Con un vaso de whisky

marzo 1, 2011

College Roomies From Hell!!! (y V): Las dos máscaras

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 8:41 pm
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Unos de los emblemas más antiguos del teatro es el de las dos máscaras: una sonriente y otra trágica. La sonriente suele ser algo más siniestra. ¿No estará burlándose de su desdichada compañera? Yo, al menos, así lo espero. La dicotomía entre tragedia y comedia, muy marcada en la Grecia clásica, ha ido diluyéndose. No pretendo ponerme a enumerar las características que, de acuerdo con las academias, debe reunir una obra para ser calificada de tragedia, de drama o de comedia, descuiden. Es evidente, sin embargo, que, en nuestra época, la división no es tajante.

Es más, la tragedia ha ido despareciendo de escena. No tengo yo en mente muchas obras trágicas contemporáneas. Hoy por hoy, a la comedia se le opone el drama. Como toda generalización, es una trampa: la comedia y el drama admiten muchas matizaciones. Prefiero ser más tendencial que absoluto. ¡Si los anglosajones hasta han empezado a hablar, oficiosamente, de las drammedies!

En su inicio, CRFH era un webcomic cómico. De un modo casi total. Tiras breves, autoconclusivas aunque concadenadas, con un chiste o más por día. Un grupo de jovenzuelos se buscaban la vida en su primer año de universidad. En estas tiras conocimos a los seis compañeros de cuarto que dan título al webcomic. Tres chicos que, tras varios giros y para su desesperación, se resignan a convivir. Tres chicas que ya se nos presentan conviviendo. Piso frente a piso. Las similitudes con Friends son evidentes.

Y, en efecto, como si la sitcom por excelencia fuera su santa patrona, CRFH continuó bastante tiempo por el terreno de la comedia amable. Cuanto pasaba lo hacía bajo una especie de acuerdo tácito entre creadora y lectores: todo lo que ocurra será gracioso. Usaremos el ingenio, el absurdo, la parodia, emplearemos un humor más salvaje en ocasiones y uno más relajado, en otras. Pero todo estará bajo control. No habrá daños. Incluso cuando un personaje gimotee, será motivo de jolgorio, porque en ello residirá el chiste.

Visto con perspectiva, creo que la comedia de enredo está en las entrañas de CRFH. Hay, de acuerdo, alguna referencia irónica a la cultura popular. También bastantes chistes privados y autoparodia (la autoparodia es siempre una buena señal). Y no nos olvidemos del absurdo, que tiene aún, a pesar de lo pesares, en Roger Pepitone a su paladín, armado con la lógica irracional.

Buscar piso, discutir quién se queda con qué cama, acudir a las clases, enfrentarse a los finales, sisar una televisión del cuarto de enfrente, recuperarla empleando una versión particularmente suicida del puenting, creer que ese tipo vestido de payaso es un asesino en serie, cuando el pobre no es más que un actor… situaciones típicas de las sitcoms y de las comedias de enredo, las más amables de todas las comedias. ¿Qué podrían haberse retorcido hasta la oscuridad total? Pues sí. Pero, incluso con Mike Green manejando o amedrentando a todo el mundo, la oscuridad estaba a raya.

Entonces, ¿dónde queda el “From Hell” del título? Bueno, las jugadas que se hacen unos a otros podrían justificarlo. Los asaltos para limpiar la cocina de porquería, encontrándose una porquería evolucionada, tentacular y cabreada, podría justificarla. Los lamentables intentos de Waldo y Steve por invocar a criaturas del inframundo, podría justificarlo.

La comedia, pese a lo que diré a continuación, nunca ha abandonado CRFH. Hay ocasiones en que, tras un arco argumental particularmente dramático, sin muchas concesiones a la risa, ni burlona ni simpática, aparecen varias tiras de sitcom pura. Un bálsamo para algunos lectores, podría pensarse. Pero que todos agradecen. También juega muchas veces Campos a meter en la coctelera el drama y la comedia, introduciendo chistes en medio de crisis personales; Roger siempre ha sido una herramienta muy útil en este sentido, incluso en las suyas.

