Con un vaso de whisky

octubre 8, 2011

Valjean y Javert entretejidos

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:17 am
Tags: , , , ,

            Cuando Claude-Michel Schönberg, Alain Boublil, Jean-Marc Natel y Herbert Kretzmer decidieron hacer una versión musical de la impresionante novela Los Miserables, supongo yo, tuvieron un par de minutos de pánico ante la página y la partitura en blanco. Era una tarea complicadísima. A la vista del resultado, estos caballeros son gente de talento.

            Hubo que dejar mucho en el tintero, claro. Las reflexiones, los auténticos ensayos que Victor Hugo introducía en sus novelas (sobre todo en esta) tenían que dejarse de lado o, como mucho, dejar caer alguna gota en alguna canción. Los maravillosos capítulos dedicados a la batalla de Waterloo, claro, tampoco tenían cabida. Los estudiantes del ABC quedan uniformados, sin apenas los rasgos personales que Hugo les otorgó (en especial Enjolras y Grantaire). Pero, demonios, con todo y con eso, hicieron un trabajo espléndido. Oh, dicho sea de paso: si quieren perder tiempo y dinero, vayan a ver la versión que se perpetra estos días en Barcelona (no sé si también en Madrid).

            Dejando de lado un montón de cosas que tal vez examinemos en futuras entradas, en el musical existen varios leitmotivs, temas que se repiten, asociados a un personaje o a una situación. Más aún, la música se usa astutamente para enlazar escenas diferentes, para crear vínculos entre los personajes y sus vivencias. Tres momentazos protagonizados por Valjean y Javert son el mejor ejemplo.

            Lo digo ahora: presumo que el lector ha visto el musical o leído el libro. Si no ha hecho lo primero, le recomiendo que ahorre, si esta maldita crisis le deja aún respirar. Si no ha hecho lo segundo, le ruego que pare de leerme y se vaya a una biblioteca o a una librería.

            A Victor Hugo le encantaba hacer pensar a sus personajes. Algunos de sus mejores capítulos ocurren dentro de la cabeza de los hombres y mujeres que pululan por sus páginas. Scönberg y sus colegas arriba citados tenían aquí una ventaja: nada más fácil en un musical que meter unos cuantos soliloquios. Da la oportunidad de lucirse al cantante y, si el libretista es bueno, podían condensar decenas de páginas en unos minutos. Perdiendo en el camino parte del equipaje, pero conservando lo esencial.

            El monólogo interior más recordado de Valjean es aquel en el cual pasa la noche decidiendo si acudir al Tribunal de Arras para desvelar su auténtica identidad, salvando así a una víctima del error judicial (en el musical, la canción Who am I?). Ahora, antes, tras su encuentro con el obispo Myriel, tiene otro mucho más importante. Otra noche en la que la vida de Valjean da un giro tremendo, una noche que marcará el resto de su vida y que será la piedra de toque de sus futuras y dolorosas decisiones.

            Conscientes de la importancia de este momento, en el musical, compositor y libretistas lo colocaron como el primer gran soliloquio de su obra. Un soliloquio con tres partes: una primera de estupefacción, de rebeldía, de rabia; una segunda de reflexión asombrada; y una tercera de conclusión y determinación. Como es demasiado bueno para perderse la letra y como no he encontrado un video subtitulado, les pongo aquí un video (que no es de una representación, sino de un concierto de aniversario, lo cual deja la parte interpretativa bastante mutilada; es una pena y, claro, no le llega a la rodilla al directo- por cierto, le soliloquio propiamente dicho empieza hacia la mitad) y una traducción que he intentado sea lo más fiel posible y que acepta toda crítica:

            ¿Qué hecho, dulce Jesús, qué he hecho? Convertirme un ladrón en la noche, en un perro a la fuga ¿He caído tan bajo, es ya tan tarde que ya nada permanece salvo el grito de mi odio, un grito en la oscuridad que nadie escucha, aquí donde me yergo, en el giro de los años?

Si había otro camino que seguir, lo perdí hace veinte largos años, Mi vida era una guerra que no podía ganar, me dieron un número y asesinaron a Valjean, cuando me encadenaron y me dieron por muerto, ¡sólo por robar un bocado de pan!

            Entonces, ¿por qué permití a ese hombre que tocara mi corazón y me enseñara sobre el amor? Me trató como a cualquier otro, me dio su confianza, me llamó hermano. Reclamó mi vida para Dios, en lo alto. ¿Pueden existir tales cosas? Pues yo he llegado a odiar este mundo, este mundo que siempre me odió a mí.

            ¡Ojo por ojo! ¡Vuelve piedra tu corazón! ¡Esto es todo por lo que he vivido! ¡Esto es todo lo que he conocido!

            Una palabra suya y estaría allá de vuelta, bajo el látigo, sobre la rueda. En cambio, me ofreció mi libertad. ¡Siento la vergüenza en mi interior, como un cuchillo! Me dijo que tengo alma. ¿Cómo lo sabe? ¿Qué espíritu ha venido a conmover mi vida? ¿Hay otro camino que seguir?

            Extiendo mis brazos, pero caigo, y la noche se cierne, mientras permanezco en el borde del remolino de mi pecado. ¡Escaparé ahora de este mundo, del mundo de Jean Valjean! ¡Jean Valjean ya no es nada! ¡Otra historia debe comenzar!

            Pero, como ya sabemos, un Jean Valjean, humilde, benefactor, alcalde de su pequeña ciudad casi a la fuerza, se denuncia como exconvicto. Y el perro de presa Javert, que siempre sospechó de él, va a detenerle. Aquí hay un cambio de guión entre novela y musical. Cuando Javert, en el libro de Hugo, va a buscar a Valjean, este se encuentra velando a Fantine, enferma. Es la terrible visión del policía, la detención de Valjean y las brutales palabras que Javert le dirige las que precipitan la muerte del personaje a quien Hugo más hizo sufrir. En el musical, se permite fallecer a Fantine más dulcemente. Y Valjean no se deja detener, para luego escapar, sino que se enfrenta a Javert, con el rol ya de protector de la pequeña Cossete.

            La escena del musical se titula The Confrontation. Y aquí, usando casi el mismo tema, dan voz a los dos adversarios, que se enzarzan en un minuto y medio de combate monologado. No hay diálogo, ambos hablan a la vez, Valjean tratando de conmover, primero, de amedentrar, después al policía; y este, sordo, ciego a cualquier petición, recitando su credo implacable. Un duelo en el que Javert nos dice más cosas de sí que Valjean:

            J: Valejan, ¡al fin! Nos vemos el uno al otro a las claras. ¡Señor Alcalde! Pronto llevarás una cadena diferente.

            V: Antes de que digáis una palabra más, Javert, antes de que me encadenéis como un esclavo de nuevo, ¡escuchadme! Hay algo que debo hacer. Esta mujer deja detrás una niña sufriendo. Sólo yo puedo interceder. ¡En nombre de la misericordia! ¡Sólo necesito tres días! Luego regresaré, empeño mi palabra, luego regresaré…

            J: ¡Debes pensar que estamos locos! Te he cazado a través de los años. Los hombres como tú nunca cambian, no los hombres como tú.

            V (al tiempo que Javert): Piensa de mí lo que quieras, hay una tarea que he jurado hacer. No sabes nada de mi vida: todo lo que hice fue robar un pan. No sabes nada del mundo. Pronto me verás muerto, pero no antes de que vea cumplida esta justicia. ¡Te lo advierto, Javert! Soy un hombre mucho más fuerte, aún hay poder en mí, mi carrera no ha terminado. ¡Te lo advierto, Javert! No haya nada que no me atreva a hacer. Si tengo que matarte aquí, haré lo que haya que hacer.

            J (al tiempo que Valjean): Los hombres como yo nunca cambian, los hombres como tú nunca cambian. ¡No, 24601! ¡Mi deber es para con la Ley! ¡No tienes derechos! ¡Ven conmigo 24601! Ahora la rueda ha girado por completo,¡ Jaen Valjean ya no es nada! ¿Te atreves a hablarme de crímenes y del precio que has pagado? Todo hombre nace en pecado, todo hombre debe elegir su camino. ¡No sabes nada sobre Javert! Yo nací en el interior de la prisión, nací junto a escoria como tú, ¡también vengo del arroyo!

            V (al cadáver de Fantine): Y esto te juro esta noche.

            J (a Valjean): No hay lugar donde te puedas ocultar.

            V: Tu hija vivirá bajo mi cuidado.

            J: A donde quiera que escapes.

            V: Y la alzaré hasta la luz.

            V y J (al tiempo): Te lo juro, allí estaré.

            Estos dos hombres volverán a encontrarse muchos años después, en las barricadas. Allí, Javert, prisionero de los fallidos revolucionarios, espera su muerte. Valjean pide encargrse de él. Y, cuando están a solas, deja libre al inspector. Desconcertado, Javert escapa, pero regresa al día siguiente. En el libro, su encuentro con Valjean no es buscado. En el musical, sí. En ambos, Javert permite que Valjean lleve al herido Marius hasta su casa. En las páginas, le acompaña hasta la puerta y luego desaparece. En el teatro, se queda, listo para su escena final.

            El grandísimo capítulo que Hugo dedica al derrumbe interno de Javert es aquí un soliloquio que sigue, punto por punto, la estructura del primer soliloquio de Valjean. La música es la misma, pero la letra cambia radicalmente. Javert ve que su concepción del mundo, maniquea y simple, es irreal. E, incapaz de enfrentarse a ello, se suicida. En el musical (y es lógico) se nos escamotea el detalle del último testamento de Javert (un detalle genial de Hugo), pero, como digo, se logra plasmar el meollo de la cuestión:

            ¿Quién es este hombre? ¿Qué clase de diablo es, que me tiene cogido en la trampa y elige dejarme libre? Era su momento, al fin, de sellar mi destino, de limpiar su pasado, de hacer borrón y cuenta nueva, Sólo necesitaba un golpe de su puñal. ¡La venganza era suya y él me devolvió la vida!

¡Maldito sea si vivo en deuda con un ladrón! ¡Maldito si cedo en la caza! ¡Yo soy la Ley y de la Ley nadie se burla! ¡Le escupiré su piedad en la cara! ¡No hay nada en el mundo que compartamos! ¡Es o Valjean o Javert!

            ¿Cómo he permitido que este hombre tenga poder sobre mí? Este hombre desesperado al que he perseguido, me devolvió la vida, me devolvió la libertad. Debería haber perecido por su mano… era su derecho. Era mi derecho, asimismo… en vez de ello, vivo, ¡pero vivo en el infierno!

            ¡Y mis pensamientos vuelan en todas direcciones! ¿Puede creerse en este hombre? ¿Debe ser perdonado de sus pecados? ¿Debe ser indultado de sus crímenes? ¿Y debo empezar a dudar, yo, que nunca dudé en todos estos años? Mi corazón es de piedra y, sin embargo, tiembla. ¡El mundo que conocía está perdido en las tinieblas! ¿Viene del Cielo o del Infierno? ¿Sabe acaso que, al devolverme la vida, aún así me ha matado?

            Extiendo los brazos, pero caigo, y las estrellas son negras y frías, mientras permanezco en el borde de un mundo, de un mundo que no puedo soportar. ¡Escaparé ahora de este mundo, del mundo de Jean Valjean! ¡No hay camino que pueda tomar, no hay camino que continuar!

            Por hoy es bastante. Pero no hemos acabado con este musical. Ni mucho menos.

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: