Con un vaso de whisky

junio 20, 2012

Monsieur Vergès

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:15 pm
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            Jacques Vergès, uno de los más grandes abogados vivos, tal vez uno de los más grandes abogados de la Historia, es, además, una de las figuras dignas de atención para el historiador y para el aficionado a la psicología. No oculto que, de tener los medios y la capacidad suficiente, me entusiasmaría la idea de escribir una biografía sobre él. ¡Qué diablos! Me hubiera encantado haberlo tenido de profesor. Creo que cualquier estudiante aprendería en seis meses a su lado, más que en cinco años de licenciatura. Y, sin embargo, es un individuo poco conocido, al menos, en España. Porque en Francia, en Argelia, en el Oriente Medio, en Asia… ah, sí, ahí es muy conocido.

            Recuerdo vagamente la primera vez que le vi, en televisión. Irak estaba en el centro de la polémica, el ejército norteamericano ocupaba con toda su fuerza el territorio, enfrentándose a grupos más o menos organizados, algunos nacionales, otros extranjeros. Saddam Husseisn, el viejo dictador, había sido capturado, y se preparaba un proceso, contra él y otras relevantes figuras del régimen caído. Varios abogados se presentaron voluntarios para defenderle y, aunque creo recordar que fueron finalmente abogados iraquíes los que actuaron, los extranjeros se convirtieron en una suerte de consejeros.

            Vergès estaba entre ellos. Escuché parte de una entrevista, en su despacho, fumando uno de sus inseparables puros, respondiendo con cortesía a las preguntas tópicas del periodista. Más tarde, leí unas cuantas entrevistas suyas más, en prensa. En ellas se repetían dos temas fundamentales: el tan manido de la posición del abogado defensor (una de sus tajantes respuestas decía, más o menos, “el abogado que no quiere tratar con culpables es como el médico que no quiere tratar con enfermos”) y la biografía de Vergès, en concreto casi una década de misteriosa desaparición, donde sólo él, y unos pocos más, desconocidos, saben dónde estuvo y haciendo qué. Vergès ha confesado que le produce un enorme placer ser capaz de guardar ese secreto en esta era de información obsesiva.

            El hombre me intrigó. Era sutil e inteligente. Había, además, un aura de intriga a su alrededor. Indagué un poco, en busca de los libros que de él hablaban o que él había escrito. Pocos, muy pocos, editados en España. Y, de todos, sólo logré encontrar uno: Estrategia judicial en procesos políticos. No era lo que me esperaba: creía que iba a encontrar un tratado teórico, abstracto, de Derecho. Me encontré con un breve ensayo, de método casuístico. Apoyado en algunos grandes procesos de la Historia (y por grandes quiero decir casi legendarios, como el juicio contra Sócrates, contra Jesús, contra Juana de Arco, algunos procesos de Cicerón…), Vergès describía una de sus aportaciones capitales al Derecho Penal: la “defensa de la ruptura”.

            Así, mientras ciertos procesos penales, desde el punto de vista de la defensa, deben llevarse de manera ortodoxa, de acuerdo con las reglas del juego (mi cliente no lo hizo, no se puede demostrar que lo hizo, otra persona lo hizo, mi cliente no es imputable, o no es responsable, total o parcialmente, por estos motivos), otros deben seguir una lógica diametralmente opuesta: la de aquella que niega legitimidad al Tribunal, al Estado y a la Sociedad para acusar, juzgar y condenar al defendido. Son los procesos eminentemente políticos, en los que la sala de vistas puede ser usada como una caja de resonancia, para lograr una reacción popular, política, moral, que descarrile la maquinaria legal.

            No pienso analizar esta tesis (me llevaría demasiado tiempo y espacio), pero me pareció (aún me parece) interesante. Mi intriga por Vergès creció. Al fin, descubrí un documental sobre él, El Abogado del Terror, del director Barbet Schroeder. Un documental de dos horas largas dedicadas al abogado, al hombre y un poco al mito. A interrogarse por su pasado, por su historia, por su contexto… y por su misterio.

            El largometraje es espectacular. No cae en maniqueísmos fáciles, ni en apologías de libertadores o demonizaciones, y dedica un buen trecho del primer tercio a explicar la sangrienta Guerra de Argelia, hasta la independencia respecto a Francia. Porque en ella Vergès se forjó como abogado defensor.

            En las personas que se mueven entre bambalinas hay, intuyo, una tensión psicológica: por un lado, el placer de saberse detrás de los acontecimientos, sin que casi nadie más sea consciente; por otro, el deseo de revelarse, de satisfacer el ego, de mostrar la propia astucia. Pues bien, Vergès habla más de la mitad del metraje del documental. Y logra un equilibrio perfecto. Muestra lo suficiente para satisfacer su vanidad intelectual (se nota que disfruta cada segundo), sin revelar nada que no quiera. Sus palabras están cuidadas al milímetro, sus gestos, sus ojos, cejas, manos, entonación, no dan ni una pista, si es que él no quiere darla. ¡Y a saber si esa pista será falsa! Y el resto de opiniones que sobre él se dan, no encajan, o son contradictorias en ocasiones… No, el rompecabezas no termina completo. Acaba uno sin teniendo poca idea de sus ideas o convicciones.

            Algo es cierto: Vergès, desde que puede, selecciona sus clientes entre los criminales más odiados. Dictadores, terroristas, asesinos en serie, genocidas… Hay en esta actitud no poco de provocación. Pero sus críticos tienden a ser moralistas escandalizados que olvidan dos cosas. La primera, que todos tienen derecho a la defensa, todos: un abogado penalista nunca es digno de críticas por defender a un acusado. La segunda, que en muchos de estos procesos las acusaciones hacen gala de una notable hipocresía, porque los acusados, aun siendo muchas veces responsables de atrocidades, se sientan en el banquillo simplemente por no ser ya útiles en el gran juego político, y son sacrificados, como chivos expiatorios de situaciones complejas y siniestras, por sus antiguos aliados, que, en los procesos internacionales, son a veces los mismos que acusan.

            No, no es el Vergès abogado el que me parece oscuro. Es el que hay detrás de la toga. Hay allí oscuridad, hay opacidad, hay poco que se entrevea y nada que se sepa. ¿Con quién estuvo de 1970 a 1978? Desde que se fue de Argelia, ¿por dónde anduvo? ¿Qué contactos estableció? ¿Qué hacía? Él lo sabe. En dos momentos del documental hay segundos donde se comprende que otros también. Son de esos segundos que te hacen caer en la cuenta de lo poco que sabemos, no ya de la Historia remota, sino de la contemporánea y de nuestro propio presente.

            Revisito el documental de cuando en cuando, siempre que encuentro un amigo que no lo conoce. Hasta ahora, las reacciones han sido similares a la mía propia. Véanlo. Supone un reto, hay que estar atento a cada detalle, mientras la magnífica voz de Jacques Vergès acumula argumentaciones, silencios, aseveraciones, envueltas en ironía y corteses ademanes, esgrimiendo su cigarro como una batuta de director. Les caerá bien o mal, estarán o no de acuerdo con él, tendrán o no la misma sensación que yo ante lo que se apunta, pero no se revela…

            Decepcionados, no terminarán. Eso, se lo garantizo.

1 comentario »

  1. ESTOY EMPEZANDO A ESTUDIAR A ESTE HOMBRE, SI SEÑOR !

    Comentario por MIGUELANGEL — febrero 4, 2013 @ 9:46 pm | Responder


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