Con un vaso de whisky

noviembre 2, 2010

Job (y III): Réplicas y conclusiones

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 2:20 pm
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            Dios llega tronando, desde la tormenta, y opta por un buen ataque: ¿Quién es éste que denigra mi designio/ diciendo tales desatinos?/ Si eres valiente, cíñete los lomos:/ te voy a preguntar y tú me instruirás. Shaddai, dialéctico superior incluso a Job, invierte los papeles. Si Job es capaz de dar respuesta a sus preguntas, Él reconocerá que tiene derecho a quejarse.

            Los dos discursos de Yahvé, bellísimos, llenos de fuerza, capaces de apabullar a cualquiera, consisten en una catarata de preguntas retóricas. Mediante ella asistimos a una enumeración de misterios naturales, terrenos y cósmicos. Veamos sólo algunos versículos.

            ¿Has entrado hasta las fuentes del mar?,

            ¿has paseado por el fondo del Abismo?

            ¿te han enseñado las puertas de la Muerte?,

            ¿has visto las puertas del país de las Sombras?

            ¿tienes idea de las dimensiones de la tierra?[…]

            ¿Puedes atar los lazos de las Pléyades

            o desatar las cuerdas de Orión,

            hacer salir a su hora la Corona,

            guiar a la Osa y a sus crías?

            ¿Conoces las leyes de los Cielos?,

            ¿aplicas su fuero en la tierra?[…]

            En el segundo discuros, Dios nombra a dos seres que han quedado grabados en la memoria colectiva, Behemot y Leviatán. El primero es el plural de una palabra que significa “bestia” y, aunque muchas veces se lo representa como un hipopótamo, en realidad simboliza una fuerza bruta superior al poder humano. En cuanto a Leviatán, del cual se apropió con acierto Hobbes, la descripción parece ajustarse al cocodrilo (símbolo de Egipto en otros libros hebreos). Sin embargo, los expertos recuerdan que el Leviatán era un monstruo del Caos primigenio y que aquí podría encarnar las potencias hostiles a Dios y al hombre. Entresaco algunos versos dedicados a este monstruo:

            ¿Quién ha abierto las puertas de sus fauces?

            ¡El terror reina en torno a sus dientes![…]

            Su estornudo proyecta destellos,

            sus ojos parpadean como el alba.[…]

            En su cuello reside la fuerza,

            ante él danza el espanto.

            Si se yergue se asustan las olas,

            las ondas del mar se retiran.[…]

            Nada se le iguala en la tierra,

            pues es creatura sin miedo.

            Mira a la cara a los más altivos,

            es el rey de los hijos del orgullo.

            Ahora bien, el torrente de cuestiones, imágenes y descripciones no da, sin embargo, una respuesta directa a las angustias de Job, no explican por qué el inocente sufre y la vida es tan absurda. Cuando Job se inclina ante Él, lo hace porque confiesa:  

         Me doy cuenta que todo lo puedes,

            que eres capaz de cualquier proyecto […]

            Sólo de oídas te conocía,

            pero ahora te han visto mis ojos.

            Por eso me retracto y me arrepiento

            echado en el polvo y la ceniza.

            ¿No hay aquí algo incómodamente paralelo a una de las críticas anteriores? Dios no rinde cuentas a nadie, porque es el más fuerte. No se rebaja a debatir con el hombre, sino que le muestra todos los enigmas y maravillas de la Creación, dejando claro quién es el jefe. Como dije al principio, Dios no sale muy bien parado en este libro.

            Pero, de pronto, Dios hace un quiebro inesperado: se encara a sus supuestos defensores, los cuales debían estar gozándola al ver al hereje tan humillado, y les espeta: Estoy enfadado contigo y con tus dos amigos, pues no habéis hablado bien de mí, como mi siervo Job. ¡Ésta sí que es buena! Job no ha hecho más que mostrarse arrogante, contestatario, librepensador, subversivo, ha llegado a insultar a Dios a la cara ¿y son ellos los que no han hablado bien de Yahvé? Es más, Job es presentado como intercesor de sus inquisidores: Sólo en consideración a él no os inflingiré castigo alguno por no haber hablado bien de mí, como ha hecho mi siervo Job.

            Hay aquí algo profundo, extraordinario: Dios toma partido por el crítico, por el pensador inquieto, que no se conforma con frases hechas, sino que se lanza a los caminos de la duda. El autor del Libro de Job, excepcional poeta, algo que ya le hace merecedor de todo elogio, no fue capaz de dar respuesta a los interrogantes del anciano, pero nos descubrió una nueva faceta en las relaciones con Dios. No es que podamos dudar, es que debemos dudar, rechazar ideas preconcebidas, destruir falsas estructuras teológicas que carecen de sentido, que no se acomodan a la realidad, que desfiguran y pervierten al propio Dios.

            Y eso, pese a los Elifaz, Bildad y Sofar de cada fe.

Imágenes: ilustraciones, obra de William Blake, para el Libro de Job

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1 comentario »

  1. WOW just what I was searching for. Came here by searching for Job

    Comentario por หางาน สมัครงาน — mayo 4, 2015 @ 8:51 am | Responder


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