Con un vaso de whisky

febrero 26, 2010

Correspondencia (V)

Filed under: Reino y República — conunvasodewhisky @ 2:16 pm

            DISCURSO del Gobernador Frank Horst ante la Gran Asamblea de Izur:

             Ilustrísimos Miembros de la Gran Asamblea, agradezco humildemente esta audiencia que me habéis concedido. Ha pasado un tiempo largo ya, desde que esta noble cámara me honró con la responsabilidad del máximo puesto en la provincia de Nicolia. Mas no estoy aquí para hacer balance de mi administración. Mi gestión estará siempre sometida al escrutinio de la Gran Asamblea y del Consejo. Hoy, empero, comparezco ante vosotros, Ilustrísimos, por motivos tan imperiosos como graves.

            Nuestra gloriosa República tuvo que combatir desde el comienzo para poder sobrevivir y prosperar. Los bárbaros que antaño se sometían a la servidumbre de la monarquía guerreaban entre ellos tanto como contra nosotros. Sabían bien que el nacimiento de la República era la señal de su definitiva decadencia. Que cuanto más grande, floreciente y poderosa fuera la República, menor sería su fuerza. Y la Historia, desde luego les ha dado la razón (aplausos y risas).

            La República de Izur ama la paz, desea la paz, lucha por la paz. Hemos establecido alianzas seguras con muchos de nuestros vecinos. Reinos y potestades solicitan nuestra amistad, rindiéndonos justos tributos. Otros territorios se han unido voluntariamente a la República, gozando sus habitantes de los derechos y privilegios de la ciudadanía. Nuestra influencia es notoria tanto hacia el Este, donde el Imperio Hipto nos saluda como amigo eterno, como hacia el Sur, pues las ciudades ribereñas del Mar Sereno son todas ellas tributarias o firmes republicanas. Las Islas Rojas se precian de su amistad con Izur. La República es hoy, más que nunca antes, centro del mundo, luz de las naciones. Y no hemos desarrollado aún todas nuestras potencias (ovación).

            Pero, Ilustrísimos señores, el deseo de la paz no es siempre suficiente para garantizarla. Hace falta una mano firme, para que los enemigos de la paz no amenacen nuestras libertades. Es precisa una fuerza legítima, para que aquellos que rechazan nuestra amistad nos teman. Todos sabemos quiénes nos odian, quiénes siguen rechazando la gloria de Izur, la libertad de Izur, la justicia de Izur, la paz de Izur. Los así llamados Señores, los caudillos bárbaros, que suspiran por su viejo Rey o prefieren una eternidad de divisiones y caos sangriento.

            La República ha establecido fronteras, para mantener la paz, pues ni la guerra más justa puede ser perpetua. Ha soportado las injurias de los bárbaros. Hemos sido, con el permiso de esta noble cámara, tolerantes en exceso. Los informes de las provincias fronterizas, dando cuenta de las incursiones cada vez más crueles de los bárbaros, aumentan sin cesar. Ciertamente, episodios aislados de pillaje y agresión los hemos sufrido siempre. Pero la insolencia de los bárbaros crece. Los pueblos y villas cercanos a las tierras sin ley se sienten desprotegidos.

            ¡Es terrible tener que decir esto, Ilustrísimos Miembros de la Asamblea! ¡Ciudadanos republicanos se sienten inseguros en suelo de la República! Las poblaciones han empezado a levantar empalizadas, a formar milicias, porque temen que las tropas regulares serán incapaces de protegerlas de la ira bárbara. Como Gobernador, siento una inmensa vergüenza. Pues no cumplo con mi deber si alguno de mis ciudadanos teme al bárbaro. Todos los Gobernadores fronterizos sentimos esa misma vergüenza.

            Lamentarse, sin embargo, de nada sirve. Es preciso actuar. La Gran Asamblea ha recibido peticiones, respetuosas, pero acuciantes, para tomar cartas en el asunto. Esta cámara ha consultado, sabiamente, a expertos militares, a estrategas, a las Juntas de Comerciantes, a sus consejeros políticos. Y la repuesta ha sido clara: la intervención militar es necesaria. Las legiones de la República, esperadas con ansia en Nicolia, deben ser movilizadas.

            No me corresponde a mí dictar órdenes ni a la Asamblea ni al Consejo, sino acatar sus decisiones y servir a mi patria. Y os digo, muy nobles señores, que cumplo mi deber advirtiéndoos de los peligros que nos amenazan. Sólo una muestra de la fuerza republicana nos dará la paz. Sólo si los llamados Señoríos son sometidos, sólo si su pueblo es liberado y sus salvajes gobernantes derribados, podrá la República continuar su camino, bajo la protección de los dioses, hacia la paz, hacia la prosperidad, hacia la amistad con las naciones. Y este es, sin duda, el destino de Izur (aplausos).

