Con un vaso de whisky

julio 14, 2009

Dictamen sobre Eh, Tío!

Filed under: Divagaciones — conunvasodewhisky @ 7:04 pm

          Image6  Gilbert Keith Chesterton comienza así su breve y magnífico ensayo sobre el humor: El humor, en el sentido moderno del término, es una percepción particular de lo cómico o de lo incongruente, que suele distinguirse del ingenio, como si fuese más sutil por un lado o más vago por otro. Se trata, por tanto, de un término que no sólo se resiste a ser definido, sino que, en cierto sentido, se precia de ser indefinible; y, en general, se consideraría una falta de sentido del humor intentar definir el humor.

            A lo largo de su exposición (con su prosa maravillosa, ágil, aguda, brillante y alejada de la pomposidad[1]) distingue Chesterton entre humor, sátira y absurdo. Un par de extractos más y entro en materia:

            El ingenio es la razón sentada en su sillón judicial; y aunque los acusados también pueden recibir condenas leves, la clave radica en que el juez nunca es condenado. En cambio, el humor siempre conlleva la idea de que el propio humorista está en desventaja y se ve atrapado por los enredos y las contradicciones de la vida. […] Hay por tanto en el humor, o al menos, en los orígenes del humor, algo de esa idea del excéntrico sorprendido en una excentricidad que se jacta de ello; de alguien a quien han cogido de improviso y que se percata del caos reinante en el interior.

            Pero más tarde, y como algo propiamente inglés, nacido inglés, Chesterton da una vuelta más de tuerca: El humor absurdo puede describirse como un humor que, por el momento, ha renunciado a cualquier conexión con el ingenio. Es un humor que abandona cualquier intento de justificación intelectual y no se limita a burlarse de la incongruencia de algún accidente o farsa, como subproducto de la vida real, sino que la extrae y disfruta por sí misma […]; se trata de la locura por la locura, igual que el arte por el arte o, más exactamente, la belleza por la belleza.

            Claro, después de esto, ¿qué voy a decir yo? Por fuerza, cuanto venga a continuación, será inferior. De todos modos, se hará lo que se pueda.

            Ante todo, me pongo pedantemente jurídico, este escrito es, como habrá adivinado el lector sagaz, un dictamen, es decir una opinión. Todo cuanto afirme con rotundidad, asevere desde el púlpito y presente como verdad clara y distinta no pasará de opinión, espero que fundada. Pero un dictamen es una opinión, criticable, atacable y destructible. Si los abogados llaman dictámenes a sus opiniones es porque con ese nombre al cliente le cuesta menos creer que valen el dinero que paga.

            Dejando esta salvaguarda detrás de mí, queda por despejar un punto. ¿A santo de qué esta opinión? ¿Es que el webcomic de Sergio Morán, en adelante el Ínclito Genio, se merece un estudio detallado? Es posible. No es mi intención. Lejos de mí realizar una disección fría, precisa, de sus tiras, tramas y bromas. Los he disfrutado e invito a otros a que lo hagan. Mentiría si dijera que es lo mejor jamás escrito en la literatura humorística; por otro lado, dudo bastante que este artículo marque un hito en la crítica. Pero Eh Tio! me sirve de trampolín para reflexionar sobre lo que el enorme Chesterton (enorme en todos los sentidos) escribió en su día.

            No habrá, entonces, referencias exclusivas a la obra de Serg… del Ínclito Genio, sino que, para dejarle en su lugar, zumbaré de unos humoristas a otros satíricos. Me pongo a escribir sin un plan muy preciso. Salvo por dos reglas básicas.

            La primera, que, al final, trataré de desentrañar si el humor esencial de Eh, Tío! es efectivamente humor, en el sentido chestertoniano, si es ingenio, si es sátira o si es absurdo; o si puede calificarse puramente como uno de tales tipos.

            Segunda, que no pienso explicar ni un solo gag, aunque tal vez tenga que analizar alguno. Como dijo el Joker: ¡Si explicas un chiste, es que no hay chiste! Mis chistes son elegantes y simples. Los ves, los entiendes y ríes… ¡fin del chiste! El Joker sabe de comedia. Y de otras cosas. Ya me ocuparé de él en otra ocasión.

