Con un vaso de whisky

junio 28, 2010

Ingenio y Absurdo (I): Un dictamen sobre Eh, Tío! como excusa

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:11 pm
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            Gilbert Keith Chesterton comienza así su breve y magnífico ensayo sobre el humor: El humor, en el sentido moderno del término, es una percepción particular de lo cómico o de lo incongruente, que suele distinguirse del ingenio, como si fuese más sutil por un lado o más vago por otro. Se trata, por tanto, de un término que no sólo se resiste a ser definido, sino que, en cierto sentido, se precia de ser indefinible; y, en general, se consideraría una falta de sentido del humor intentar definir el humor.

            A lo largo de su exposición (con su prosa ágil, aguda, brillante y alejada de la pomposidad) distingue Chesterton entre humor, sátira y absurdo:

            El ingenio es la razón sentada en su sillón judicial; y aunque los acusados también pueden recibir condenas leves, la clave radica en que el juez nunca es condenado. En cambio, el humor siempre conlleva la idea de que el propio humorista está en desventaja y se ve atrapado por los enredos y las contradicciones de la vida. […] Hay por tanto en el humor, o al menos, en los orígenes del humor, algo de esa idea del excéntrico sorprendido en una excentricidad que se jacta de ello; de alguien a quien han cogido de improviso y que se percata del caos reinante en el interior.

            Pero más tarde, y como algo propiamente inglés, nacido inglés, Chesterton da una vuelta más de tuerca: El humor absurdo puede describirse como un humor que, por el momento, ha renunciado a cualquier conexión con el ingenio. Es un humor que abandona cualquier intento de justificación intelectual y no se limita a burlarse de la incongruencia de algún accidente o farsa, como subproducto de la vida real, sino que la extrae y disfruta por sí misma […]; se trata de la locura por la locura, igual que el arte por el arte o, más exactamente, la belleza por la belleza.

            Claro, después de esto, ¿qué voy a decir yo? Por fuerza, cuanto venga a continuación, será inferior. De todos modos, se hará lo que se pueda.

            Ante todo, me pongo pedantemente jurídico, supuestamente este escrito es, como habrá adivinado el lector sagaz, un dictamen, es decir una opinión. Todo cuanto afirme con rotundidad, asevere desde el púlpito y presente como verdad clara y distinta no pasará de opinión, espero que fundada. Pero un dictamen es una opinión, criticable, atacable y destructible. Si los abogados llaman dictámenes a sus opiniones es porque con ese nombre al cliente le cuesta menos creer que valen el dinero que paga.

            Dejando esta salvaguarda detrás de mí, queda por despejar un punto. ¿A santo de qué esta opinión? ¿Es que la obra de Sergio Morán, en adelante el Ínclito Genio, se merece un estudio detallado? Es posible. No es mi intención. Lejos de mí realizar una disección fría, precisa, de sus tiras, tramas y bromas. Los he disfrutado e invito a otros a que lo hagan. Mentiría si dijera que es lo mejor jamás escrito en la literatura humorística; por otro lado, dudo bastante que este artículo marque un hito en la crítica. Pero Eh, Tío! me sirve de trampolín para reflexionar sobre lo que el enorme Chesterton (enorme en todos los sentidos) escribió en su día. Vamos, para el lector nada sagaz: como excusa..

            No habrá, entonces, referencias exclusivas a la obra de Serg… del Ínclito Genio, sino que, para ponerlo en su lugar, zumbaré de unos humoristas a otros satíricos. Me pongo a escribir sin un plan muy preciso. Salvo por dos reglas básicas.

            La primera, que, al final, trataré de desentrañar si el humor esencial de Eh, Tío! es efectivamente humor, en el sentido chestertoniano, si es ingenio, si es sátira o si es absurdo; o si puede calificarse puramente como uno de tales tipos.

            Segunda, que no pienso explicar ni un solo gag, aunque tal vez tenga que analizar la naturaleza alguno. Como dijo el Joker: ¡Si explicas un chiste, es que no hay chiste! Mis chistes son elegantes y simples. Los ves, los entiendes y ríes… ¡fin del chiste! El Joker sabe de comedia. Y de otras cosas. Ya me ocuparé de él en otra ocasión.

            Una última aclaración, retrospectiva. Citar autores es un apoyo estupendo al escribir un artículo. Por desgracia, siempre hay que omitir a otros. Esto es así, a no ser que se quiera escribir la lista de los reyes visigodos, ostrogodos y godos a secas. Sé que me he dejado humoristas y satíricos en el tintero (por ejemplo, y de nuevo me dejo muchos más, a Les Luthiers, a Swift y a Woody Allen; o a los grandes maestros, los Hermanos Marx). Y no doy a entender en modo alguno que los citados sean mejores o me gusten más (cosas distintas) que los no citados. O viceversa. Aunque me gustan más unos que otros y entre varios existan abismos de calidad.

            Entonces, ¿por qué unos aparecen y otros no? Fueron surgiendo, algunos; otros se usaron con premeditación (y nocturnidad). En fin, quien se divierta con ello, puede urdir teorías psicoanalíticas, políticas o anarcosindicalistas. Después de todo, para cada suceso del mundo se pueden exponer treinta explicaciones diferentes. Algunas, incluso, verosímiles.

            Bien, veamos, citas impecables, discurso de la defensa y líneas maestras más bien torcidas… está todo lo de mi lista. Podemos empezar.

            Imágenes: Gilbert Keith Chesterton; Morán, según él mismo

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