon muy equivocadamente su reacción. No me invitáis a conocer vuestra hija. Yo la maldigo a morir y, además, os digo el día exacto, para que podáis contar cada segundo, llenos de angustia, hasta que llegue. Tras fingir sentirme confundida y avergonzada al no comprender que la invitación no llegó porque no era bien recibida.

            Pero este hada maligna no se queda luego de brazos cruzados. Despliega una considerable energía para lograr su propósito, pese a ser secundada por ineptos, excepción hecha de su cuervo. Y, cuando al fin triunfa, no se duerme en los laureles, sino que atrapa al Príncipe y lo encierra en sus calabozos. De haberlo matado, su victoria hubiera sido pragmáticamente completa. Pero estéticamente nos habríamos perdido una de los grandes momentos de Maleficent y uno de los más interesantes de su psicología. Las Hadas Buenas han logrado infiltrarse en la Montaña Prohibida. Siguen a su enemiga, quien abandona las celebraciones de sus secuaces para descender a la celda del Príncipe. Y allí se le concede uno de los soliloquios más sarcásticos que Disney otorgara nunca un Villano:

            Aquí tenemos una pista de las motivaciones de Maleficent. ¿Para qué encerrar a Phillip, que es el único que puede desbaratar su venganza deliciosamente desproporcionada? Por puro sadismo. Por gozar de su triunfo. Para tener a un reino muerto en vida y a un Príncipe heroico languideciendo, consumido por el qué podría haber sido. De ahí mostrar a la amada de Phillip, revelándole que es la misma muchacha por la que perdió la cabeza hace unas horas, y profetizarle su “glorioso” futuro, como sombra de lo que, conforme a los cuentos, él debería haber encarnado. Nadie se burla de los tópicos de los cuentos (que han sido popularizados en su versión más sentimentaloide por Disney) con más malicia que esta Malvada disneyiana, en un arrebato de júbilo que parte del público, sin duda, comparte.

            Así, Malficent no está gobernada por pasiones como la vanidad (pese a que los dibujantes quisieron otorgarle un atractivo frío y algo reptiliano), la ambición social o las ansias de inmortalidad, como las Madrastras. Maleficent no codicia el poder (ya tiene su propio dominio), ni siente rencor, envidia o celos. La falta de invitación no es más que una excusa para dar rienda suelta a su perfidia. Ella se dedica al Mal, porque tal es su naturaleza, absoluta y sin fisuras. Esto podría convertirla en un ser plano pero posee el raro carisma negativo que caracteriza a los Malvados supremos de la Literatura, Yago y Edmund. Maleficent está muy por debajo de ellos en la jerarquía del Mal, pero es lo más cercano a su nihilismo negativo que hay en Disney, aunque tanto Yago como el bastardo de El Rey Lear son mucho más complejos y varían a lo largo de sus obras, mientras la hechicera féerica permanece idéntica desde el principio hasta el final.

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            Este sádico gusto por causar el mal a los demás es su única pasión, que la obsesiona hasta el punto de jugarse cuanto posee por atormentar a Aurora, Phillip, parientes y súbditos anónimos. Una pasión por el juego, por el control sobre las vidas de otros, por el puro deleite de atormentar. De entre todos los villanos de Disney, sólo ella está en el camino del Juego, de la Guerra Perpetua. Si esto no es merecedor de admiración, no sé qué lo será. Y quieren que la interprete Angelina Jolie… no hay respeto.

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