Con un vaso de whisky

diciembre 4, 2011

Don Geralt

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:22 pm
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            Hacía tiempo que no recomendaba ningún libro. Para compensarles, hoy les recomiendo a ustedes una saga. Y una saga de las grandes, de las que duele terminar, pero resulta aún peor no haber leído. El autor es el señor Andrzej Sapkowski. La saga, la de Geralt de Rivia.

            Ahora, poco a poco, el género de fantasía está logrando salir del pozo de la literatura pulp. Cuando oímos palabras como magos, dragones, elfos, ya no nos salta automáticamente la alarma anti-Dragonlance, ni la nostalgia o el repelús tolkenianio. Si Sapkowski fuera anglosajón (y lo dice un anglófilo), se le saludaría como a uno de los responsables de esta elevación. Pero es polaco. Y, fuera de Polonia, no se le conoce como merece.

            Del señor Sapkowski he leído algunos relatos, entre el terror, el humor y lo mágico; también, la estupenda novela corta La tarde dorada, que ningún amante de Carroll debe perderse, llevando, eso sí, una provisión de humor negro en la alforjas. Tengo pendiente su nueva saga, Las guerras husitas. Por ahora, según mi conocimiento, su obra cumbre son las andanzas de don Geralt, brujo y cazador de monstruos.

            La saga empieza con dos libros de relatos, El último deseo y La espada del destino. Quizás alguno sienta la tentación de saltárselos. Error capital. Porque en ellos se nos presentan muchos y grandes personajes, se nos introduce en el mundo de Geralt y se nos afina el ojo y el oído ante el uso maestro de la prosa de Sapkowski. Y aclaro: no sé polaco; en un mundo ideal, habría leído estos libros en su lengua original- en este mundo real, he tirado de una traducción extraordinaria, trabajada, esmerada y de una lealtad encomiable.

            Sapkowski no es fácil de traducir. Emplea con igual desenvoltura el lenguaje más escogido y el más barriobajero, la jerga de la calle y la de los estadistas. Se empeña (y lo consigue) en dar una voz diferente a cada personaje y a distinguir clases sociales, educación y estilos. Un escribano no habla como un soldado raso, un posadero como un canciller.  José María Faraldo ha sudado la gota gorda, pero ha logrado transmitir esta cualidad fundamental de Sapkowski.

            En cuanto al mundo… algunos opinan que la Tierra Media es un trasunto de una Europa en algún tiempo remoto y que los Reinos de Poniente (Westeros) es una Gran Bretaña del tamaño de Sudamérica. Las tierras que Geralt, sus aliados y enemigos habitan andan al tiempo más cerca y más lejos de nosotros.

            Más cerca, porque se ven rasgos del Este de Europa en nombres, títulos, costumbres; porque la magia va cediendo paso a una realidad más mundana; porque hay quizás ciertos guiños a la Historia de nuestro Viejo Continente (para mí, la corte del Imperio nilfgaardiano se parece a ratos mucho a la de Felipe II y, otras, casi a la de Enrique VIII). Y porque hay una profunda reflexión sobre la violencia, la xenofobia, el racismo, la injusticia, las ansias de libertad.

            Más lejos, porque el trasfondo, que se nos va desvelando, dejándolo caer en conversaciones, sin formar un tratado geográfico-histórico-ecológico, es el de un mundo entre otros, mundos separados por un cataclismo lejano, la Conjunción de las Esferas, que ha dejado aquellas tierras empapadas de magia, mutantes y monstruos. Al contrario de, por ejemplo, la obra de George R. R. Martin, aquí se habla a las claras de hechicería, de gnomos, de elfos y enanos.

             ¡Ah, pero calma! Sapkowski es al antimaniqueo por excelencia. Que nadie se espere una historia con buenos y malas, siendo, encima, los elfos todos buenísimos. El mundo de Geralt está roto. Las heridas entre razas, naciones, pueblos, clases e individuos sangran. Hay páginas que, con grandísimos cuidados (porque esta es, al fin y al cabo, una obra de ficción), bien pueden hacer reflexionar sobre nuestras relaciones.

              O sea, por ahora, unos relatos llenos de ritmo, de aventuras, de diálogos vibrantes, de humor seco, de dolor, de complejidad que se leen con avidez. Y con una galería de grandes: las hechiceras Yennefer de Vergenberg y Triss Merigold, el bardo Jaskier, Ciri… y Geralt de Rivia.

             Geralt, el Lobo Blanco, miembro de la orden de los brujos, criaturas seleccionadas desde la niñez, entrenadas hasta la extenuación, sometidas a terribles cambios en un momento dado hasta abandonar su humanidad, convirtiéndose en mutantes, mutantes dotados de agilidad, fuerza, precisión y cierto control mágico, para poder cumplir su misión: erradicar a las bestias antinaturales del mundo. Pero que pagan un alto precio: la esterilidad, el ostracismo y una implacable neutralidad en los asuntos de los pueblos y reinos.

             La lucha entre esa neutralidad, esa supuesta falta de sentimientos, y la obligación moral de implicarse (o no) política o emocionalmente es uno de los grandes temas de la saga. Ya se nos insinúa en los relatos. Cuando estos dan paso a una novela (de traca), surge con toda su fuerza. Y cambia a los personajes.

              La sangre de los elfos, Tiempo de odio, Bautismo de fuego La torre de la golondrina, La dama del lago… estos volúmenes forman un conjunto narrativo, una historia con nudo y desenlace. La introducción habría que buscarla entre los primeros relatos. Una historia memorable,  con secundarios espléndidos a los que yo desearía haber visto más a menudo (entre ellos, el conde Segismund Dijkstra, maestro de espías) escoltando a los cada vez más grandes personajes principales.

               Hay poco que reprocharle a esta saga. Si acaso, donde yo veo cierta debilidad, es en los antagonistas. Esto es grave. Una historia donde los antagonistas más importantes son interesantes, pero andan muy por detrás de los protagonistas… Pese a ello, tienen fuerza. Y uno, sobre todo, Leo Bonhart, el gigante cazarrecompensas huesudo, escapa a este reproche. Bonhart anda tras la estela del juez Holden, aunque mucho los separa.

               Ya ven, he conseguido, me parece, darles buenos motivos para leer esta saga sin hacer una referencia a su argumento. Resumo: leerla es un placer mayúsculo. Y, cuando la acaben, con pena, sepan ustedes que hay dos grandes juegos para ordenador (¡y polacos!) donde nos podremos reencontrar, dignamente, con nuestros viejos conocidos. Pero de estos, ya hablaremos quizás algún día.

               Ahora, vayan a una biblioteca o librería; Sapkowski se lo merece.

5 comentarios »

  1. […] hablado otras veces. En especial, me explayé sobre sus virtudes al recomendarles la enorme saga de Geralt de Rivia. Por si acaso, vuelvo a insistir: es, quizás, la mejor saga de fantasía que he leído hasta la […]

    Pingback por Y Europa sangra | Con un vaso de whisky — marzo 28, 2013 @ 11:38 am | Responder

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    Trackback por best way to play roulette — marzo 3, 2016 @ 2:24 am | Responder

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