            Una última aclaración, retrospectiva. Citar autores es un apoyo estupendo al escribir un artículo. Por desgracia, siempre hay que omitir a otros. Esto es así, a no ser que se quiera escribir la lista de los reyes visigodos, ostrogodos y godos a secas. Sé que me he dejado humoristas y satíricos en el tintero (por ejemplo, y de nuevo me dejo muchos más, a Les Luthiers, a Swift y a Woody Allen; o a los grandes maestros, los Hermanos Marx). Y no doy a entender en modo alguno que los citados sean mejores o me gusten más (cosas distintas) que los no citados. O viceversa. Aunque me gustan más unos que otros y entre varios existan abismos de calidad. Entonces, ¿por qué unos aparecen y otros no? Fueron surgiendo, algunos; otros se usaron con premeditación (y nocturnidad). En fin, quien se divierta con ello, puede urdir teorías psicoanalíticas, políticas o anarcosindicalistas. Después de todo, para cada suceso del mundo se pueden exponer treinta explicaciones diferentes. Algunas, incluso, verosímiles.

            Bien, veamos, citas impecables, discurso de la defensa y líneas maestras más bien torcidas… está todo lo de mi lista. Podemos empezar.

 

            Image4Seamos lógicos, aunque sólo sea para disimular: si el humor y el ingenio son cosas distintas, caso de que Morán, Sergio fuese ingenioso no podría ser humorístico y viceversa (suponiendo que un autor sólo pueda encuadrarse en uno de ambos bloques lo que es suponer mucho más de lo que supone Chesterton, quien, de hecho, lo niega). Dado que el humor absurdo deviene del humor, un ingenioso no podría ser un absurdo. La premisa mayor es falsa, con lo que el resultado del silogismo será falaz. Vamos, que toda esta palabrería viene a decir que un autor, salvo raras excepciones, no es absolutamente ingenioso o absolutamente humorístico. Se trata de una magnitud tendencial, no absoluta.

            Igual que afirman los estudiosos de la Ciencia Política que un Estado es más o menos democrático y más o menos totalitario, siendo algunos esencialmente totalitarios y otros esencialmente democráticos, los autores son tendencialmente satíricos o tendencialmente humorísticos. Vamos con los ejemplos, que es lo divertido.

            Cojamos a Monty Python. Su famoso sketch del loro muerto[2] es puro humor absurdo. Los hay más elaborados y sutiles, pero el diálogo no es ingenioso, no es satírico. No denuncia a las pajarerías, ni a los clientes, ni a los loros. El loro está muerto, eso es todo. Con una sencillez pasmosa, nos hacen reír a carcajadas. Podría decirse que han cogido la definición de Chesterton y la han aplicado de manera directa, desnuda, simple.

            Pero veamos ahora Los caballeros de la mesa cuadrada o La vida de Brian. Estas películas, ¿son principalmente absurdas? Tienen una gran cantidad de elementos absurdos. El asalto de Lanzarote contra la fiesta de bodas es sangrientamente absurdo. El conejo asesino es puro absurdo. Los registros romanos en las casas judías son absurdos. El absurdo chorrea por las orejas de todos y de todos.

            A nadie se le escapa, sin embargo, que estos dos largometrajes son parodias de las leyendas artúricas y de los Evangelios. Sí y no. A primera vista, no hay ninguna duda; sin embargo, yo no detecto un intento serio de arremeter ni contra Arturo y sus caballeros ni contra Jesús. Y aunque las escenas satíricas tampoco escasean (el Sermón de la Montaña, los fieles que agarran la sandalia de Brian enfrentados a los que tienen la calabaza de Brian…), a mí siempre me ha quedado la sensación de que el ciclo de la Mesa Redonda y la prédica de Cristo (o, mejor dicho, de su involuntario alter ego) son excusas para desplegar una colección de gags, de bromas y de perlas absurdas. Así que el balance final no es claro.

            Tampoco es claro si Hugh Laurie y Stephen Fry son eminentemente satíricos o absurdos en A bit of Fry and Laurie. Mientras que en “Marjorie´s fall” (entre muchísimos) encadenan un diálogo absurdo, autoconclusivo, sin más pretensiones que jugar con el idioma y sus equívocos, en “The young torie of the year” (entre muchísimos otros) son despiadadamente satíricos, clavando la espada del espíritu, como dice Gilbert, en las entrañas del Partido Conservador británico. La única conclusión sensata que se me ocurre es que estos hombres son humorísticos o satíricos dependiendo del momento, de la realidad política que les rodea o de con qué pie se hayan levantado aquella mañana. No hemos adelantado demasiado.

