Con un vaso de whisky

agosto 17, 2009

Argumentaciones

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 6:21 pm
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       diputados     He terminado no hace demasiado dos espléndidos ensayos. Dos libros escritos con décadas de diferencia; que he leído, uno tras otro, por pura casualidad; y que se oponen y complementan, pese a ello, magníficamente. Uno de ellos, escrito por Hans Kelsen. Cuando a un estudiante de Derecho se le menciona ese nombre, se le ponen los pelos como escarpias, esté de acuerdo o no con sus teorías jurídicas o políticas. El otro lo firma Antonio García-Trevijano, jurista a quien no conocía hasta ahora. Un rival más que digno.

            Son dos ensayos de diferente longitud, de diferente estilo, de diferente posición, ante un mismo problema: el de la democracia. Son dos pensadores que se dicen demócratas. Y, sin embargo, sus posiciones resultan irreconciliables. Porque Kelsen, en su De la esencia y valor de la democracia se muestra firme partidario del parlamentarismo (con reformas) en su actual configuración del Estado de partidos. Y García-Trevijano, en Frente a la Gran Mentira, asegura que ese Estado de partidos no es ni puede ser una democracia.

            Kelsen y García-Trevijano tienen ciertos puntos de acuerdo. El más relevante, la diferenciación clara de la democracia formal de la llamada “democracia social”. Ambos advierten contra un error frecuente: confundir la democracia con una ideología política que busca la igualdad social y la libertad civil. Un error que lleva de moda en el lenguaje político muchísimo tiempo.

            Cuente, si no, el lector, las veces que nuestros ilustres padres de la patria usan el adjetivo “democrático” al día. Si algo es bueno, es democrático. Las actitudes deben ser democráticas, las opiniones deben ser democráticas, la sociedad es democrática, los hombres, los planes, los proyectos, las discusiones y el talante. Como nos descuidemos, los menús del día serán democráticos. Lo más estúpido que he llegado a leer es que la familia ha dejado de ser patriarcal para ser democrática. En realidad, quiere decirse que, afortunadamente, la familia ya no es patriarcal y que los cónyuges están en igualdad de condiciones. ¡Ah, claro! Igualdad y otredad y ranas con sombreritos estrafalarios: democracia. Blanco y en botella.

            Pero la democracia, siendo rigurosos, no es una ideología política. La democracia no trata de igualdad entre sexos o razas, libertad de prensa, de religión o de expresión. Por usar una frase de García-Trevijano la democracia se encarga “del gobierno de las leyes, no de las leyes del Gobierno.” La democracia es un sistema de organización. ¿De qué? De las relaciones entre los poderes del Estado y de la convivencia entre el Estado y la sociedad civil. En eso, insisto, Kelsen y García-Trevijano están de acuerdo. En poco más.

 

            Basta con leer los títulos de ambos ensayos para calibrar el tono de cada uno. Kelsen es frío, argumenta con tranquilidad, sus argumentos se desarrollan con mecánica precisión. Cuando uno acaba de leer, al menos durante un buen rato, no encuentra fallos en la maquinaria que ha desplegado ante nosotros.

            García-Trevijano es, al contrario, agresivo. Mordaz. Divide su ensayo en dos partes. Uno para desvelar lo que denomina (con dramatismo no infundado) la Gran Mentira y su historia, desde la Revolución Francesa hasta la Europa contemporánea. La segunda, para desarrollar su teoría pura de la democracia. Es riguroso. Pero donde Kelsen escribe con la profesionalidad seca de un letrado, don Antonio clama como un censor indignado.

            En el profesor alemán, ¿qué encontramos? La defensa del Parlamento en época de la República de Weimar. Es un alegato en pro del régimen existente en la Alemania de entreguerras, un escudo intelectual frente a los embates del bolchevismo y del fascismo. La sombra nazi empezaba a extenderse.

            Así, nos encontramos con la imposibilidad de una democracia directa, por razones demográficas y de división de trabajos obvias. Con un pueblo que no es un cuerpo demasiado homogéneo. Con los partidos políticos como los únicos capaces de reconducir a las masas sociales dentro del sistema estatal. Los partidos políticos son el centro de la tesis de Kelsen. Son ellos, mediante unas elecciones libres, con sufragio universal y un sistema proporcional de escrutinio, los que, en sede parlamentaria, pueden representar lealmente al pueblo, a la nación, sin estar sujetos a un mandato frente a sus electores.

            Tenemos así al poder legislativo formado por diputados encuadrados en grupos que aplican la disciplina de partido para impedir que la individualidad de los parlamentarios les haga traicionar las tesis e ideas que el partido votado defiende. Tenemos la regla de la mayoría-minoría, según la cual la minoría no puede ser despreciada ni arrasada por una mayoría que puede no serlo mañana. Una minoría que debe tener a su alcance mecanismos en el procedimiento de elaboración de leyes que obligue a la mayoría a pactar con ella. Pacto, compromiso. Ahí ve Kelsen la esencia de la democracia. El Parlamento es heterogéneo, porque la sociedad es heterogénea y sólo si todos los intereses son escuchados y negociados las leyes son adecuadas.

            Frente a esta posición tan armónica de Kelsen, ¿qué es García-Trevijano? La crítica más feroz al Estado de partidos. Un sistema que califica de oligárquico, corrupto por necesidad y hondamente antidemocrático. Ataca la línea de flotación del Parlamentarismo que defendía Kelsen: los partidos como órganos esenciales del Estado democrático. Para el español, esto implica que el Estado se convierte en una “partitocracia”, donde una casta concentra el poder público, donde la Constitución impide que cualquier otro que no pertenezca a esa clase gobernante pueda ejercitar el poder. Esos Estados (España entre ellos) no son democracias.

            García-Trevijano advierte que un sistema en el que existan libertades civiles y públicas no tiene que ser un sistema donde se garantice la libertad política. La democracia es el único sistema que garantiza tal libertad, aunque ésta, por sí misma, no implica los derechos liberales o sociales.

            Trevijano afirma que, sin separación de poderes, siguiendo la impresionante obra de ingeniería institucional de Montesquieu, no hay democracia. Y que el parlamentarismo garantiza, justamente, la dependencia de poderes. El Parlamento elige al Gobierno. Por lo cual, o bien el Legislativo manipula al Ejecutivo, o bien es un títere del Gobierno. Hay interdependencia, no separación.

            Tal es la raíz de los males. Un Estado sin poderes independientes no puede ser un Estado con un Gobierno constitucional de las leyes, un Gobierno representativo, un Gobierno responsable, presupuestos de la democracia.

            Kelsen asegura que sólo así se garantiza la soberanía popular: de lo contrario, si el Presidente del Gobierno fuere elegido directamente, no podría ser representante de la nación, sino sólo de sus votantes. Mientras que el Parlamento representa a todos: así, un Gobierno elegido por la asamblea, también representa a la nación.

            García-Trevijano, por el contrario, defiende que de ese modo sólo se consigue el totalitarismo del partido mayoritario que posee, de un golpe, al ejecutivo y al legislativo. El Parlamento no puede controlar al Gobierno. Porque son los líderes de los partidos quienes forman las listas electorales y, mediante la férrea disciplina interna, se aseguran un voto en bloque. Gobierno de un partido apoyado en la mayoría de ese mismo partido. O de una alianza de partidos, tanto da. Porque los partidos no representan, dice Trevijano, más que los intereses de sus líderes, ya que ellos mismos, en su estructura, no son democráticos, sino autocráticos. Y si, además ambos poderes seleccionan la alta jerarquía de la judicatura, apaga y vámonos.

        congress    Ambos, lógicamente, se sirven del mismo ejemplo para defender sus posiciones. Kelsen rechaza la República presidencialista de Estados Unidos. García-Trevijano la pone como modelo de auténtica democracia formal, institucional, aunque no perfecta.

 

            Animo con entusiasmo a la lectura de ambos ensayos. Aquí no he hecho más que una aproximación. Las argumentaciones son más complejas, más sutiles, más inteligentes. Ambos textos me han hecho reflexionar. En algunas cuestiones estoy más cercano a Kelsen, en otras a Trevijano. Cada cual sacará sus conclusiones.

            Hay que tener en cuenta, eso sí, el contexto. Kelsen escribe a favor del recién nacido. García-Trevijano, contra una criatura que lleva desde los años cuarenta campando por Europa y desde finales de los setenta en España.

            Las tesis de Kelsen son las defendidas por la gran mayoría de los políticos, teóricos y prácticos, de nuestros días. La denuncia de Gracía-Trevijano es, en cambio, hondamente subversiva para el sistema constitucional vigente.

            Y esto no son elucubraciones sin objeto. Afectan al núcleo de la cosa pública, del Estado, de la sociedad en la que vivimos. Nadie puede (o nadie debería) ser indiferente ante este debate. Ni la defensa ni la voz crítica pueden ser ignoradas. Nos lo advirtió Arnold J. Toynbee: El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.

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3 comentarios »

  1. “En algunas cuestiones estoy más cercano a Kelsen, en otras a Trevijano” – Ok, pero mójate… con cuál te quedas?

    Comentario por Naezel — agosto 18, 2009 @ 5:18 pm | Responder

  2. La denuncia de la interdependencia entre el Legislativo y el Ejecutivo me parece innegable. Donde más dudas tengo es en el rechazo frontal que Trevijano hace de toda proporcionalidad en las elecciones parlamentarias. La regla de la elección por mayoría en cada circunscripción también se presta a abusos, a corrupciones. La tesis de Kelsen en este punto es muy convincente, aunque es cierto que es justo en este punto donde se demuestra la prevalencia del las siglas sobre el candidato.

    Comentario por conunvasodewhisky — agosto 19, 2009 @ 11:50 am | Responder

  3. […] es poco sorprendente. Estas cuestiones las abordan, por cierto, con más habilidad que un servidor, dos ensayos que les recomendé aquí, en su día. No me engaño: resulta complejo establecer un sistema capaz de evitar una mayoría la cual arrolle […]

    Pingback por Lo ingobernable | Con un vaso de whisky — diciembre 23, 2015 @ 4:40 pm | Responder


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