Con un vaso de whisky

enero 15, 2012

Sombras grises

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:22 pm
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             Nietzsche, creo, escribió que “el Estado es el más frío de los monstruos”. Podríamos discutir esa afirmación, porque hay por ahí otros monstruos fríos con ganas de competir. Pero si hablamos de los servicios secretos, de la inteligencia oculta de los Estados, estos tienen buenas papeletas para ganar el sorteo.

             John Le Carré, que conoció de primera mano ese mundo, se dedicó luego a escribir sobre él. Es un lugar común saludarle como maestro del género, como buen narrador y como antimaniqueo. Son lugares comunes ciertos, así que no vamos a insistir. Lo que vamos a hacer es ver si la película El topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, en su título original), basada en la novela del mismo título, ha sido capaz de captar la atmósfera, el estilo y el ruido de fondo de Le Carré. Adelanto la respuesta, por si hay gente ansiosa: sí.

             Adaptar cualquier novela de Le Carré al cine (o la televisión) de manera correcta supone renunciar al efectismo, al ritmo trepidante, a las explosiones y a las carreras. A cambio, supone asumir la gran frase de Rousseau: Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía. Mucho frío, mucha razón de Estado, muchas pasiones severamente reprimidas, mucha astucia retorcida. Y, a pesar de mi propia cita, no siempre demasiada cortesía.

            Tomas Alfredson ha entendido muy bien la forma de narrar de Le Carré: una maquinaria implacable, traspasada por sentimientos muy humanos, en la que nadie es de fiar. Capta espléndidamente el ambiente apagado, gris, burocrático del Circus, la sensación de desconfianza mutua, de vagas amenazas que flotan entre el humo de los cigarrillos. Esta película (como la magnífica serie Rubicon) es de las que hay que ver si uno tiene la tentación vital de dedicarse a este mundo lleno de sombras, donde se sacrifica todo, absolutamente todo, en aras de la información y el poder.

            Alfredson cuenta con un reparto espectacular para sacar adelante esta laboriosa adaptación. ¡Vaya nombres! Toby Jones, Ciarán Hinds, John Hurt, Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch… y Gary Oldman, uno de mis actores favoritos por versátil.

             Oldman se mete en el traje de George Smiley (haciéndole adelgazar unas cuantas libras), uno de los personajes grandes de Le Carré y uno de los más complicados de interpretar para un actor. Porque si algo caracteriza a Smiley, aparte de su sagacidad, es su impasibilidad. Como buen espía, es inescrutable y engañosamente anodino. Corta rápidamente cualquier conversación que se acerque a su vida privada, reconduciéndola al caso que investiga. No deja que nadie sepa su estado de ánimo, siempre oculto tras su mirada cansada, su gesto impasible, su voz suave y cortés.

             Pero Smiley es un hombre, con sentimientos, frustraciones, heridas y ansias. Y como Oldman es un actorazo, sabe que un levísimo torcimiento del cuello, un temblor de párpado, una mano que se agarra a una barandilla durante un segundo pueden desvelar más del alma humana que un soliloquio de dos páginas (salvo si es de Shakespeare).

             El resto del elenco está también inmejorable. Sin necesidad de darnos muchos datos sobre cada uno, podríamos sacar conclusiones bastante acertadas sobre la vida y el carácter de esos hombres trajeados que dirigen una guerra sorda, sucia y cruel contra adversarios que nunca vemos, pero que no se diferenciarán mucho de ellos mismos. Y cualquier lector de Le Carré reconoce a primera vista a Control, Haydon, Allilen o Prideaux.

              Dos personajes clave en las novelas de Smiley y en la vida de este espía, Ann y Karla, no aparecen directamente. En la estructura de flashbacks, una y otro aparecen como siluetas desdibujadas. Y en las escenas del presente, su presencia se hace notar en las conversaciones y por otros medios: los perfumes de Ann en el tocador, que Smiley ve nada más levantarse de su solitaria cama matrimonial, o la figura del rey de ajedrez con la etiqueta “Karla”… y, sobre todo, esa noche de confidencias entre Smiley y Guillam, ese único encuentro con su gran rival, esas cuarenta y ocho horas que George rememora de un modo casi angustioso, cayéndosele en parte la máscara.

              El juego entre presente y pasado está bien trazado, por la mano hábil del director. Pero la película exige del espectador atención plena. No se nos escamotean datos, pero tampoco se nos da la trama mascada. Hay que estar con los ojos y los oídos abiertos, porque las elipsis son importantes y la clave de una escena puede estar en un movimiento. Es agradable encontrar una película que presuponga cierta inteligencia en el espectador.

                Lo único que me pareció un poco fuera de lugar fueron los últimos segundos. Pero luego recordé que había visto un capítulo, de dos horas, dentro de una saga más larga. Que el duelo entre Smiley y “Karla” no había terminado. Ojalá el siguiente asalto se estrene pronto. 

 

1 comentario »

  1. Me apetece un peli de espias —- están echando “El Topo” en el cine. La ecuación se resuelve sola. Y, después de leer esta crítica, parece que estará a la altura de las expectativas.

    Gran post, señor conunvasodewhisky. Como siempre.

    Comentario por Javi — enero 21, 2012 @ 5:10 pm | Responder


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