Con un vaso de whisky

febrero 8, 2011

College Roomies From Hell!!! (II): Los Roomies

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 7:49 pm
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            Cumpliendo la costumbre, Maritza Campos ha escrito una breve descripción de sus principales personajes. Como guinda, realizó una entrevista a los mismos, para que pudieran opinar sobre sus compañeros de piso y sobre sí mismos. Por lo tanto, evitando ser reiterativos, no tendremos aquí un retrato de Mike, Roger, Marsha, April, Margaret o Dave. Vayan ustedes al webcomic, hombre. Mejor no iba a lograr hacerlo.

            Como ya expondré, CRFH anda en la cuerda floja, sin apostar todo a la trama ni todo a los personajes. Por ello, por darle su parte del pastel a estos últimos, Maritza Campos indaga en ellos. En los principales, evidentemente, más. Ahora bien, ninguno de ellos cambia de un modo radical. Dave es, en esencia, el mismo hoy que al mudarse a la universidad (lo cual, en el tiempo interno del webcomic tampoco ha sido hace tanto, pese a la cantidad de cosas que le han sucedido). Lo mismo podría decirse del resto.

            ¿Entonces? He notado que, por el momento, Campos, más que hacer cambiar a sus personajes (aunque sí es verdad que ellos y, sobre todo, sus relaciones, cambian) nos los va desvelando. Al principio no sabemos apenas nada sobre Roger o April. A través de sus acciones y palabras vamos formándonos una imagen de ellos. Y Campos, desde su privilegiada posición, nos permite ir conociéndolos poco a poco. De tal modo que una reacción de Margaret, por ejemplo, no diferente de otras anteriores, es leída de otro modo después tales revelaciones.

            Revelaciones que nos pueden venir del exterior o del interior, ojo. Campos usa mucho el diálogo interno. Para darle dinamismo, emplea el viejo recurso de la doble conciencia, una vestida de ángel y otra de diablo, con buenos resultados cómicos. Claro que también nos hemos visto con facetas de la psicología de, pongamos, April o Dave discutiendo con la April y el Dave reales. Esos diálogos pueden ser graciosos, intrigantes o ambas cosas a la vez. Desde lo dramático, las interioridades de April son las más interesantes, lo cual no impide que este personaje me parezca usado en ocasiones un tanto caprichosamente.

            Gracias a estas revelaciones y a las desventuras cómicas o serias de los personajes, ocurre algo fundamental: los aceptamos. El juego de vida cotidiana mezclada con acontecimientos imposibles es astuto: nos sentimos identificados con los seis universitarios al tiempo que estamos en un mundo mucho más divertido que el nuestro.

            Porque, ¿quién, más o menos, no puede ponerse en su lugar al pasar estudiando una noche entera, salir de marcha hasta que el cuerpo aguante, estar colado por dos personas distintas, aguantar a un amigo colado por dos personas distintas, pelearse por el mando de la televisión o regresar a casa en vacaciones? ¿Y quién, más o menos, no querría que algo fantástico irrumpiera en cualquiera de esas actividades? Lo humorístico, lo cotidiano, lo sobrenatural y lo dramático se mezclan de manera que estos chicos ya no sean extraños. Y menos cuando conocemos su pasado.

            Los Roomies tienen pasados poco comunes. Mike (y Blue), con su infancia y adolescencia bajo la sombra del Dragón. Margaret, Roger y April, con sus respectivos traumas familiares. Marsha y su ataques de celos paranoicos… Sólo Dave llega a la universidad bastante normal. Su mayor trauma es estar enamorado de Margaret desde el instituto, algo nada inusual y que tampoco me mueve precisamente a la simpatía.

            Voy a detenerme un instante en esto. Que Dave sea, en un inicio, el más normal de los Roomies (pese a lo que April se dice a sí misma y pese a la visión de láser) y el que con más desesperación ruega por la vuelta de la normalidad lo puede convertir en una especie de enlace con el lector. Es curioso, en las primeras tiras Mike cumplía ese papel.

            Campos, supongo, se dio cuenta del potencial sarcástico y malévolo del señor Green, así que le pasó el muerto a Dave; por supuesto, Roger no servía para el puesto. Incluso si uno disfruta sádicamente viendo retorcerse a Dave, no podrá evitar sentirse tan confuso como él ante lo que ocurre a su alrededor. Claro que, pasado un tiempo, ya metidos en el mundo, podemos elegir cómo reaccionar: con estupefacta angustia, con burla insolente o haciéndonos uno con el absurdo.

