Con un vaso de whisky

abril 19, 2010

Grandes Series: Carnivàle

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:02 pm
Tags:

            Carnivàle lleva la contradicción en los huesos. Es una serie cuyo tema es la lucha entre el Bien y el Mal, de la que se pueden decir muchas cosas, menos que es maniquea. Una serie que podría calificarse de fantástica y heroica, de Épica, con mayúscula; pero que está magníficamente ambientada en plena Gran Depresión americana, antes de que el New Deal (y la guerra) levantaran la economía estadounidense. Una serie de realismo descarnado, esoterismo, magia, horror, seco sentido del humor e intrigas de nivel cósmico. Todo ello en una miserable feria ambulante, con su noria, su mujer barbuda, sus fenómenos y sus atracciones trucadas.

            Voy a dejar que Samson el Magnífico (un Michael J. Anderson a quien por fin se le dio un papel digno) les introduzca la serie, aunque, para gustarlo de verdad, hay que ir a youtube o, mejor aún, hacerse con la serie:

            Before the beginning, after the great war between Heaven and Hell, God created the Earth and gave dominion over it to the crafty ape He called man. And to each generation was born a creature of light and a creature of darkness. And great armies clashed by night in the ancient war between good and evil. There was magic then, nobility, and unimaginable cruelty. And so it was until the day that a false sun exploded over Trinity, and man forever traded away wonder for reason.

            En inglés la cita, porque en inglés debe verse la serie. Cada vez que tengo alguna duda en la lucha por acabar con el doblaje, series como ésta me reafirman en mi posición. Siendo todos los actores, tanto los principales como los secundarios, unos grandes, hay que escucharlos. Hay enormes voces en esta serie, cada cual con su propio tono, timbre, lenguaje. Por su voz los conoceréis. Quien oiga a Clancy Brown ya no podrá olvidarlo jamás.

            Clancy Brown se mete en la piel de uno de los dos personajes principales. Porque Carnivàle, en su pasión dualista, tiene dos tramas, que el espectador va siguiendo capítulo tras capítulo, mientras ambas se acercan la una a la otra. Por un lado, la de la feria, con sus habitantes, marginados, extravagantes, muy terrenos la mayoría, otros muy metidos (no sabemos cuánto) en esa lucha a muerte de la que Samson nos ha advertido. A esa feria se une Ben Hawkins un joven escapado del presidio, a quien conocemos mientras ve agonizar a su madre y justo antes de que el banco expropie la patética granja familiar. Por el otro, la del Hermano Justin, un reverendo metodista de California.

            Sabemos que uno de ellos es la criatura de la luz y el otro, la criatura de las tinieblas. Pero, ¿quién es quién? Se nos dan indicios y pistas. Sin embargo, Daniel Knauf y sus colaboradores son tan astutos que hasta el final de la primera temporada mantienes dudas muy fundadas. Los personajes cambian y evolucionan. Lo repito: no hay maniqueísmo alguno, ni siquiera cuando la Oscuridad se alza en todo su esplendor. En lugar de elegir entre trama y personajes, aquí se nos da una trama muy buena y unos personajes de los que casi no quedan.

            Trama que tiene sólo algunos momentos de debilidad (como cuando parece que los Templarios andan metidos en el ajo, a no ser que interpretemos su presencia como una ironía; es lo que yo hago), pero los compensa con ciertos guiños (la mención de Rennes-le-Château hizo que varios diésemos palmas) y con la calidad que es la norma.

            El círculo de la feria es el más habitado. Carnivàle se toma su tiempo para que conozcamos a los feriantes y distingamos quiénes son gente corriente (gente corriente que, como la familia de “Stumpy” Dreifuss y Rita Sue o el gran Jonesy, se llevan un buen trozo de protagonismo y son una de las glorias de la serie) y quiénes son piezas del juego y jugadores. Nick Stahl (único candidato serio para ser El Chico si alguna vez se adapta al cine como Dios manda Meridiano de sangre), Clea DuVall, Patrick Bauchau…, es decir, Ben, Sophie, el profesor Lodz y varios otros te tienen clavado a la silla, mientras por detrás se insinúa quién o qué es la enigmática Administración.

            Clancy Brown, el Hermano Justin, por el contrario, mantiene su trama casi en solitario, salvo dos o tres personajes. Personajes nada desdeñables: el reverendo Norman, el periodista Tommy Nolan e Iris, la hermana de Justin. La relación entre Justin e Iris es otra muestra de la maestría de los escritores, directores y actores. Dependiendo del momento, estás seguro de que es ella la que lleva las riendas; al otro, que sobre Justin nadie tiene influencia alguna. Si esto es así en la primera temporada, durante la segunda le relación alcanza el genio. Pero, pese a todo, es Justin quien nos arrastra. De todas, es su evolución la que me parece más compleja, más trabajada.

            Sumemos a todo ello una música extraordinaria, obra de Jeff Beal, con un tema concreto para cada personaje. Unas localizaciones elegidas con cuidado. Una ambientación perfecta (ves el sudor, el polvo, los trajes raídos, sientes el calor y hueles la suciedad). Diálogos memorables, discursos que dejan en ridículo a cualquier político de las últimas tres décadas, escenas de antología (en televisión no he vista nada más siniestro que la llegada de los habitantes del fantasmal pueblo de Babylon, salvo cierto escayolista a quien Ben Hawkins hace una visita)…

            Para resumir, ¿quieren ver cómo esta serie concentra toda su esencia en dos minutos? Pues vean sus créditos de inicio. Porque ahí está la música, el detallismo, la mezcla entre lo épico, lo mágico, lo cotidiano y lo real. Nunca me canso de ellos.

            Pero ya lo avisé: ésta es una serie de contradicciones. Verla es una gozada, un placer. Con un precio. Que al acabar la segunda temporada sepas que había otras cuatro detrás. Y que jamás las podrás ver. Porque ni siquiera la HBO podía seguir pagando tanto por cada capítulo con una audiencia no demasiado alta. Esa desesperación es la otra cara de la moneda. Y, créanme, durante las dos semanas siguientes al último y acojonante capítulo, desesperados es como estarán.

Anuncios

1 comentario »

  1. Cierto lo dijo casi todo,el reparto mato la serie,era un costo estratosferico.La serie en si es estupenda,parasicologia y religion se vuelven a enfrentar en una lucha ya 2 veces milenaria .Que hacian los Templarios ahi me parece que estan fuera de onda,esta gente por mas que quieran relacionarse con lo isoterico y la alquimia moderna me parecen mas de circo que otra cosa,nunca han probado nada,Hay personajes como Stumpy que casi se apoderan de la serie,tipo simpatico,con un gran humor y un realista impedernido aun en aquellos tiempos.Decir cual de ellos es mejor no es justo,la mejor serie en muchos años.

    Comentario por Cris Ortega — agosto 28, 2011 @ 8:07 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: