Con un vaso de whisky

junio 25, 2010

XXI. Edmund Lukas charla con Elspeth Voe

Filed under: Reino y República — conunvasodewhisky @ 12:58 pm

         TOLIA ESTABA TUMBADO EN LA CAMA, con la cara roja. Alguien le había abofeteado. Elspeth lo abrazó, demasiado aliviada para mostrarse lejana.

            – Tesoro mío, tesoro mío.- decía mientras lo acunaba- ¿Te encuentras bien, Tolia? ¿Tienes algo? ¿Estás bien, vida mía?

            – Perfectamente.- respondió una voz- Salvo por un par de bofetadas. No hizo falta más para que chillara igual que un cerdito.

            Elspeth se volvió hacia la voz. Sentado en un butaca baja, Edmund Lukas sonreía. La Tetrarca abrió la boca, pero fue incapaz de articular palabra.

            – Buenas noches, Alteza. Reconozco que ni sospechaba vuestra faceta materna. Mis hombres encontraron a esa teniente vuestra en su habitación, con el crío de su mano. Supongo que iba a reunirse con vos. ¿La habéis visto?

            Elspeth se había levantado, con Tolia en brazos; empezó a acercarse, lentamente, a la puerta. Una daga brilló en la mano de Lukas.

            – Sentaos, por favor.

            La Tetrarca se cayó, más que se sentó, en la cama.

            – Algo me dice que ayer, cuando estabais en esa misma cama, ni en vuestros más extraños sueños hubierais imaginado una escena como ésta. Claro que, durante el tiempo que estuve aquí, yo tampoco.

            Elspeth seguía mirando al Juez Errante, demudada.

            – ¿Qué estás haciendo?

            – Buena pregunta. Tal vez restaurar el equilibrio. Anoche estaba a vuestra merced. Hoy, vos lo estáis a la mía. Tal vez sea eso, aunque no me parece la explicación más satisfactoria. Porque daría la impresión de una venganza, ¿verdad? Y esto nada tiene que ver con la venganza. Ni con el equilibrio, supongo.

            – Has asaltado mi palacio. Estás matando a soldados de las Islas Rojas. Has asesinado a mis sirvientes. ¡Has golpeado a mi hijo! ¡A mi hijo!

            – Admito que lo tradicional es que el huésped sea traicionado por su anfitrión. Aunque tampoco faltan ejemplos de lo contrario. Sin embargo, me parece que este asalto supera cuanto he oído narrar.

            La Tetrarca aferró a su hijo con más fuerza. Tolia había dejado de llorar. Por consuelo o por terror. No se atrevía a mirar al sonriente joven.

            – La República te ha enviado para acabar conmigo. Todo este tiempo has estado esperando tu oportunidad. ¿Los otros Tetrarcas han pedido mi muerte y no se atreven a hacerlo ellos mismos?

            – Ah, sois especuladora, sí. Esa hipótesis podría tener sentido, pero ¿para qué enviar un Juez Errante? Sería más discreto mandar sencillamente a los asesinos. No, dejaos de suposiciones. Izur no tiene nada que ver. Y los Tetrarcas, por ahora, menos. Esto lo hago a título personal.

            – Estás loco, entonces. Aunque me mates, aunque logres esquivar a las guarniciones que ahora mismo estarán viniendo hacia aquí…

            – No os preocupéis. Antes de que lleguen, mis hombres y yo estaremos en alta mar. Ese velero privado vuestro parece magnífico.

            La garganta de Elspeth estaba seca.

            – Pero la masacre se descubrirá. Y es conocido que unos siervos de la República eran mis invitados.

            – Sí. También que regresaron al puerto oficial. Cuantos saben que me quedé están o estarán muertos muy pronto. Los oficiales del puerto, diréis, ellos saben que dos vinisteis al palacio y sólo uno regresó. Pero tampoco pueden estar muy seguros. Dos hombres, un hombre, quién sabe. Los testigos son la menos fiable de las pruebas. Y el Comandante, el que sí podría acordarse… Bueno, ya me entendéis.

            – Los Tetrarcas no se engañarán. Romperán la alianza con Izur. O pedirán tu cabeza a cambio.

            – Es posible. Claro que, ¿tomarán una medida tan radical sin pruebas? ¿Creéis que la República admitirá alguna responsabilidad sin ellas? ¿O que los Tetrarcas se arriesgarán a perder a su aliado más fuerte? Desde luego, hará falta un chivo expiatorio. Personalmente, pienso que dos acusarán al tercero de haber planeado todo esto para conseguir vuestros territorios. Entonces, podrán declararle una guerra con justicia y quedarse con sus dominios. ¿No es lo que haríais vos?

            – Eso son delirios…- murmuró Elspeth, sin convicción.

            – Tampoco me inquieta. Beneficiar a los Tetrarcas no está entre mis preocupaciones. Aunque tendría gracia provocar una guerra, ¿verdad? Nunca lo había hecho antes. No parece muy complicado.

            – ¿Y qué quieres?- gritó Voe- ¿Para qué haces esto?

            – El incendio y la muerte de vuestros servidores son precauciones. En definitivas cuentas, me interesa que no haya testigos directos. Eso es evidente.

