Con un vaso de whisky

noviembre 23, 2010

Tocata y Fuga

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 1:52 pm
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               Walt Disney y sus colaboradores (esos malvados) alcanzaron su cima artística en 1940. Es verdad que luego de ese año realizaron aún muy buenas películas de animación, pero en 1940 dieron a luz Fantasía. Y Fantasía es, con diferencia, lo más arriesgado, audaz y brillante que haya salido de esa compañía.

            Por algún milagro, cuando yo era crío, un cine de mi ciudad repuso la película Mis padres me llevaron a verla. Y no me gusto nada de nada. En aquella época sufría de un agudo rechazo hacia la así llamada música clásica. Porque lo único que había escuchado, hasta la naúsea, eran composiciones de la infame familia Strauss. Dejando a un lado El Danubio Azul, los Strauss, sus polkas, valses y marchas me asqueaban. Cualquier sonido que saliera de una orquesta provocaba en mí una reacción irracional consistente en jaquecas, ira desaforada y anisas de convertirme en asesino con hacha. Me costó años e insistencia externa recuperarme de mis traumas straussianos. Hoy día, de modo frío, los desprecio hasta tal punto que, el día de Año Nuevo, mientras mi familia ve el concierto, yo me largo al lado más alejado de la casa. Escuchar la Marcha Radetzky, con el público dando palmaditas como idiotas, me supera.

            Cuando estaba ya en vías de reinserción musical, mi padre logró una cinta. La volví a ver. Esa vez sí. A partir de ese momento me volví un defensor a ultranza de Fantasía. Pese a que algunas piezas hayan sido adaptadas, acortadas y modificadas, me sigue pareciendo una gran obra por derecho propio y una buena herramienta divulgativa.

            Tal vez cuelgue por aquí otros fragmentos, pero hoy voy a dejarles con la primera pieza, la celebérrima Tocata y Fuga en Re Menor de Johann Sebastian Bach. La obra original está compuesta para órgano. En la película, la Orquesta de Filadelfia interpreta una versión adaptada para una orquesta sinfónica. Sale airosa. Esta pieza está acompañada por la animación más abstracta de todo el metraje. Mientras que el poema musical “El aprendiz de brujo” se narra una historia con introducción, nudo y desenlace (y con Mickey y una escoba, en lugar de con Pica y Rasca) y la Sinfonía Pastoral de Beethoven inspiró escenas en el Monte Olimpo, aquí, como bienvenida, nos ofrecen ocho minutos de luces, sombras, figuras huidizas, de imagen, en fin, sometida a la música.

            Ojalá pudiera volver al cine.

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