            En cualquier caso, el pasado de los personajes los atrapa siempre, igual que si les dispararan por la espalda. Bien pueden correr que, cuando menos se lo esperen, los alcanzará, trastocando sus realidades. Que eso sea motivo de risa o de dolor (o de las dos cosas) ya lo analizaremos en otra parte. Pocas cosas de las que les suceden a los Roomies no están vinculadas, de una forma u otra, con sus historias, cercanas o remotas. Lo cual es tal vez lo más lógico que ocurre en este webcomic.

            He dicho algo más arriba que el cuelgue de Dave por Margaret tiene poco de inusual. De inusual en el terreno de CRFH. No hablaba de la vida real. Ese sería otro debate. Porque CRFH tiene un alto componente de sitcom y en las sitcom haya algunas reglas no escritas sobre relaciones que casi siempre se cumplen a rajatabla, aunque sea para parodiarlas. Esas reglas ordenan que, entre los protagonistas, existirán dos parejas: una estable y otra, la central, conflictiva.

            Para mi sorpresa, Mike formó parte de la estable con relativa rapidez. No pienso yo que los malvados están desterrados de las relaciones amorosas. Defiendo todo lo contrario en la serie de Divagaciones sobre el amor en la literatura. Aunque admito que me chocó ver a Mike tan leal a Marsha, aun cuando esa lealtad haya sido feroz, cómica y dramáticamente puesta a prueba, con April en un papel aún hoy dejado en la ambigüedad.

            Dave y Margaret cubren la pareja conflictiva, la historia de amor imposible. ¿O es la historia de amor posible? ¿O la que es posible o imposible dependiendo del día? ¡Y encima Blue la convierte en un triángulo! Es cierto que Campos parece tener muy en cuenta las sabias palabras del Doctor Perry Cox: Relationships don’t work the way they do on television and in the movies. Will they? Won’t they? And then they finally do, and they’re happy forever. Gimme a break. Así que no, aquí no hay demasiados finales edulcorados, gracias a Dios.

            La historia de Margaret y Dave ocupa grandes trozos de CRFH. Pero tanto en ella como en prácticamente todas las demás relaciones entre los personajes aprecio otro denominador común. Los Roomies son chicos apasionados. Sufren la pasión, padecen y luego actúan. Se dejan llevar por sus pasiones, cualesquiera que sean, amorosas, vengativas, culinarias o por sus mascotas preferidas. Ninguno de ellos actúa desde la razón… cuando se trata de ellos mismos.

            Porque cuando se trata de aconsejar (o, en el caso de Mike, de chantajear) para que un compañero haga o deje de hacer lo que se proponga, el resto de la banda demuestra una considerable sagacidad. Advierten las consecuencias que acarreará la pasión; al invertirse los papeles, los consejeros se convierten en aconsejados sordos.

            Y, sin embargo, la pasión de los personajes no puede considerarse como algo exclusivamente negativo, aun cuando sus consecuencias lo sean tres de cada cuatro veces. Esas pasiones les hacen crecer. Se muestran más decididos, más maquinadores, más firmes y más activos que sin esas pasiones espoleándoles. Sobre esta potencia de la pasión, a la autoridad (por una vez) de Eugenio Trías me remito. Desde luego, se muestran también menos capaces de comprender la que se les viene encima, pero así luego podemos reírnos cuando llega.

            Estas pasiones transforman a los personajes. El cambio más difícil de aceptar para un servidor fue el de Roger. Cuando Campos decidió mostrarnos que tras las gafas del señor Pepitone existía sentimientos muy humanos y turbulentos, que no era, como siempre había creído, un espléndido generador de caos, posiblemente muchos lectores se sintieron más cerca de él; yo, no. Aun cuando sigue siendo lo más próximo al Absurdo encarnado en CRFH, sabemos que es capaz de sentir y de pensar dentro de la lógica común. Decide no hacerlo, sí, pero sus motivos no son los más loables.

            Por último, las pasiones, las decisiones y las acciones de los Roomies influyen en su relación como grupo. Aquí la distancia con la sitcom por excelencia, Friends, me parece clara. Los chicos del Central Perk eran amigos pasara lo que pasara. Los Roomies, no. Irónicamente el más precario de los tríos, el de los chicos, mantiene su status quo algo mejor. Al fin y al cabo, una relación basada en el combate perpetuo, las perrerías recíprocas y el apoyo ante enemigos mayores aguanta mejor las disensiones internas que una con la confianza y la lealtad en la base. Así, poco extraña que cuando el trío de las chicas explota, las consecuencias sean mucho más devastadoras.

            Habrá quien opine que los Roomies deberían aceptarse, que han pasado demasiado como para romper lazos, aunque a veces lo deseen con todas sus fuerzas. Es posible. Que pasar del amor al odio es un mero cambio de lazo, no una ruptura. Es verdad. Pero no hay que fiarse. No veo yo a Maritza Campos poniéndose límites. En CRFH hay escasez de garantías. Eso es bueno.

                       

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