 

            El lector agudo habrá notado que, por el momento, sólo he citado bromistas ingleses. Dejando a un lado mi confesa anglofilia, esto plantea otra línea de debate que debe ser resuelta antes de poner a Eh, Tío! y a su autor bajo el microscopio. Chesterton (hace un siglo, año arriba, año abajo) dijo que el absurdo es en gran parte, o casi enteramente, una contribución inglesa, tan así que, según Émile Cammaerts, escritor belga a quien cita el mismo Chesterton, al principio carece de sentido para los extranjeros. Sin perjuicio de los ingenios de las Islas.

            Hay bastante verdad en ello. El humour es muy suyo, pero, o ésa es al menos mi impresión, tanto cuando es singular humor absurdo como cuando es sátira. Ahora bien, admito que la sátira, afilada con alegría en el mundo entero, tiene rasgos muy comunes, a salvo particularismos nacionales, regionales y personales. Y que el absurdo es más nebuloso. Y que el absurdo anglosajón (no sólo inglés: Oscar Wilde era irlandés; claro que Wilde podía ser el más alto absurdo y el más alto ingenio) tiene un aire inconfundible.

            ¿Quiere decir esto que debemos condenar a Morán a la sátira, porque tuvo la desdicha de no nacer inglés o, cuanto menos, escocés? Pues no. En España ha habido y hay escritores humorísticos. Y satíricos. E incluso ambas cosas.

            Así, verbigracia, La venganza de Don Mendo, gentileza de Pedro Muñoz Seca, es una farsa. Cierto, es una parodia de los dramas románticos de inspiración histórica, pero igual que Los caballeros de la mesa cuadrada es una parodia de los libros medievales de Chrétien de Troyes. El envoltorio es de sátira, pero el contenido es humorístico.

            Quizás, en la España actual, nadie haya metido el humor en la tripa de la sátira mejor que Ibáñez, con Mortadelo y Filemón. Porque, vamos a ver, el mismo nombre de la T.I.A. (o de su gran rival, la A.B.U.E.L.A.) es satírico; la secretaria Ofelia es una parodia hasta la punta de la bota; y las introducciones a los sucesivos álbumes en honor a las Olimpiadas (las partes más divertidas de los mismos), pues qué voy a contar.

            Y, en cambio, por norma general, lo que hay dentro de las tramas paródicas, de las misiones de los agentes secretos, no es en absoluto ejemplo de ingenio duro. Es humor. Es el humor de los cortos maravillosos de Charlot y del cine mudo. Son dos ridículos, recibiendo tortazos, tramando planes que se volverán contra ellos mismos, metiendo la pata, trampeando y haciéndonos reír. Es el payaso del circo con un perrito que le muerde los talones. O el culo.

            De un modo aún más puro, Ibáñez llena sus viñetas, a veces casi hasta el exceso, de gotas absurdas. Una berenjena brota de un techo. Un perro con bombín y monóculo se pasea por el fondo. Un gondolero canta en medio de un atasco. La locura por la locura. A nadie se le ocurre diseccionar eso. Lo mataría.

            Pero, claro, los españoles tenemos, y a raudales, sátira en la sangre. Quevedo deja en calzoncillos a casi cualquier satírico actual, con sus sonetos sardónicos o sus amargos Sueños. Valle-Inclán se alza en la cima de la Sátira Universal, con esa tragedia española que no es una tragedia, sino el esperpento. Una mirada burlona, cruel, desengañada, terrible que caricaturiza una realidad tan monstruosa y deforme como sus reflejos. Goya, a pinceladas, apuñala la España de su época, sí, pero, mucho más allá, desgarra la existencia misma, la cosmovisión occidental hasta ese instante, con una sátira que va más allá de la risa, que llega al horror, destrozando la lógica, la racionalidad, la fe y la esperanza.

            Más cercanos, más respirables, los guionistas y dibujantes de El Jueves, con “Para ti que eres joven” al frente de unas cuantas secciones, supervivientes de una sobresaturación de desnudos integrales grotescos e hiperrealistas. El Jueves es una revista exclusivamente satírica. Es ingeniosa y acreedora, en varias ocasiones, de las palabras de Chesterton: el ingenio es más bien el intelecto humano ejerciendo toda su fuerza, pese a que en ocasiones lo haga a propósito de una menudencia.

