Con un vaso de whisky

enero 4, 2011

Los Reyes Malditos

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 3:10 pm
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            Un compañero de fatigas y whisky me ha advertido hace poco que Histórica Zeta ha reeditado en España la saga de Los Reyes Malditos, de Maurice Druon. Es una buena noticia para ustedes, porque podrán hacerse con ella a precios asequibles. Yo tengo más suerte. Gracias a la amabilidad del padre de otro viejo compañero de fatigas (y sí, también de whisky) he leído los seis libros y me consta que puedo disponer de ellos con facilidad. Así se ve que, aunque ser un tanto misántropo (o sociópata) es respetable, tampoco conviene ir por la vida sin una red de contactos.

            Seguramente los cerebros de Histórica Zeta, viendo que estamos en una especie de orgía de novelas históricas, vieron la oportunidad. Hicieron bien. Es agradable encontrarse buenas novelas históricas entre tanta basura.

            Y es que a día de hoy, cuando me paso por una biblioteca o una librería, la sección de novela histórica es para mí una dura prueba. Escarmentado por varias experiencias desagradables, ya no sé qué autores desconocidos pueden ser leíbles. Habitualmente leo algunos párrafos al azar para hacerme una idea. Pero sé bien que es una prueba demasiado endeble. Así que igual estoy dejando pasar a gente de talento por culpa de una legión de incompetentes. Pero es que son verdaderamente legión.

            Por eso fue tan interesante leer los libros de Druon. Dejemos las cosas bien claras desde el principio. Druon no es un monstruo literario. Su obra no está entre las veinte mejor escritas que haya leído. No es un artista. Es un magnífico artesano. No hay en ello estigma alguno. Los grandes artesanos son tan escasos como los grandes artistas.

            Los seis libros (El Rey de Hierro, La Reina estrangulada, Los venenos de la corona, La Ley de los Varones, La Loba de Francia  y La Flor de Lis y el León) abarcan desde los últimos años de Felipe IV el Hermoso a los inicios de la Guerra de los Cien años. Como casi cualquier período histórico no tiene ni un principio ni un final absolutos, Druon nos mete en medio de la acción y nos saca también de ella mientras aún está en plena ebullición.

            El comienzo de la saga asegura la atención: los primeros capítulos narran la ejecución del Gran Maestre de los Caballeros Templarios y la maldición que lanzó, desde la hoguera, contra sus enemigos. La pugna entre Felipe el Hermoso, el Papa y los Templarios daría para unas cuantas precuelas dignas. Pero desengáñense los buscadores de mitos. Druon no se deja llevar por tentaciones y narra sencillamente el fin de un combate por la supremacía política y económica. No voy a entrar hora en debates entre la Historia oficial, las oficiosas, las teorías alternativas con más o menos pruebas y las simples bobadas de novelas al peso. Eso sí, estos primeros capítulos son de lo mejor de la saga.

            Druon juega en todo momento con varias barajas. Dependiendo del momento, su narrativa es genuinamente novelesca, permitiéndose ciertas licencias (después de todo, es imposible saber qué le susurraba un monarca a su amante en plena noche), o bien más propia de un ágil ensayo histórico, con sus correspondientes notas. En un par de páginas pueden exponérsenos el transcurso de un lustro, con sus transformaciones sociales, o el paso de una hora en la intimidad de un aposento.

            La preocupación del autor por equilibrar el dramatismo y el rigor es obvia. Todos y cada uno de los personajes que aparecen existieron. Cada volumen se cierra con un exhaustivo índice biográfico. Tal vez no queriendo imponerse a los protagonistas, Druon no nos permite indagar mucho en sus mentes. Las descripciones psicológicas son concisas, aunque agudas. Son las acciones y las palabras las que los definen. Y aun cuando puede uno dudar si lo narrado aconteció exactamente como se nos narra (algo posible, aunque difícil de probar), nunca le abandona a uno la sensación de que ese equilibrio que antes mencionaba apenas se tambalea.

            No voy a hacer un resumen de las tramas y subtramas. Siendo esquemáticos, hay tres grandes corrientes en estas novelas-ríos. Primera, la lucha por el trono de Francia entre los herederos de Felipe IV y entre los herederos de sus herederos, cada cual apoyado por facciones diferentes. Segunda, la malograda relación entre el joven Guccio Baglioni y Marie de Cressay. Tercera, el duelo entre Robert de Artois y su tía Mahaut por el control del condado de Artois. Por supuesto, las corrientes se mezclan y los acontecimientos de unas influyen poderosamente en las otras.

            Aun cuando en las páginas de Druon pululan multitud de individuos, hay algunos que destacan. El propio rey Felipe IV, inteligente e implacable, con su bello rostro y su grandes ojos helados. Su ambicioso hermano Charles de Valois. El astuto banquero Tolomei, tío de Guccio. Juan XXII, un pontífice contradictorio, gran sabio y verdadero animal político.

            Pero, como confiesa el mismo Druon, es Robert de Artois quien domina el panorama con su altura portentosa. Este gigante, siempre vestido de rojo, atraviesa las novelas como un torbellino. Obsesionado por lograr el condado de sus ancestros, pone en marcha acontecimientos que provocarán el ascenso y caída de muchos reyes y altos señores. Tan pasional como astuto, valiente, obstinado, cruel, un ogro con todas las de la ley. Sólo por algunas escenas, como su rendición ante el futuro Felipe V, o sus intrigas en la corte inglesa de Eduardo III, ya merece la pena leer estos libros.

            Yo, qué quieren, tengo la vaga sospecha de que George R. R. Martin se hizo con Los Reyes Malditos y se dijo “¿Y si cambio París por Desembarco del Rey?”

Imágenes: Maurice Druon; estatua de Robert de Artois, en Versalles

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