Con un vaso de whisky

mayo 28, 2010

Conversación

Filed under: Reino y República — conunvasodewhisky @ 1:02 pm

            – ESTA HA SIDO UNA NOCHE…

            “Ha sido una noche… no sabría expresarlo.

            – ¡Claro que sabes! ¡No seas ridículo! Ahora que has cumplido, tal vez recuperes la calma. Ya no estás allí, en su alcoba, con ella recorriéndote el cuerpo…

            “¡Silencio!

            – ¿Por qué? Después de tantas noches sin dormir pensando en ello, al fin lo has conseguido. ¿No quieres recrearte un poco?

            “¿Recrearme en eso? ¿En esa humillación?

            – ¿Humillación? ¿Es que no lo has pasado bien? Creía que había sido una experiencia magnífica.

            “Esa mujer… me ha utilizado.

            – Sí, desde luego, pero eso no quita el placer. ¿O sí? ¿No has descubierto ningún placer cuando te has rendido ante ella?

            “He sido un débil, un hombrecillo patético.

            – Hablando de Historia podías competir con ella, pero en este tipo de debates sus argumentos son más fuertes, ¿verdad? ¿No eres capaz de responder, Edmund Lukas?

            “He sido demasiado débil… debería haberlo visto venir.

            – Basta de engaños: lo viste venir. Lo sentiste, lo viviste. No trates de hacer pasar lo que ha ocurrido por algo inesperado. Era algo fervientemente esperado.

            “¡Pero no debería haberlo sido!

            – ¿Por qué no? ¿Es que acaso es ilegal acostarse con una mujer?

            “No, no lo es.

            – Entonces, ¿es porque la mujer en cuestión es Tetrarca de las Islas Rojas? Puede haber implicaciones políticas. ¿Y si la dejas embarazada? ¿Tendrás derechos, como padre, en el archipiélago? ¿O temes que si informa al Consejo éste lo tome como un insulto a la dignidad de una aliada? ¿Has estado tan mal como para que se sienta insultada?

            “No es nada de eso. No creo que ella corra el riesgo de quedarse embarazada de mí.

            – Desde luego que no. ¿Por qué es tan humillante lo que ha sucedido, Edmund?

            “Porque era ella quien lo quiso. Ella quien lo planeó. Ella quien me tentó, quien me dejó sufriendo durante días.

            – Y cuando te concedió tu deseo, ¿crees que lo hizo para aliviar ese sufrimiento?

            “No. No, lo hizo para dominarme por completo. Igual que en la cena esa chica quería seducirme, para convertirme en el pelele de alguien, de Horst, de quien fuera.

            – Y Edmund Lukas no es el pelele de nadie, ¿no es cierto?

            “Lo he sido todos estos días.

            – Parece que vamos recobrando la inteligencia. Ya era hora. Estas noches pasadas no había forma de concentrarse. Esto ha sido muy liberador.

            “¡Liberador! ¡Me doy asco!

            – Sí, es evidente. ¿Por qué? Has tenido que tragarte tu orgullo en otras ocasiones. Con el propio Gobernador Horst, sin ir más lejos. En la Escuela se te enseñó que no siempre lograrías lo que te propondrías. Que se te impondrían límites. Y lo aceptaste.

            “Quizás no debería haberlo hecho.

            – Quizás. Pero lo aceptaste, para conseguir tu objetivo. El medallón, el cargo. ¿Fue humillante esa ceremonia donde, al fin, se te invistió?

            “No.

            – En cambio, esta noche sí la has vivido como algo vergonzoso. ¿Ha sido por el sexo? Creo que es más divertido que un ritual solemne.

            “Esa ceremonia era una recompensa por los conocimientos, por las habilidades. ¡Era un triunfo, no una lucha! La lucha había quedado atrás. Y la había ganado.

            – De acuerdo. ¿Por qué ha de ser diferente con esta batalla que he mantenido con Elspeth Voe?

            “Porque aquí era ella la que iba a ganar, sin ninguna duda. Para un Juez Errante no es un problema sentir pasión por una mujer. Ni por un hombre, si sabe ser discreto. No es ilegal.

            – Tampoco va contra un código ético. Nunca he fruncido el ceño por inmoralidad cuando veía a una pareja regalándose.

            “¡Claro que no! Estabas viendo una partida de un juego. Igual que en un interrogatorio, en una emboscada, en un duelo de esgrima. Dos oponentes midiendo sus fuerzas. Siempre hay un ganador y un perdedor.

            – Sin duda.

            “Sabías desde siempre, que no podrías jamás vencer en este juego. Y no te importaba.

            – Eso, lo reconozco. Sencillamente, me apartaba de él. Nunca iniciaba ninguna partida.

            “Ni tampoco la aceptabas.

            – Bueno, nunca resultó una carga. Tampoco es que me llovieran los desafíos.

            “Eso explica que esta noche haya sido humillante.

            – En absoluto. Que la hayas vivido como una humillación es algo puramente subjetivo. Lo mismo que ha sucedido hoy, sin variar ni un detalle externo, podría haber sido un éxito para ti.

            “¿Cómo es eso?

            – Mera cuestión de vivencia. Te has resistido a Elspeth. Has plantado cara. La verdad es que la mitad del tiempo no eras consciente y luego estabas demasiado obsesionado como para comprenderlo, pero de un modo instintivo te oponías a su ataque.

            “Cierto.

            – ¿Y para qué? Si sabías que ibas a perder, ¿para qué luchar?

            “No podía irme del palacio.

            – Discutible, pero no es eso de lo que hablamos. Si te hubieras rendido de buenas a primeras, o tras resistir lo justo, no hubieras sufrido tanto. Te habrías dejado llevar a la cama sin tanta agonía.

            “Como su entretenimiento.

            – ¡Vaya! ¡Así que ella no sentía por mí esa misma pasión ardiente!

            “¡Pues claro que no!

            – Pero tú la deseabas. Deseabas acostarte con ella. Desde luego, hubiera sido preferible que no sintieras ese deseo, se habría llevado una decepción espléndida. No era el caso. Reprimir ese deseo fue un error estratégico.

            “Entonces, ¿es que debo dejarme llevar por cualquier deseo? ¿Por cualquier pasión?

            – Rara vez lo has hecho. Sólo te dejas llevar por la ira, de vez en cuando. Por miedo. Aunque has ido cambiando. Ya no sientes tanto miedo. ¿Vas a dejar de resistirte a lo que llevas dentro?

            “Si lo hago, seré un idiota. Los que se dejan llevar por las pasiones son siempre los títeres de alguien más inteligente. Y yo lo he demostrado.

            – Sí, pero una persona inteligente se conoce, se sondea. Sabe cuándo algo que lleva dentro puede devastarlo si no lo deja salir. Otra caso, desde luego, es cómo lo deje salir.

            “No lo entiendo.

            – Lo entiendes. Al reprimir tu deseo por Elspeth te convertiste en un rival débil. Al dejarte llevar, después de tu resistencia, en contra de voluntad, fuiste vencido. Por eso sientes asco de ti, y con razón. Pero si hubieras cedido por tu voluntad, dejando que ella creyese que te había derrotado… Eso ya es otra cosa, ¿no es cierto?

            “Sí… Lo es, sin duda.

            – Tengo razón al ver el sexo como un arma en una lucha muy difícil para mí. Hay que reconocer las propias limitaciones.

            “Donde me he equivocado es en no subordinar esa debilidad a un plan propio, en no saber emplearla a mi favor.

            – A no ser que ames tanto a Elspeth que te sea intolerable no estar a su lado, no ser su compañero, su fiel amante.

            “No hay ese riesgo.

            – Perfecto. Ahora mismo ya te has librado de ella. Nadie que sea un títere sabe cómo derrotar a su titiritero. Siempre y cuando sepas mantener cualquier deseo bajo tu control.

            “Eso decía Dougal. Un deseo reprimido no es un deseo controlado.

            – Deja a Dougal, no está aquí.

            “Cierto. Podría dejar que la Tetrarca siguiera creyendo que soy su perro. Seguramente mañana empiece un nuevo juego: querrá hacerme bailar por unas migajas de la fiesta de anoche.

            – Seguramente. Hay quien la dejaría engañarse, si es que esas migajas son lo único que deseas.

            “Deseo mucho más. Pronto se dará cuenta de que ha calculado mal conmigo.

            – ¿Eso es una venganza?

            “No.

            – Bien. La venganza es una estupidez. El que se venga no es capaz de controlarse. Se deja llevar por un absurdo sentimiento de justificación, un engaño bastante pobre.

            “No, no deseo vengarme. Deseo demostrarle su error. No tengo muy claro lo que deseo. ¿Humillarla? Sí, es cierto, pero no por venganza. He recobrado el control sobre mí y quiero que ella sea consciente. ¿No lo acabo de decir? Hay que saber cuándo expresar lo que uno lleva en el corazón, ¿verdad?

            – ¿Cómo?

            “Esperaré a los Segadores.

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