Con un vaso de whisky

julio 6, 2010

Ingenio y Absurdo (II): El ejemplo británico

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:55 pm
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            Seamos lógicos, aunque sólo sea para disimular: si el humor y el ingenio son cosas distintas, caso de que Morán, Sergio fuese ingenioso no podría ser humorístico y viceversa (suponiendo que un autor sólo pueda encuadrarse en uno de ambos bloques lo que es suponer mucho más de lo que supone Chesterton, quien, de hecho, lo niega). Dado que el humor absurdo deviene del humor, un ingenioso no podría ser un absurdo. La premisa mayor es falsa, con lo que el resultado del silogismo será falaz. Vamos, que toda esta palabrería viene a decir que un autor, salvo raras excepciones, no es absolutamente ingenioso o absolutamente humorístico. Se trata de una magnitud tendencial, no absoluta.

            Igual que afirman los estudiosos de la Ciencia Política que un Estado es más o menos democrático y más o menos totalitario, siendo algunos esencialmente totalitarios y otros esencialmente democráticos, los autores son tendencialmente satíricos o tendencialmente humorísticos. Ahora bien, como examinaremos otro día, esta regla tiene su excepción y así hay ingeniosos incapaces de humor, absurdo o no. Ello, sin embargo, no deviene del ingenio, sino de otra característica de esos ingeniosos. Vamos con los ejemplos, que es lo divertido.

            Cojamos a Monty Python. Su famoso sketch del loro muerto es puro humor absurdo. Los hay más elaborados y sutiles, dentro de su Flying Circus, pero el diálogo no es ingenioso, no es satírico. No denuncia a las pajarerías, ni a los clientes, ni a los loros. El loro está muerto, eso es todo. Con una sencillez pasmosa, nos hacen reír a carcajadas. Podría decirse que han cogido la definición de Chesterton y la han aplicado de manera directa, desnuda, simple.

            Pero veamos ahora Los caballeros de la mesa cuadrada o La vida de Brian. Estas películas, ¿son principalmente absurdas? Tienen una gran cantidad de elementos absurdos. El asalto de Lanzarote contra la fiesta de bodas es sangrientamente absurdo. El conejo asesino es puro absurdo. Los registros romanos en las casas judías son absurdos. El absurdo chorrea por las orejas de todos y de todos.

            A nadie se le escapa, sin embargo, que estos dos largometrajes son parodias de las leyendas artúricas y de los Evangelios. Sí y no. A primera vista, no hay ninguna duda; sin embargo, yo no detecto un intento serio de arremeter ni contra Arturo y sus caballeros ni contra Jesús o su prédica, lo cual no evitó las iras de muchos creyentes sin el más elemental sentido del humor. Y aunque las escenas satíricas tampoco escasean (el Sermón de la Montaña, los fieles que agarran la sandalia de Brian enfrentados a los que tienen la calabaza de Brian…), a mí siempre me ha quedado la sensación de que el ciclo de la Mesa Redonda y la prédica de Cristo (o, mejor dicho, de su involuntario alter ego) son excusas para desplegar una colección de gags, de bromas y de perlas absurdas. Así que el balance final no es claro.

            Varios de los números del Flying Circus mezclan el ingenio y el absurdo hasta que no hay manera de meter el cuchillo y sacar una libra de carne pura. Así, aquí tenemos la competición por el Título de Tonto de Clase Alta del Año. Analicen todo lo que quieran.

 

            Tampoco es claro si Hugh Laurie y Stephen Fry son eminentemente satíricos o absurdos en A bit of Fry and Laurie. Mientras que en “Marjorie´s fall” (entre muchísimos) encadenan un diálogo absurdo, autoconclusivo, sin más pretensiones que jugar con el idioma y sus equívocos, en “The young torie of the year” (entre muchísimos otros) son despiadadamente satíricos, clavando la espada del espíritu, como dice Gilbert, en las entrañas del Partido Conservador británico.

            Mucho de lo dicho sobre los Pyton es aplicable a Fry y Laurie. Las preferencias por unos u otros son asunto enteramente personal y no pienso meterme en ello. Ciertamente, los Pyton tienen en su haber ser históricamente anteriores. Podríamo especular sobre si, eliminando a John Cleese, George Chapam y compañía, Stephen y Hugh hubieran o no urdido su programa. Es posible que sí, pero no hubieran tenido la oportunidad de estudiarlos y de, en ocasiones pienso yo, afilar y depurar sus números.

            La única conclusión sensata que se me ocurre es que estos hombres son humorísticos o satíricos dependiendo del momento, de la realidad política que les rodea o de con qué pie se hayan levantado aquella mañana. No hemos adelantado demasiado.

            En cualquier caso, les dejo con esta pareja, hasta que, la semana que viene, sigamos enredando la maraña.

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