Así que al hablar, la semana pasada, de equilibrismos sabía lo que decía. Cuanto más avanza el webcomic, más se observa la dificultad de no escorarse hacia un lado o hacia el otro. La comedia tiene sus virtudes y sus limitaciones, lo mismo que el drama. Un insensato pensará que mezclarlos para superar sus respectivas limitaciones y realzar sus virtudes es tarea simple. Ese insensato no debe acercarse jamás a una cocina o hará recetas aún más espantosas que las de Marsha.

Una comedia ligera siempre corre el riesgo de volverse superficial. Un drama sustentado en los personajes y sus relaciones está amenazado por el culebrón de sobremesa. Si encima se juntan, podemos tener, como resultado, un culebrón cansino aderezado por chistes fáciles que intentan rebajar la supuesta tensión. O sea, el Horror.

Mérito que es de justicia reconocerle a Maritza Campos es el de haber sorteado estos peligros, con éxito considerable. Cada lector juzgará por si mismo, es evidente.

Esa primera etapa de sitcom pura fue esencial. Gracias a ella nos interesamos por los personajes. Los aceptamos, como ya he dicho. Y cuando, pese a todas las bromas y el humor que, insisto, no se fueron, una sombra se infiltró en el webcomic para quedarse, fue gracias a esa etapa que no sólo no nos fuimos, sino que barruntamos algo digno. Esa sombra podía ser la destrucción de CRFH o el medio para convertirlo en otro webcomic, distinto e interesante. Aun cuando en ocasiones tengamos nostalgia de los viejos tiempos, sencillos y cómicos, donde lo peor que podía pasar al salir para emborracharse fuera que despertaras con un tentáculo en lugar de brazo.

Sólo si nos hemos reído (plural mayestático, de nuevo) con Dave y Margaret asistiremos benévolos a su peregrinaje boscoso. Cierto que la presencia de un gran antagonista ayuda, pero, siendo sinceros, si esos diálogos hubieran sido mi primer contacto con el grupo, dudo mucho que hoy estuviera escribiendo estas líneas.

Aunque, se me podrá argumentar con lógica, esos diálogos no podían ser el inicio de nada: son el resultado de lo que ha ocurrido antes y, a su vez, abren lo que ocurrirá posteriormente. Lo admito. Ahora, mi tesis se mantiene: la comedia del pasado, la esperada en el futuro y la que logró introducir aun en esas viñetas, evitaron que la fea cabeza del culebrón asomara.

Y, del mismo modo, esas viñetas dejaron claro que CRFH no quería ser una comedia superficial. Dejando de lado el argumento de ese arco, lo que realmente importaba, ya lo he dicho, era la relación entre los protagonistas. Ninguna obra que se esfuerce (asunto distinto es el éxito o el grado de profundidad alcanzado) por adentrarse en sus protagonistas es superficial. Un culebrón es siempre superficial.

Antes hablé de una sombra; sombra que, de algún modo, infectó el webcomic. Me atrevería a señalar el momento exacto de tal infección: la primera aparición del Adversario. En esa confrontación, lisa y llanamente, a Dave se le arranca de cuajo el alma. Y aunque es algo fugaz, aunque Dave se recobre y aunque de ello nazca Chester, toda una marca de la casa, ese instante se sale del territorio cómico. Hasta entonces, las amenazas de muerte o mutilación podían ser tomadas a broma (por los lectores, no por los personajes: ahí estaba la gracia; quien diga que la muerte no puede ser graciosa no ha visto American Dad). Desde entonces, los lectores ya no podrán estar seguros. Se ha introducido la duda.

Esa duda, ese no saber cuándo las cosas se torcerán, esta vez de verdad, con consecuencias no reparables cinco minutos antes del final, nos acompañará siempre. Sí, en cualquier momento un chiste nos hará reír a carcajadas, pero también en cualquier momento la comedia de enredo se volverá negra o dejará de ser comedia. Ciertas vacaciones en un hotel de lujo son el mejor ejemplo que se me ocurre.

Claro que, a fin de cuentas y pese a las intenciones de Campos, si algo es cómico o dramático depende en buena medida de cada uno de los lectores. Como dice una frase atribuida a muchos autores y que yo, por anglofilia, le endoso a Sir Hugh Seymour Walpole, El mundo es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten. Cada uno sabrá dónde milita.

Y si a estas alturas no son ya lectores de Maritza Campos, muy mal lo he hecho. ¡Qué vergüenza!

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