            El supuesto objeto de este artículo, Morán y sus criaturas, tuvieron su presencia en esta revista hace más bien poco. Ha vuelto en colaboraciones puntuales; esperemos que no las últimas, no por razones ñoñas[3], sino porque cuantas más secciones regresen a la sátira, mejor para la revista y mejor para los lectores.

            Y la sección que el Ínclito Genio guionizaba, “Extraviados”, era satírica. Cada semana caían el dibujante y él sobre una ciudad de Europa y en seis viñetas la ridiculizaban, le daban la vuelta y se marchaban dejando tras de sí ruinas humeantes. En fin, tal vez no sea para tanto. Satirizaban las ciudades, pero también a los turistas. Ja, aquí tenemos una posible duda. Si los turistas tampoco se libraban de la burla, ¿podemos definir “Extraviados” como más humorístico que satírico, dado que los autores en algún momento de sus vidas, ejercieron de turistas? No.

            Porque en “Extraviados” los satíricos han dado un paso atrás, han salido de la foto y, desde el exterior, observan, describen y evalúan. Con una lupa enorme y de lente deformante. Ellos no se exponen. No empatizan con el objeto de su análisis ni, ya puestos, con el lector. Ni esperan que el lector empatice con los desgraciados que se retuercen en las viñetas. No hay lazos afectivos, sino intelectuales y cubiertos de mala baba.

            No ocurre igual, en cambio, en la breve primera etapa de Eh, Tío![4]. Ésa es, salvo alguna tira aislada (como la de posibles papables), humorística. El autor no podía exponerse más, porque narraba anécdotas de su vida (reales o imaginarias, eso tanto da), rodeado de sus amigos. El autor era el personaje, era el gag, era el objeto y el causante de las risas. Invitaba a la gente que se riera de él y con él. Con él de él, ojo. Las más altas cotas del humor, las más finas y sutiles participan de esa naturaleza: el humorista se expone y se ríe de sus propias debilidades e incoherencias, aunque no sea tan directo.

            ¿Y después? Cuando Sergio Morán decide sacarse de la manga (previa ejecución de los anteriores) nuevos personajes, principales, secundarios y terciarios, ¿deriva hacia el ingenio satírico, se mantiene en el humor, se lanza de cabeza al absurdo? ¿Le sirven esos personajes de escudo? ¡Como si tuviera mucho que proteger! ¡Se estaba haciendo el interesante!Image8

            Veamos si soy capaz de deslindar de una vez sátira y humor, comprobando de paso si la narración ficticia es incompatible con el humor. Y cuando me pregunto si seré capaz, o de si lo seremos el lector y yo en comandita, es un viejo truco retórico: lo más probable es que muramos en el intento.

            Regresemos, pese a ello, a la vieja Inglaterra y agarremos a dos grandes escritores, uno humorístico y otro satírico: aquí tenemos al señor P. G. Wodehouse y al señor Tom Sharpe. Un aplauso. Gracias.

            Ambos escritores son de lo mejor que el humor (en sentido amplio) británico ha dado al mundo. Ambos manejan la prosa con soltura, con brillantez; ambos saben desarrollar tramas desternillantes; ambos usan personajes que no son personas, que no pretenden serlo, porque tampoco viven en un mundo real, sino en deformaciones del mundo real, muy amable, alegre y chispeante la de Wodehouse y muy cruel, tenebrosa y grotesca la de Sharpe.

            Hasta aquí, nada se ha dicho que permita dilucidar quién es el humorista y quién el ingenioso. Porque la sátira puede ser amable y el humor, desde luego el humor absurdo, puede ser cruel. Sin embargo, como era de esperar, en este caso Sharpe es el satírico (cruel) y Wodehouse el humorista (amable).

            Afirmo, por tanto, que se puede ser humorista y poner entre autor y lector un universo de personajes. Porque el humorista está al lado del lector mientras ambos recorren ese universo. Yo, al menos, tengo esa sensación con Wodehouse: oigo su voz mientras leo su delicada precisión, me río con él y él sonríe conmigo en los momentos justos, que son casi todos. Y, por debajo, por delante y por detrás, intuyo un leve encogimiento de hombros, sin pizca de juicio en el gesto, al observar las locuras y las insensateces que, en ese mundo donde las consecuencias de los actos jamás son dramáticas, también cometemos los seres humanos. El humor de Wodehouse es humilde, y la humildad es la virtud con la que Chesterton vincula al humorista.