            Edmund se levantó, apoyó la punta de su daga en la espalda de Tolia. Elspeth rechinó los dientes. Siempre con su sonrisa helada, Lukas indicó por señas a la aterrorizada madre que le pasara el niño; y ella no se atrevió a oponer resistencia.

            – Si no lo he entendido mal del todo, Alteza, estos últimos días tratasteis de seducirme. Y con éxito, os lo concedo. Supongo que os parecía el mejor medio de matar el rato. Fue una especie de desafío, ¿verdad? O un experimento. Bueno, quiero hacer algo parecido. Sólo que vos pusisteis a prueba vuestras habilidades en mi. Yo deseo, sencillamente, conoceros mejor.

            Dio un paso hacia atrás, deslizó el crío hasta el suelo y le puso la hoja en la garganta.

            – No es un examen original, aunque sí muy eficaz. Sé que sois inteligente, culta, elegante y encantadora. Sé que, para sobrevivir en vuestro puesto, hay que ser una política de primer orden. Sé que sois capaz de engañar, de manejar a los demás. Ahora, además, sé que sois madre.

            “Hasta que no supe esto, pensaba interrogaros hasta que me confesarais algo vergonzoso, alguna debilidad, un punto flaco. Suponía que estaríamos charlando largo rato. Que os defenderías con ingenio. En fin, que pondríais a prueba mis habilidades como interrogador. Más o menos, lo mismo que vos me habíais hecho, aunque… concentrado.

            El filo tembló, acariciando la piel de Tolia. El niño miraba a su madre, con esa mirada espantosa que sólo un hijo puede dirigir.

            – Pero con este nuevo elemento a la vista,- palmeó el hombro de Tolia- podía simplificarse. Al veros entrar supe que, en efecto, no haría falta una conversación llena de agudezas. Así que, veamos. Sois política: vuestro deber es sobrevivir. Sois manipuladora: vuestro ser es controlar lo que sucede. Sois madre: vuestra razón es la vida del hijo. ¿Cómo vais a conciliarlo?

            Elspeth alzó una mano hacia Edmund, como si con eso pudiera proteger a Tolia. Habló con lentitud, midiendo sus palabras.

            – Si, según tú, tengo que controlarlo todo, mi decisión, cualquiera que sea, determinará lo que ocurra en esta habitación. Entonces, esa faceta mía no entra en conflicto con las otras dos

            – Muy bien.

            – Si como política debo sobrevivir y como madre debo proteger a mi hijo; si afirmas que hay un conflicto entre mis naturalezas; y si mi otra naturaleza no entra en conflicto con estas dos, entonces quiere decir que matarás a mi hijo, a no ser que me mates a mí.

            – Era sencillo de deducir. ¿Qué será, entonces?

            Elspeth tenía los ojos llenos de lágrimas de rabia, de miedo. Por primera vez en su vida, no era capaz de actuar, sabiendo, desde el principio, cuál de las dos opciones tomaría. De haber tenido tiempo, podría haber levantado una construcción de argumentos y contrargumentos. Ninguno, sin embargo, hubiera cambiado la decisión. Y Edmund lo sabía, lo había adivinado con la misma rapidez que ella lo había entendido en sus entrañas. Aquel joven que unas horas antes había gemido, bajo su control absoluto, ahora había sido capaz de desnudarla hasta lo más íntimo, de forzarla a lanzar a las mujeres que llevaba dentro unas contra otras, de negarse a sí misma para afirmarse a sí misma, de reducirla. Ni siquiera la manipuladora sobreviviría: porque la decisión que tomase significaría la muerte de alguna de las Elspeth Voe que ahora aún existían.

            – Bastardo hijo de puta.- susurró- Déjalo ir.

            El cuchillo se clavó atravesando el hígado. Con un aullido, la Tetrarca se derrumbó, agarrando con las manos contraídas la herida. Tolia gritó y se abrazó a su madre. Edmund permaneció silencioso, pálido, observando a la moribunda. Entonces, tuvo una inspiración. La sonrisa regresó, más inhumana que antes.

            Agarró a Tolia por los pelos, lo alzó a viva fuerza, pese a sus pataleos. Elspeth comprendió lo que iba a suceder y boqueó, desesperada. Lukas le rajó la garganta a Tolia. El cuerpo sin vida del niño cayó junto al de Voe, viva aún, por algún tiempo, según la ley natural. Pero en el que ya no vivía nadie.

            Edmund abandonó la habitación con paso torcido. Tenía la frente perlada de sudor. La sonrisa vagaba aún en su rostro, como un espectro. Cuando los Segadores, cumplida su misión hasta el último detalle, se presentaron ante él, no había señal de ella, sólo un rostro impasible.

            Sin una palabra, el grupo de asesinos se dirigió hasta el corredor que llevaba hasta el puerto privado de la Tetrarca, el puerto que los Segadores habían descubierto unas jornadas antes. Los cadáveres desnudos de los marineros flotaban en el agua: la siguiente marea se los llevaría. Los Segadores vistieron sus uniformes, levaron anclas y pusieron rumbo al punto de encuentro que Edmund había enviado a Dougal.

            El Juez Errante, con la capucha echada hacia atrás, dejó que el agua salada le salpicara, refrescándole, la mirada perdida en el mar.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: