Con un vaso de whisky

abril 5, 2010

Viegésimos unen canto con humor

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:19 pm
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            El hombre, vestido de esmoquin impecable, igual que sus compañeros aún ocultos, avanzó entre aplausos, sentose ante su atril y abrió su portafolios. El público estaba nervioso. Le picaban las manos. Don Marcos Mundstock se aclaró la garganta y leyó con esa voz sólo suya: “El célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero…” No pudo seguir. El público aplaudió como loco ante las palabras que esperaba ansioso desde hacía horas o tal vez días y semanas. El señor Mundstock sonrió, benévolo, agradeció con un gesto y recomenzó: “Decía… El célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero…” Y con la precisión de un reloj, el público volvió a rugir. El lector meneó la cabeza amablemente. Meditó un momento. “El célebre compositor… antes mencionado.” Ahora el público aplaudía entre carcajadas, encantado por el ingenio, por la cortesía y por la astucia del hombre barbudo, que había recogido el guante y le había permitido ser cómplice del espectáculo. Por fin, le dejó continuar y Les Luthiers brillaron como siempre lo hacían.

            Yo estuve esa noche en Bilbao, entre el público, y aplaudí y reí como el que más, hasta salir agotado del teatro, igual que los amigos que (les debo una copa) me habían convencido para hacer aquel corto viaje. Volví a ver a este grupo de comediantes músicos un tiempo después, en Madrid. Y me duele no haber podido asistir a sus Premios Mastropiero, este mismo año.

            Hablar de Les Luthiers es complicado, si no se quiere caer en tópicos desgastados de tanto repetirse. Son actores, músicos, cómicos, viejos, hábiles, benevolentes, maestros del humor y del ingenio, del ingenio al servicio del humor; con sus letras y sus estrafalarios instrumentos pueden ser irónicos, pero nunca son crueles. Aunque no conviene fiarse de un comediante, experto en fingimientos, no conozco sonrisas más radiantes, llenas de humanidad, de simpatía que la suyas. Salvo, durante unas horas, las de su público.

            Voy a soltar una blasfemia, aquí, en medio de los elogios: no todos sus números me gustan. Con un par no me he reído. Con dos, entre decenas. No es una mala media. Con todos los demás disfruto como un enano. Y con muchos, me caigo de la silla. ¿Quién puede no reírse con la introducción de casi veinte minutos al merengue “El negro quiere bailar”? Desde entonces, el mundo se divide entre los amantes de Terpsícore y los amigos de Esther Píscore. Nadie puede permanecer indiferente ante el círculo perfecto que es el prólogo a la balada “A la Playa con Mariana”, rematado con la propia balada. Si lo consigue, no trabe amistad con él. Ha de ser alguien aburrido a la fuerza.

            Tenemos una gran deuda con Les Luthiers. Nos enseñaron a seducir, respetuosamente, a las hijas de los Escipiones del mundo. Nos descubrieron lo que puede dar de sí el encuentro de un jinete con una bella y graciosa moza. Nos mostraron la venerable Universidad de Wildstone, donde, por desgracia, no fuimos admitidos. Y cualquier persona, sea o no devota de los santos, puede rezar a San Ictícola de los Peces, esperando que esta vez no nos vuelva a fallar.

            Son viejos ya, dos veces viegésimos sobre los escenarios. Son bufones canosos, alegres y saltarines, venerables cómicos. No puede ir tan mal la evolución de la sociedad si podemos llamar venerables a estos músicos. Algún día morirán, sin duda. Y guardaremos un lustro de luto. Y no será homenaje suficiente. Que Dios les bendiga, maestros. No nos los merecemos.

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6 comentarios »

  1. Fantástico… Aún recuerdo como rodé por el suelo, literalmente, con Ester Píscore…

    Comentario por Naezel — abril 6, 2010 @ 10:21 am | Responder

    • No es para menos. “Is this the pencil of Esther Píscore?”

      Comentario por conunvasodewhisky — abril 7, 2010 @ 1:06 pm | Responder

  2. Si lo hubieras dicho te habría invitado a los premios Mastopiero. Tampoco fuí, pero pon no ir solo.

    Comentario por Saúl — abril 6, 2010 @ 10:38 pm | Responder

    • Tampoco hubiéramos adelantado mucho. No podía ir ni solo, ni acompañado ni arrastrado por una legión de lemures ebrios.

      Comentario por conunvasodewhisky — abril 7, 2010 @ 1:05 pm | Responder

      • Una legión de lemures ebrios da para mucho

        Comentario por Nicoletto — abril 21, 2010 @ 6:25 am

      • Hay fuerzas aún mayores.

        Comentario por conunvasodewhisky — abril 21, 2010 @ 9:10 pm


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