Con un vaso de whisky

octubre 18, 2009

Grandes Series: Friends y compañía

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 10:04 pm
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          fiends1jpg  Friends es la reina de las comedias ligeras. O lo fue. Un puñado de personajes simpáticos, bastante esquemáticos, diálogos divertidos, ritmo rápido, buenas actuaciones, invitados famosos, secundarios resultones, y tenemos diez temporadas (¡diez!) muy graciosas, que aguantan perfectamente varios visionados. Sin más pretensiones que hacer reír. Ni que fuera poca cosa.

            Con un grupo de veinteañeros (luego treintañeros) formado por una ex-niña rica, una neurótica del control, una excéntrica estrafalaria, un gracioso, un sabihondo y un tonto guaperas se podía haber conseguido varios resultados. El más común, una comedia sosa. Más raro, una comedia cruel. Aún más raro, se logró una comedia estupenda, amable, sin densidades. Pero, eh, esas comedias han salvado muchas vidas. Que no puede ser todo leer Dostoiewsky. De hecho, no se debería leer nunca a Dostoiewsky sin ver de cuando en cuando Friends.

            El truco está en dar a todos los protagonistas buen fondo. Liarlos en situaciones complicadas, en gags y sketches, hacer que se peleen, se enamoren, discutan, se metan en jaleos. Pero sabiendo que siempre tomarán una decisión generosa, que, además, dará lugar a un chiste. Los dos elementos son necesarios.

            Perfecta para el formato de capítulos de veinte minutos, Friends funcionó siempre porque sus guionistas fueron lo bastante inteligentes como para no ahondar en los personajes. Eso no interesaba a nadie. Los espectadores no queremos vincularnos con esos personajes, no queremos que nos afecten. Queremos que nos entretengan.

            Aquí soy aún más intolerante de lo habitual: odio el doblaje en español. Las voces cambian de manera espectacular, los chistes no tienen ni la mitad de gracia, los personajes no son los personajes. Inglés, por Dios. Oíd a Janice en inglés y nunca jamás volveréis a oírla en español. Ni a los seis protagonistas.

         barney   Friends nos ha dejado una heredera, Cómo conocí a vuestra madre. Y, por las cuatro temporadas que he visto, no tiene nada que envidiar a su antecesora, sobre todo gracias a Barney. Muchas veces, viendo capítulos de Friends me faltaba un burlón con mala idea que metiera una pulla en los momentos justos. Barney es ese burlón. Además, va bien trajeado, bebe whisky y fuma puros. Claro que Robin, Lily o Marshal tampoco desmerecen. Ted es el eslabón débil. Hace las veces de un hilo conductor tampoco muy necesario, no estorba, pero no es memorable. Sólo tiene la fuerza que le prestan sus compañeros.

            Friends logra un equilibrio casi perfecto entre Ross, Monica, Rachel, Chandler, Phoebe y Joey. Cómo conocí a vuestra madre, no. Barney está en la cima y Ted en lo más bajo de la pirámide. Pero no hay una distancia demasiado grande entre ellos, sirviendo los otros tres de digna clase media. La pirámide social en toda su crudeza aparece en una tercera serie The Big Bang Theory.

            En ésta, Leonard es el equivalente a Ted, pero reducido a la enésima potencia. Leonard es una nulidad completa: no aporta nada a la serie, deambula sin justificación, es un elemento pasivo en todos los chistes. Si Leonard desapareciera, nadie se daría ni cuenta. La clase media es digna, eso sí. Howard Wolowitz es el reflejo patético de Barney y Joey: quiere acostarse con tantas chicas como sea posible, pero carece de la legendaria astucia de Barney y del incomprensible magnetismo animal de Joey. Wolowitz nos divierte sádicamente: queremos que sea humillado una y otra vez. Raj es el buen chico silencioso, más divertido cuanto más silencioso. Tiene en su haber que sólo puede hablar con personas del otro sexo estando bebido; un filón que los guionistas aprovechan hábilmente. Penny, por su parte, resulta una sorpresa: es la obligatoria rubia que está buena. Pero demuestra tener bastante cabeza y lanza réplicas duras. Penny es capaz de mantener diálogos entretenidos con todos los demás personajes.sheldon

            En la cima, a mucha, mucha distancia del resto, la gloria de la serie, el Doctor Sheldon Cooper. A partir de la segunda temporada, Sheldon es la serie. Todo gira en torno a él, todo se subordina a él. Ciertos capítulos ni siquiera tienen trama, se limitan a dejar que hable, que interactúe con sus secundarios. Sheldon es un hallazgo. A primera vista, el tipo raro de la serie (el más raro, gente normal no aparece), resulta ser un bastión de lógica inhumana. El amplio catálogo de sus locuras está siempre justificado. En Shledon no haya nada caprichoso, hasta su más enloquecida manía tiene una razón de ser, racional, aplastante. Sheldon es el loco de Chesterton, es quien ha perdido todo, salvo la razón. Sólo Shledon es insustituible en esta serie, que sigue la senda de Friends, a su manera llena de frikeríos.

            Ahora, la comedia “anti-Friends” también existe: Colgados en Filadelfia (It´s Always Sunny in Philadelphia, es el original; ¿quién coño traduce los títulos?). Veinte minutos por capítulo. Cuatro amigos, dos de ellos, hermana y hermano, más un padre (Danny DeVitto) que ha perdido su enorme fortuna tras el divorcio. Personajes también arquetípicos. Tampoco nos vinculamos con ellos, bla, bla, bla. Esta vez, la serie sigue el camino de la crueldad.

           it´s always sunny in philadephia Las situaciones de los chicos de Filadelfia podían ocurrirles a Chandler, Joey, Monica y el resto. O a Ted y compañía. La diferencia es que los chicos de Filadelfia agarran cualquier suceso y lo retuercen, convirtiéndolo en un arma contra el resto del grupo. Sin excepción, son tipejos miserables, mezquinos, envidiosos, que sólo cooperan para joder a otra gente. Cada decisión se resuelve a favor de la opción egoísta. Es el reflejo esperpéntico (estadounidense) de las sitcoms estadounidenses. Y también te ríes. Te ríes de ellos, cuando los planes les salen mal. Te ríes de las víctimas, cuando los planes salen bien. Te ríes del absurdo salvaje y del sarcasmo brutal.

            Luego, si eso, pones otro capítulo de Friends. Por aquello del equilibrio cósmico.

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