            En cambio, Sharpe ataca a fondo: no deja títere con cabeza. Si con Wodehouse sonríes constantemente y cada poco estallas en carcajadas, sin que en esa sonrisa ni en esa carcajada haya amargura ninguna, con Sharpe sonríes diabólicamente o ríes con acritud. La única manera de que la carcajada no salga del desengaño en estas obras, es que salga de la maldad. Yo opto por ir alternando todas las posibilidades.

            Tengo la sospecha de que a Sharpe, como a todos los satíricos, la risa les sale de la bilis. Los satíricos son moralistas, en el mejor sentido de la palabra, sea cual sea la moral que tengan en el alma. Observan un mundo donde el ser y el deber ser están a una distancia mayor de lo deseable, de modo que se empeñan en gritar al mundo las dimensiones de ese abismo. Esto se puede aplicar a cualquier satírico, sea su instrumento favorito el sarcasmo, la ironía o la lógica (suelen ir estos y más en el mismo estuche)[5] y sea su objetivo las injusticias Norte-Sur, la ignorancia demagógica o el que tanta gente lleve calcetines blancos con zapatos negros.

 

            Dicho lo cual, observo a Sergio más militando bajo la bandera de Wodehouse que bajo la de Sharpe, aunque con más malicia y menos brillantez que el viejo maestro (asúmelo). Morán escribe y dibuja sus tiras no para arrojarlas desde las alturas como bombas de hidrógeno rellenas de relámpagos, sino para reírse con ellas mientras se toma una cerveza, preferiblemente rodeado de lectores que se rían o que le pregunten dónde está la puñetera gracia, fracasado.

            Esto es así incluso en sus tiras más satíricas. En algún momento clasifiqué de ingeniosas las tiras dedicadas a los falsos videojuegos o a los deportes olímpicos desechados (que son de mis tiras preferidas), pero de eso nada. Reviso mi juicio, revoco mi sentencia con ira, la declaro nula y digna de un lemur especialmente ebrio. Porque ni el Ínclito arremete contra los videojuegos, ni el Genio se burla de los deportes oficiales. Unos y otros son excusas para juegos de palabras, juegos de palabra e imagen o simples juegos de absurdo.

            ¡Oh, qué palabra acabo de decir! Tengámosla a la vista. Aún no ha llegado su momento.

            En fin, entonces quedamos que los personajes de Sergio no son escudo de nada ni tampoco dardos para atormentar a los impíos. Tampoco son personas. Quiero decir que no los sentimos como algo de nuestra propia carne. No es esto ningún demérito, si no era uno de los objetivos del autor. Tampoco sentimos nuestros a Bertie Wooster, a lord Emsworth, al tío Fred o a Jeeves. Ni al temible Blott. Son títeres, aunque algunos nos caigan bien y les deseemos un desenlace no por divertido menos feliz (casi todos los de Wodehouse) y a otros nos gustaría verlos sufrir tormentos inimaginables (todos los de Sharpe, con la excepción de Wilt).

            Ni Juana, ni Equis, ni Antuán, ni Leo, ni Hostia ni Genara buscan ser criaturas que se nos cuelen debajo de la piel. Mientras que leyendo Otelo uno puede bien sufrir con Desdémona, volverse loco con el Moro o partirse de risa con Yago, porque ellos sufren, enloquecen y disfrutan sádicamente, nadie (al menos, yo no) se estremece por los traumas infantiles de Juana o palpita por los supuestos amoríos de Hostia. También es cierto que yo soy un desgraciado que goza con el mal ajeno.

            Pero vamos, que tampoco pasa nada. En The Order of the Stick, otro divertidísimo webcomic, los personajes son monigotes y su creador, Rich Burlew, es tan consciente que los dibuja como tales. No hay más que hablar: son chistes con patas y la cosa funciona mientras no intenten llegar a ser complejos seres multidimensionales.

 

            The Order of the Stick tiene otro punto, al menos, en común con Eh, Tío! Y ambas con lo que decía más arriba sobre Ibáñez. En los arcos argumentales de Eh, Tío! (el non sequitur es otro asunto) existe una trama que sirve de hilo conductor. Igual en The Order… Pero esas tramas, que son primordialmente satíricas, parodiando, sin intención de devastar nada, tanto novelas de fantasía, como juegos de rol, clichés de películas de acción o de series de televisión, están llenas de chistes sin más esencia que ellos mismos. O sea, de absurdos. Bien trabajados, bien encajados o espléndidamente desconcertantes.

            La verdad es que resulta curioso, pero en el mundo de la comedia hay pocas obras de cierta extensión que sean esencialmente absurdas. Es muy difícil mantener el absurdo. El nonsense inglés parece coto exclusivo de poemas breves, gags de tres minutos y un par de viñetas tronchantes. El absurdo suele venir en socorro de la sátira, para dar un descanso al público, para dar variedad o porque al autor se le ocurre una genialidad o una a medias.

            Ni siquiera La Hora Chanante (ni Muchachada Nui) lograba ser completamente absurda, aunque casi. En los “Testimonios” había mucho de sátira e incluso esa joya que nunca decepcionaba, “Retrospecter”, hacía de cuando en cuando concesiones al ingenio paródico.

            Sólo Carroll y las dos aventuras de Alicia soportan el absurdo en trama, situaciones y personajes, con alguna sátira que otra; la más importante, el poema “La morsa y el carpintero”, denuncia de la hipocresía del poder, según unos, de la hipocresía de las religiones, según otros y de la hipocresía de las morsas y carpinteros hambrientos, según los terceros.

            Aún más claro en las grandes series de animación cómicas. Los Simpson o Futurama tienden a basar el esqueleto de sus episodios en la sátira. También una parte de los personajes y situaciones. El absurdo hace su aparición de modo más o menos explícito. Así, Zapp Branigan es un personaje satírico, pero Zoidberg es un generador de absurdo con concha. Y ambos son muy divertidos. Padre de Familia y Padre made in USA recurren más a los absurdos ajenos a la trama, a las referencias externas, remarcando la distinción entre sátira y humor.

           Image1 Morán hace algo parecido. Dentro de las tramas, las situaciones donde se mueven los personajes, algunos de los personajes (como Basilio o Longplay) son satíricos, dejando al absurdo su cuota en algunos diálogos (especialmente si se da la palabra a los lectores), en los golpes de varias viñetas finales y en las tira sueltas, el non sequitur, que pueden estar protagonizadas o no por los mismos personajes de los arcos argumentales.

            Pero si hace falta un ejemplo meridiano de que lo principal en Eh, Tío! es el absurdo, basta con atrapar en plena carrera al célebre Mafrune. Un pingüino. Un pingüino que aparece sin ton ni son y que grita siempre la misma palabra: ¡SANGRAD! ¿A qué viene eso? ¿Es un defensor de la hemofilia? ¿Se burla machistamente de las mujeres que están en esos días del mes? ¿Desea propagar el SIDA y demás plagas? ¿Es un grito de guerra de alguna tribu escadinava de la cual es su tótem? No. O sí. Pero da igual. A la gente le gusta. Se ha labrado una reputación. Y si se sabe usar (por ahora, se ha sabido usar) es un absurdo que logra lo que se propone. E incluso es un absurdo que se permite el lujo de parodiarse a sí mismo. Seguimos con la mezcla hasta las rodillas.

 

            Bueno, ¿tantas palabras para unas cuantas cosas que nos hacen reír, simplemente? Porque los satíricos, dirán algunos, al menos luchan por algo e intentan que el resto del mundo despierte y piense. Lo cual merece todo mi respeto si se hace bien, sabiendo qué criticar, cómo y cuándo. Con crueldad, si es posible.

            Sin embargo, los humoristas y los absurdos merecen incluso más nuestra gratitud. Chesterton lo dijo muy bien al estudiar Sueño de una noche de verano: como el hombre vive en una frontera, puede encontrarse en una atmósfera espiritual o sobrenatural no sólo siendo profundamente triste o meditativo, sino siendo extravagantemente feliz. El alma puede escapar del cuerpo en una agonía de pesar, o en un trance extático; pero también puede abandonar el cuerpo en un paroxismo de risotadas.

            No es poco, ¿verdad?

 

 


[1] Si alguien no es consciente de que estoy recomendando la lectura de todos los relatos, novelas y ensayos de este autor con el que en tantas cosas estoy en desacuerdo y en tantas otras de acuerdo, no goza de mucho ingenio.