            ¡La victoria es para quien la merece! Nuestros soldados son valientes, disciplinados. Nuestros oficiales, honorables, de probada capacidad. Nuestro arsenal es envidia del mundo. Tenemos los medios para derrotar al enemigo. Tenemos la obligación de proteger a nuestros ciudadanos. Bien sabe la Providencia cuán poco amamos la guerra. Bien sabe que nos encaminamos a ella tan sólo cuando el deber lo reclama. Pero que, cuando así es, no nos tiemblan las rodillas, que encaramos la misión con dignidad. Porque cuando un Estado lucha por lo justo y verdadero, cuando se opone a la agresión, a la tiranía, a la crueldad, sus tropas son el martillo de los dioses (grandes ovaciones).

            Quedo, pues, como cualquier servidor de Izur, a la espera del juicio de esta noble Asamblea. Nuestro pueblo está necesitado, nuestros enemigos nos creen débiles. Demostremos a los ciudadanos que su fe en el Estado es digna y a los bárbaros que su fin es inevitable.

            ¡Larga vida a la República!

            (largo aplauso)

 

            MENSAJE de Pieter Rümelin a lord Gregor Jescheck (encriptado):

 

            Mi señor,

             Siguiendo vuestras instrucciones, me he presentado ante lord Helmut en calidad de emisario. Mi anfitrión me ha recibido con cierta frialdad, aunque con escrupuloso respeto hacia las formas. Fui llevado a su despacho, donde me recibió, rodeado por sus colaboradores más cercanos. Tal vez considerase que de este modo sería yo más consciente de estar en casa ajena, sin apoyo alguno.

            Lord Helmut os traslada sus respetos, de acuerdo con el protocolo, tal cual se lee en el mensaje oficial que os he enviado por medios regulares. En todo momento se mostró cortés. Consideró razonables vuestras pretensiones de negociar los puntos del Concilio antes de su celebración. La impresión que me dio, sin embargo, es la de estar molesto. En sus gestos y palabras se adivinaba cierta irritación por la importancia que os dais, mi señor. Excuso deciros que tales son los sentimientos de lord Helmut y, en modo alguno, los míos propios. Vuestro título condal fue objeto de veladas burlas.

            Me excusé por el largo viaje, a fin de posponer el inicio de las negociaciones, prolongando así mi estancia. Uno de los consejeros de lord Helmut opinó, por su cuenta y riesgo, que sería aconsejable convocar a los representantes de otros Señores, para que las negociaciones fueran plurales. Me mostré de acuerdo. Cuantos más emisarios, más difícil les será controlar y más tiempo podré estar en Bosquedesnudo. Creo que lord Helmut llegó a la misma conclusión, ya que no parecía demasiado satisfecho con la intervención de su consejero, sir Otto Croger. He trabajado la confianza de éste; no es ningún necio, pero tiene una oportuna tendencia a hablar de más.

            De la pupila de lord Helmut, ni rastro, mi señor. No se encontraba presente en el despacho de su tutor, algo tampoco extraño. Pero no la he visto en los dos días que llevo en el castillo. Me guardé mucho de preguntar por ella; afortunadamente, lord Helmut me dio una explicación en mi primera cena. Excusó su ausencia, diciendo que ella y un caballero, a guisa de Protector jurado, habían abandonado el castillo por unos días. El objeto del viaje es, al parecer, un entrenamiento militar y de supervivencia.

            Ante mi sorpresa, por tratarse de una dama la quien recibe semejante formación, lord Helmut respondió, y cito con la mayor exactitud, que “estamos en tiempos de hierro, maestro Rümelin, las damas refinadas pueden vivir en la República, entre orgías como mujerzuelas, pero en el Viejo Reino las jóvenes deben estar a la altura del mejor guerrero.”Los criados que he tanteado hasta ahora han confirmado las palabras de lord Helmut, lo cual demuestra que mi anfitrión ha sabido preparar la coartada.

            Por lo que se refiere a los ataques contra la República que algunos Señores autorizan como represalia por el sabotaje de los rojinegros, lord Helmut mantiene una posición cercana a la nuestra. No con estas palabras, desde luego, dejó ver su conciencia de que esas incursiones pueden traer más mal que bien. Cuando el espinoso tema de la reunificación se ponga encima de la mesa, probablemente el Señor de Bosquedesnudo sea un apoyo y no un obstáculo.

            Os mantendré cumplidamente informado. Quedo servidor vuestro.

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