Con un vaso de whisky

septiembre 16, 2012

La Torre de los Locos

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:08 pm
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            Las comparaciones son odiosas, es bien sabido. Muchas veces, también es sabido, inevitables. El señor Andrzej Sapkowski, pienso yo, ha de ser bastante consciente de que, tras su triunfo (literario, sobre todo, por encima de todo) con la saga de Don Geralt de Rivia, cualquier escrito posterior suyo tendrá que enfrentarse al fantasma del Lobo Blanco. Es injusto, lo sé. Admito que soy culpable de esa injusticia.

            No me gusta demasiado comentar una saga antes de haberla terminado. Cuando lo hago, dejo en suspenso cualquier juicio, por parcial e incompleto. Así que, aplíquese esta regla a cuanto diga en esta reseña. Porque Las guerras husitas tiene por delante aún dos volúmenes. Aunque es cierto que el primero, Narrenturm es casi tan largo como todas las andanzas de Geralt y los suyos.

       Año 1420, Silesia, región encajada entre los reinos y principados alemanes, polacos y bohemios. Los husitas, seguidores del hereje Jan Hus, han logrado extender su doctrina por esta y otras regiones: muchos pobres, aldeanos, desheredados de la sociedad, la aceptan con los brazos abiertos. Los señores se oponen a ellos o les apoyan, según sus propios intereses. El Papado clama por una nueva cruzada que los borre de la faz de la tierra. La guerra asola Centroeuropa.

            Reinmar de Bielau, un joven médico educado en Praga, comete el error de encamarse con una hermosa noble emparentada con la poderosa familia de los Sterz. Comete el segundo error de estar enamorado de ella. Cuando el adulterio es descubierto, al bachiller estudioso de la alquimia y admirador de los trovadores no le queda más remedio que huir, perseguido por asesinos a sueldo, huida en la que irá encontrándose con los más variados individuos y metiéndose hasta el cuello en la cruel guerra europea.

            Lo dije en su momento y lo digo ahora: Sapkowski es un gran escritor. Tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Tiene, sobre todo, puntos fuertes. Un gran dominio del lenguaje, la capacidad de hacer hablar de manera diferente a los personajes, de usar vulgarismos donde deben usarse, inteligencia, mordacidad, rechazo del maniqueísmo, fluidez y talento para la narración. Es de los escritores que saben enganchar al lector.

            Las virtudes de Narrenturm, son, así, en buena medida, las virtudes de la saga de Geralt. Pero tiene sus fallos y un par más. Su principal fallo, en mi opinión y por ahora, es el desdibujamiento de los antagonistas. Con Sapkowski nunca está claro del todo quiénes son los más villanos (es lo que tiene moverse en los grises). En estas guerras husitas pueden serlo tanto los agentes del Santo Oficio, los ambiciosos nobles de Silesia, los despiadados líderes de la rebelión, la familia Sterz (la escena donde Sapkoswki nos revela quién es la verdadera cabeza de la familia es estupenda) o el misterioso Treparriscos y sus secuaces (a día de hoy, son quienes tienen más papeletas). Pero ninguno posee una personalidad lo bastante poderosa como para alcanzar el grado de Antagonista Como Dios Manda.

            Porque hay protagonistas, eso sí. Y, ay, aquí es donde la comparación se hace particularmente odiosa. Por mucho que lo intenté, no pude evitarlo: a cada instante, en cada posada, en cada recodo del camino, esperaba que hubiera un bardo de insolentes maneras y vistoso sombrero metido en un lío, una pelirroja hechicera alegre y de armas tomar, o una hechicera de melena oscura, que oliese a lilas y grosella, de aún más armas tomar, una niña de cabellos cenicientos, intrépida y endurecida, o un taciturno brujo en busca de un nuevo encargo.

            Ya sabía que no, pero no pude evitarlo. Porque el protagonista de esta nueva saga no han logrado seducirme. No, ciertamente no, el joven Reinmar de Bielau (Reynevan para los amigos). Este bachiller con la cabeza llena de romances, y poca astucia, tal vez se convierta en alguien digno. Es el lastre de las historias de iniciación, que hay que aguantar al héroe mientras se va formando. Los héroes en formación me cargan mucho, y sólo los tolero si están compensados por secundarios que merecerían ser principales y dignos malvados de diverso rango.

            Los malvados aún flojean, pero los secundarios de respeto son uno de esos puntos fuertes de Sapkowsi. Tan es así que en ocasiones dan el salto y se convierten efectivamente en principales (es el caso de Ciri). Para mí no fue el menor de los méritos de la saga de Geralt que el propio Don Geralt pareciera más el secundario de otra obra (que hubiera sido menor), ascendido de categoría por méritos propios.

            Sapkowski encaja a Reynevan entre dos individuos que se toman su tiempo en aparecer, pero que, cuando al fin lo hacen, elevan la calidad. Scharley y Sansón Mieles están obligados a permanecer un paso por detrás (misterios de la trama: no sabemos quién es Scharley, por qué estaba donde estaba cuando le encontramos, ni sabemos quién, o hasta qué, es Sansón), pero lo compensan sencillamente estando.

            La inventiva, astucia, sarcasmo, y escepticismo de Scharley, junto a la amabilidad, erudición y dignidad de Mieles los convierten en justificación de Reynevan. Si estos dos individuos terminan forjando una verdadera amistad con el joven médico (pese a los rapapolvos, broncas, insultos y maldiciones que Scharley descarga, siempre con razón, sobre él), démosle una oportunidad La tercera secundaria con visos de ser importante, Nicoletta, ha dado indicios de ser una mujer de Sapkoswki, de las que saben defenderse y merecen la pena, no una lánguida damisela cansina. Con todo, sus apariciones han sido hasta ahora demasiado escasas y su relación con Reynevan (¿qué relación? pues esa, sí, me temo) es de lo más débil que hay en este primer volumen.

            Esta es una novela que tiene lugar en nuestro mundo, en nuestra Historia. No es una tierra ajena, o fantástica. Pero Sapkowski no escribe una novela histórica, ni mucho menos una novela realista. Hay fuerzas ocultas, criaturas que se agazapan en el bosque, hay ciencia y hay superstición, sí, pero también hay magia y fuerzas que desconocemos. Todo ello usado con gran maestría, con cuidado al principio, hasta que vemos a las claras que en esta Baja Edad Media hay auténtica hechicería, mucha menos de la que creen los parroquianos de las tabernas, mucha más de la que creen los sabios.

            Las comparaciones son odiosas. Las guerras husitas pueden ser una gran saga de aventuras o quedarse en un meritorio intento, aún no lo sé. Sea como sea, será por sus propias fortalezas y flaquezas. No por las Gwynnbleid, por mucho que le echemos de menos.

1 comentario »

  1. […] hasta la fecha. De su nueva serie de novelas, Las guerras husitas, reseñé la primera entrega, Narrenturm. Decía allí que, como parte de una obra mayor, cuanto criticase, para bien o para mal, tendría […]

    Pingback por Y Europa sangra | Con un vaso de whisky — marzo 28, 2013 @ 11:38 am | Responder


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