[2] A partir de ahora, el lector con tiempo y ganas puede irse derecho a youtube para ver los sketches que se comenten. La verdad sea dicha, youtube es uno de los grandes inventos de la Humanidad; de hecho, es una versión audiovisual y terrenal del Paraíso de Borges como Biblioteca. Espero que la lógica celeste, que es incluyente, o eso se rumorea, no tenga problemas en aunar libros y vídeos.

[3] Ejemplo de absurdo en la existencia: ¿puede una razón, esclava de la Razón, ser ñoña, cuando los pastelosos abominan de la Razón?

[4] Si el fanático moranista está gritando “¡Al fin!”, que pierda la esperanza. Eh Tio! quedará cubierto, sepultado y desplazado cada dos por tres. Pero, por un segundo, ha tenido esa esperanza. Las falsas esperanzas son la nata del Infierno.

[5] Tiendo a imaginarme a la ironía en batín, bebiendo una copa de coñac mientras sonríe lánguidamente y al sarcasmo sonriendo de oreja a oreja, pasando revista a sus instrumentos de tortura en una mazmorra. Ambos se asocian usualmente a la sátira y no al humor. Desde luego, es complicado asociarlos al absurdo, ya que la ironía, desde su nacimiento griego, implica análisis, estudio, lógica, y el sarcasmo es la ironía cansada de ser sutil. Y en cuanto al humor, el sarcasmo casa mal con la humildad. No conviene confiarse, pese a todo. El absurdo que llegue a la locura puede usar la lógica ironía, porque el loco es alguien que lo ha perdido todo menos la razón (Chesterton).

Anuncios

7 comentarios »

  1. No sentimos nuestros a Bertie o a Jeeves? Por Dios! Quien no quiera como a su hermano pequeño a Bertie o idolatre como a un padrino rico a Jeeves, que levante la mano!

    Comentario por Naezel — julio 15, 2009 @ 4:02 pm | Responder

  2. Jodidamente bueno

    Comentario por Pyrux — octubre 15, 2009 @ 6:23 pm | Responder

  3. Hola. Es la primera vez que visito este blog (expresamente para ver la opinión vertida sobre el cómic de Morán) y quisiera hacer una observación o crítica constructiva. En ningún caso deseo ofender al autor de esta bitácora o arrojar datos simplemente negativos sin plantar ninguna semilla de constructividad

    Quisiera aclarar dos puntos antes de comenzar:
    En primer lugar, admiro la rotundidad y manejo del léxico castellano del que hace gala el autor de este blog. Además, lo dota de cierta naturalidad que hace claro ver que no se trata de simple espectáculo verborreico o pedantería
    En segundo lugar, ésta es “la casa” del autor por lo cual es obvio que está en su libre derecho de publicar cualquier información deseada sea cual sea su formato y así lo entiendo
    De este modo remarco mi intención de constructividad y mi deseo de de arrojar una opinión externa que pueda ser útil

    En mi opinión, el texto peca de ser demasiado denso. Entiendo que no tiene por qué estar pensado para una lectura rápida del lector casual, si no que puede tener su orientación enfocada a otro tipo de público, quizá habitual, con un perfil muy distinto al mío… pero al estar colgado en la red de redes, tengo la posibilidad de acceder a él (como otros tantos internautas) y comentar mis impresiones. Si el autor pensase en otro tipo de lector, mi observación podría complacerle
    Se hace gala de unos conocimientos muy amplios y el texto desborda cultura, pero la presencia de citas, remarcas, extractos y ejemplos ralentiza el ritmo de la lectura. En ocasiones, incluso parece que el autor disuade al lector para seguir leyendo, siendo consciente de la creciente densidad y reiteración de las ideas presentadas, con frases como “(…) Un par de extractos más y entro en materia…”. Otro dato a tener en cuenta es que la opinión y dictamen sobre el cómic de Morán se encuentra aplicada con cuentagotas, disuelta y dispersa a lo largo y ancho de muchos párrafos que se componen, en mayor parte, de comentarios que, si bien tienen una temática gráfico-humorístico, no aclaran, si no que emborronan, la idea principal que quiere transmitirse. El texto se antoja complejo, denso y, aparentemente, poco resolutivo. Amén de impecablemente correcto, rico, culto, cargado de interesantes datos y excepcionalmente contrastado, aun para ser una opinión subjetiva, como muy bien clarifica el autor del texto

    Espero que mi observación haya sido contemplada como lo que es: una opinión no solicitada y subjetiva con la determinada intención de ofrecer un punto de vista alternativo sobre el texto. Querido compañero en la blogosfera, espero no haberte ofendido con mis palabras porque, como bien sabrás, tan sólo se critica desde la envidia o la admiración y la envidia no es más que el deseo de suplantación de la persona hacia la que se mira

    Un afectuoso saludo

    Comentario por Una ranita iba caminando — octubre 15, 2009 @ 9:07 pm | Responder

    • No me ofendo en absoluto, porque es una crítica totalmente justa. Es verdad, al ponerme a escribir este artículo me entusiasmé a medida que iba avanzando y caí en la tentación de tratar de revisar a cuantos más escritores o cómicos mejor. Algo sí logré controlarme, pero tal vez no lo bastante. Así que es cierto que la lectura puede hacerse un tanto fatigosa y que, más que una opinión llega a parecer un almanaque de citas. En mi defensa, he de decir que advierto de mis intenciones desde un principio, aunque esto suene a excusa. De todos modos, en los artículos que he ido colgando he tratado de corregirme. Ya me dirán los lectores si lo he conseguido o no, si me hacen el favor de dedicarme algún rato perdido.
      Muchas gracias y un saludo.

      Comentario por conunvasodewhisky — octubre 15, 2009 @ 10:09 pm | Responder

  4. Hoy me retiro satisfecho a dormir. He conseguido leerme la entrada entera. Llegué por casualidad, no sabía lo que iba a encontrar, me sumergí de cabeza y llegué al final. De cabeza. El coscorrón ha dolido.

    Creo que ha merecido la pena. Una de mis neuronas ha aprendido algo. Creo. Tiene que contárselo a las demás. Y está preparando un concienciudo análisis sobre el análisis para su charla. Yo creo que las dejaré solas. Me bajaré a la mazmorra con mi batín y mi coñac a afilar los instrumentos de tortura. Especialmente los romos.

    PD: Lo siento, ranita caminante, tu largo comentario ha sido demasiado y no me lo he leído.

    PD2: Me gustan los blogs con muchas fotos. Por eso leo “Eh, Tío”. Agradezco a VadoDeCoñac que me lo haya recortado.

    PD3: También me gustan los PD. Especialmente en las películas donde son sinónimo de acción, tiros y aventuras. Adoro el NYPD.

    PD4: ¿He dicho que me gustan los PD? Hay una excepción: los PDTs.

    PD5: Siempre me he preguntado por qué en español se pone PD, por “Post Datum”, y en inglés se pone PS por “Post Scriptum”. ¡Que ambos son latin! Quizá Chesterson escribiera algo al respecto. Pero no soy racista, me gustan tanto los PD como los PS.

    PD6: Acabo de comprobar empíricamente que la tendencia a escribir largos comentarios es terriblemente contagiosa.

    PS: Nota mental: hacer un blog enteramente con PD.

    PS2: Nota mental a la nota mental: no tienes nada de lo que escribir, no tendría éxito

    PS3: Ahorrar para una wii. Quizá pueda ganar dinero con un blog…

    Comentario por faregran — octubre 15, 2009 @ 10:48 pm | Responder

  5. Impresionado me hallo ante tantas palabras.
    Yo, que soy hombre de simplicidad y significado.
    Se me hace grato y admirable que se dediquen tantas líneas y citas alrededor de lo que es para mi uno de los deportes mentales más amplios e interesantes del panorama actual.
    Y más con lírica tan sagaz y bien documentada.

    Gustaríame a mi ver un artículo de similares características, si es posible, analizando no ya uno en concreto, sino el conjunto de este medio que tantas alegrías ha dado.

    Por supuesto, me refiero en todo esto al webcómic.

    Procedo a enlazar esto en el foro de webcomics.es para disfrutar de las amenas discusiones al respecto de los que allí participan (y de los cerebros en llamas de los jóvenes que aún no han leído más que libros de texto).

    Por último y como despedida, un símbolo cargado de significado. Un emoticón: XD

    Comentario por Willy Galleta — octubre 16, 2009 @ 6:17 am | Responder

  6. I just completed reading your blog post. This is a Great post.
    This has assisted me understand something new.

    Comentario por dressy casual — julio 28, 2012 @ 10:57 am | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: