Con un vaso de whisky

julio 15, 2011

Bleak House

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:22 am
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            No me suele pasar que una adaptación al cine o a la televisión me guste más que la obra original. Cuando la BBC se pone a adaptar novelas u obras de teatro quedo contento, sí, porque casi siempre son grandes adaptaciones de grandísimas novelas y obras de teatro. Pero con Bleak House (es decir “Casa Desolada”; a partir de ahora usaré el título en inglés para referirme a la miniserie y en español para la novela) la televisión me seduce más que el libro.

            Charles Dickens es uno de mis escritores favoritos y la crítica coloca a “Casa Desolada” entre sus obras mayores. Y lo es. Pero como el gusto es subjetivo, mientras la calidad es, dentro de ciertos límites, objetiva, recuerdo mi lectura de esta obra como una cuesta arriba constante. Por un motivo muy concreto: la narradora.

            Dickens escribió novelas empleando bien la técnica del narrador omnisciente bien la del narrador-personaje. En “Casa Desolada” alterna ambos métodos. Esther ocupa el centro de la narración, salvo en escasos capítulos, como el glorioso primero. Y aunque Esther posea muchas admirables cualidades (generosidad, cortesía, tesón y pragmatismo) resulta una de las más enervantes narradoras de la literatura universal.

            Obligado a seguir las peripecias de la galería de secundarios a través de sus ojos, tuve que hacer, como lector, un esfuerzo enorme para captarlos con toda la diversidad que Dickens derrama siempre en sus secundarios. Porque en “Casa Desolada” las glorias son la atmósfera, los lugares y los grotescos, estrafalarios, dignos o siniestros secundarios. ¿La trama? Interesante, irónica en ocasiones, sombría en otras, pero, como dijo Lisa Simposn: “Parece algo sacado de Dickens, o de Melrose Place”.

            La BBC, en Bleak House, hace suyas esas glorias. Capta perfectamente las atmósferas y los muy distintos lugares. El sombrío Tribunal de la Cancillería, los despachos de abogados, anegados por montañas de legajos, que asfixian a cualquier ser humano que entre en ellos, los bajos fondos londinenses, llenos de miseria y desesperación, la mansión de los Dedlock, majestuosa como un panteón para vivos y la misma Casa Desolada, irónicamente el único oasis de calor humano, el único refugio seguro. Ambientaciones, vestuario, localizaciones exteriores siempre de calidad.

            Igual que la novela, al eterno caso de Jarndyce & Jardines actúa como una especie de maligno motor cósmico, un agujero negro jurídico que absorbe, subyuga y aniquila, a cuantos personajes se acercan demasiado a él. Siempre está ahí, hasta el último capítulo, elevando justamente la resolución de las distintas tramas, con ese cruel humor negro que Dickens sabía utilizar tan bien, disfrazándolo de drama.

            En cuanto a los personajes, el cansino trío protagonista de la novela, Esther, Richard y Ada, es el cansino trío protagonista de la serie. Pero como la miniserie nos libera del punto de vista de Esther, todos los demás personajes florecen ante nuestros ojos. Sí, es más cómodo. Yo lo agradecí.

            Desde luego, los personajes florecen porque son interpretados por brillantes actores británicos. Dennos Lawson es el bondadoso Mister Jarndyce (y, si esas negras cejas les suenan, revisen la trilogía original de La Guerra de las Galaxias). Timothy West, Sir Leicester Dedlock, ensimismado en su mundo de privilegios y épocas pasadas. Burn Gorman, el estrafalario y desagradable Guppy, Nathaniel Parker como el ambiguo Skimpole, o el impagable Philip Davis, que interpreta al maravillosamente mezquino Smallweed (Shake me up, Judy! Shake me up!).

            Aunque, en mi opinión, los dos actores sobresalientes son Gillian Anderson y Charles Dance. En cuanto a la primera, olvídense de la agente Scully. Encarna a lady Dedlock, con la difícil tarea de dar vida a un personaje de sentimientos petrificados, que vuelven a la vida súbitamente, sin que ella pueda exteriorizarlos, por mucho que lo desee. Hacer esto bien exige talento. Anderson lo tiene. Y Charles Dance, a quien estamos disfrutando como Tywin Lannister, en Juego de Tronos, lleva con maestría el papel del helado Mister Tulkinghorn. A Dance (y a Tulkinghorn) le basta entrar en una habitación para que la temperatura descienda varios grados, una mirada para cortar una conversación. Y si esboza una mínima sonrisa, los demás encomiendan su alma a los cielos.

            Atmósfera, ambientación, grandes actores, fotografía impecable, una galería de personajes variopinta y Esther reducida casi hasta ser tolerable. Sólo casi. Pues claro: esto es la BBC.

2 comentarios »

  1. […] de su breve e intrigante papel en la grandiosa Hannibal, la BBC (donde la vimos dickensiana en Casa desolada o Grandes esperanzas) la ha colocado en uno de los roles protagonistas de una serie lúgubre, […]

    Pingback por Gatos y ratones en Belfast | Con un vaso de whisky — octubre 27, 2013 @ 6:22 pm | Responder

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    Comentario por sinful — octubre 29, 2013 @ 8:26 pm | Responder


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