Con un vaso de whisky

marzo 1, 2010

Grandes series: The Wire

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 11:00 pm
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            Cierto día que no estaba rememorando su pecadora juventud, San Agustín lanzó al mundo está pregunta: “¿En qué se diferencia el Estado de una banda de malhechores?” Unos cuantos siglos después, David Simon y Ed Burns nos dieron material suficiente para contestar. Nos dieron The Wire.

            Ésta es, hasta la fecha, la mejor serie que he visto. La más compleja, la más humana, la más inteligente, la más completa. Es casi perfecta. Y si digo “casi” es por la limitación esencial del ser humano, que, por definición, impide la perfección total.

            Si tuviera durante una hora el poder absoluto en este país (o en el mundo), además de muchos decretos divertidos, ordenaría que las cinco magistrales temporadas de esta serie se vieran obligatoriamente. Un acto de despotismo ilustrado. Se verían en las redacciones de periódicos, en las escuelas e institutos, en las universidades, en los juzgados, en las comisarías de policía y colocaría televisiones en las esquinas de las calles.

            Nunca he visto planteados problemas sociales con tanta inteligencia, con tanta habilidad. Sin caer en dogmatismos, ni en abstracciones que no conducen a nada. Y sin lastrar el ritmo. Las tramas y las reflexiones se sirven unas a otras. El tráfico de droga, la legalización (o no) de la misma, el trabajo policial, la manipulación de las estadísticas al servicio del cálculo electoral, el Juego…

            Si uno se cree un cínico, que vea The Wire. Aún le quedaban ilusiones que perder. Si uno es un maniqueo que tiene en el Imperio de la Ley el Bien Supremo y en los criminales unos demonios, que vea The Wire. Si duda que la raíz de los problemas está en la infancia, en la educación, que vea la pasmosa cuarta temporada. Si es de los que siente un justiciero orgullo cuando la policía anuncia la captura del Mayor Alijo de la Historia, vea The Wire. En la próxima rueda de prensa por el siguiente Mayor Alijo se partirá de risa.

            ¿Es ésta una serie de género negro? Sí, pero no sólo. Sería una historia policíaca “impura”. Porque con lo policiaco (que es la base y la estructura), hay ironía, análisis político y humano, sagas familiares, tragedia clásica en los suburbios. Esta serie se mete en las cloacas del poder, tanto legal como ilegal. En la ciudad de Baltimore no hay una sociedad, hay varias. Y en todas ellas se juega al mismo juego, aunque algunas reglas y algunos jugadores cambien.

            Como muestra de calidad: Tom Waits se ocupa del tema central (que él en persona canta en la segunda temporada). Detalle importante, no hay apenas una nota de música ajena a la acción misma de la serie: sólo si los personajes oyen la música, nosotros también. Porque el realismo puro y duro es marca de la casa.

            Ya verán: cuando conozcan a Jimmy MacNulty, a Lester Freamon, a Cedric Daniels, a Bunk Moreland (un hombre que nació ya con traje), a la pareja de capos formada por Avon Barksdale y Stringer Bell, a Proposition Joe, a Bubbles, o a Omar (el único que no está en el Juego, el verdadero extranjero, el que pone sus reglas), entre otros, ya no podrán dejarlo. Hasta que termine el increíble último capítulo de la quinta temporada. Después de él, no sé si encontraré algo en televisión que se ponga al mismo nivel.

            ¿Qué diferencia hay entre el Estado y un grupo de bandidos? ¿O entre una empresa, un periódico, un bufete de abogados y una organización criminal? Yo apenas veo alguna. Tal vez ésta: que el Estado, el Ayuntamiento, vive en un mundo, con unas leyes. Que la sociedad civil vive, más o menos, en ese mismo mundo. Y los delincuentes de Baltimore, simplemente, son ciudadanos de otra ciudad. Dos ciudades que coexisten, que se entremezclan y que chocan. Ninguna, lo lamentamos, es la Ciudad de Dios.

            Carlos Boyero, el primero a quién leí mencionar en varias críticas esta obra maestra (antes de que otro Carlos, Vara Sánchez, viejo amigo y acreedor que lo tiene difícil para que le pague la deuda, me la facilitara) va a resumir ahora en un párrafo lo que llevo tanto tratando de explicar; y, en esta ocasión, comparto totalmente sus palabras:

            ¿Qué tiene de excepcional la serie que crearon David Simon y Ed Burns? Todo. Realismo de primera clase, personajes y situaciones que desprenden verdad, guiones en los que no falta ni sobra nada, un retrato de los mecanismos del narcotráfico y de la tan lógica como generalizada corrupción de las instituciones que crea un negocio tan sabroso como perdurable, actores enormemente veraces que jamás te dan la sensación de estar interpretando, villanos inquietantes y policías muy humanos empeñados en dignificar su complicada profesionalidad, el ritmo que necesita cada historia, rechazo radical de los tópicos y del edulcoramiento, una atmósfera admirable, estilo, talento, complejidad emocional, mordacidad, acción, gracia, tragedia, peligro, magia, horror, reflexión, todos esos dones con los que nos enamora ancestralmente el gran cine.          Pues eso.

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1 comentario »

  1. Aunque la recomendación de ver las series (y películas) en versión original viene ya por defecto, con The Wire hay que ser más duro: no es una recomendación, es una necesidad. O se ve en inglés, o no se ve. No hay vuelta de hoja.

    Comentario por conunvasodewhisky — marzo 2, 2010 @ 2:04 pm | Responder


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