Con un vaso de whisky

noviembre 11, 2012

¡Dragones! ¡Vikingos! ¡Y dragones!

            Miren ustedes que yo iba con mala idea. Me habían hablado, gente de respeto, muy bien de la película. Verás, me dijeron, que no sólo Pixar hace maravillas de animación. Pero yo tenía reparos. Me senté con ánimo de clavar los colmillos. Incluso contaba con una cita culta, de Chesterton, para abrir el fuego. No les digo qué cita. Porque comprendí que no quería decir lo que yo quería que significase. Y que si la usaba para atacar a este magnífico cuento, el señor Chesterton jamás se dignaría a devolverme el saludo. Aunque no sé cuántas serán las probabilidades de que nos veamos, prefiero no arriesgarme.

            Y es que mis prejuicios se tambalearon a los diez segundos, fueron destruidos a los cuatro minutos (de reloj) y durante la siguiente hora y media estuve clavado en el sillón. Sabía que cada minuto iba en mi contra, porque me acercaba al final, pero cada minuto merecía toda mi atención. Cuando How to train your dragon (“Cómo entrenar a tu dragón”) finalizó con un redoble de tambores me puse a buscar entre viejas cartas de navegación la Isla de Berk. Cada vez que la veo, infaliblemente, acabo de buen humor y empiezo a maquinar la ruina de sus personajes; yo sólo urdo la ruina de quien me merece respeto.

            Basada en una serie de novelas escrita por Cressida Cowell (que no he leído y, por tanto, no puedo comentar), esta joya de Dreamworks mira de igual a igual a las mejores películas de Pixar, que yo creía imbatible. Tanto desde el punto de vista técnico (aunque Brave, sólo desde esta perspectiva, da un salto más), como del guión, las voces de los actores y la dirección (y, por seguir con Brave, aquí le da mil vueltas). Quizás parte de su secreto sea que carece de pretensiones. No pretende ser la Gran Obra Que Cambie la Historia del Cine. Quiere ser una buena película. Y lo consigue, con creces.

            Así que allá vamos, acercándonos a Berk, en medio del frío océano, donde somos recibidos por Hiccup Horrendus Haddocck III. Saben ustedes que, muchas, muchas veces, el protagonista de una buena historia suele ser el más flojo. Que son los secundarios los que dan el paso al frente y salvan el día. Aquí, no. Hiccup es el protagonista y, yo al menos, no querría que me lo cambiaran. Porque este chaval delgaducho, torpe y sin ninguna de las habilidades que deberías tener si eres un joven vikingo en una isla asaltada cada dos por tres por dragones se gana las simpatías del espectador desde el primer momento.

            Esto es importantísimo, pero también es complicado. Si no simpatizamos con Hiccup, todo el tinglado se va al garete. Ahora piensen en la cantidad de protagonistas adolescentes cansinos que hay. Piensen en cuántos de ellos son chavales que no acaban de encajar y cuya película es la historia de cómo, al final, triunfan y se llevan a la reina del baile. Piensen en cuántas veces han soñado con torturarlos lentamente. Y pásmense, porque Hiccup no está entre ellos, ni de lejos. Lo consideramos con cordialidad y un punto de envidia (porque, diantre, ¿quién no ha querido tener un dragón? ¿Quién no quiere tener un dragón?).

            Porque sí, Hiccup es el marginado de la Isla. Todos, casi todos los habitantes de la Isla lo ven como un chiste o un peligro andante. Todos lo querrían muy lejos. Hasta su padre, el jefe, el gran Stoick el Vasto, lo tiene por caso perdido. El único que lo trata con sarcástica estima es el maestro herrero y sargento instructor, Gobber (un vikingo con no menos de treinta prótesis distintas para su mano perdida). Piensen lo que supone vivir en una tribu, durante unos catorce años, en la que nadie te quiere cerca. Hiccup no es feliz, pero no es un cansino, porque no comete el gran pecado: no se autocompadece. Este muchacho posee tenacidad e ironía. Cuando se lamenta, y al principio se lamenta un par de veces, su tono es más de cómica frustración que de pose pseudo trágica. Gobber es el único que le da el consejo que necesita: “Deja de intentar ser lo que no eres.” Y aunque el propio Gobber no es consciente del auténtico alcance de sus palabras, y Hiccup responde entonces con un cansado “Sólo quiero ser uno de vosotros”, no pasará mucho tiempo hasta que, ante la tribu y arriesgándolo todo, proclame “No soy uno de ellos”.

            Hiccup logra, sin testigos, una hazaña histórica: derribar un Furia Nocturna, el más enigmático de los dragones, que el Libro de los Dragones vikingo describe como “el impío vástago de los Relámpagos y la misma Muerte”. Lo derriba, lo busca, lo encuentra… y aquí es donde empieza lo grande. En las siguientes escenas, los guionistas y directores sabían que se la jugaban. Porque si ésta es la historia de la amistad entre un dragón y un niño, en medio de una batalla centenaria entre dragones y vikingos, cómo funcione el encuentro entre ambos es capital.

            Y funciona. Funciona a las mil maravillas. Esta película es inteligente: no sale bien a la primera. Hiccup encuentra al Furia Nocturna (luego bautizado como Toothless, Desdentado) indefenso. Puede matarlo. Sabe que debería matarlo. Pero no es capaz. Lo libera. Y el dragón no está nada contento, no se convierte en su mascota agradecida. Pero tampoco lo mata. Así que Hiccup, mientras aprende la teoría y práctica de la caza de dragones, rastrea al herido dragón y lo encuentra, incapaz de volar, por haber perdido parte de su cola. Lo observa, hasta que, al fin, decide acercarse.

            Éste es, en mi opinión, el momento culmen de la película, el más cuidado, el más hábil. Todo lo que viene después me encanta, pero es que los seis minutos en los que Hiccup logra superar sus miedos y Toothless su hostil desconfianza, luego su despectiva indiferencia, en un baile de intento y error, de acercamientos y meteduras de pata, sin palabras, con la magnífica banda sonora de John Powell (lo repito, magnífica), esos minutos tan cómicos, tan astutos y tan emocionantes… Son de matrícula de honor (por desgracia, sólo he conseguido este video, que está del revés con respecto al original, pero vaya…):

            La relación entre Hiccup y Toothless tarda aún un poco en asentarse. Gracias a ella vemos que Hiccup, un pésimo vikingo guerrero, es una atractiva mezcla de ingeniero y naturalista (un tanto durrelliano), inventivo, curioso e inasequible al desaliento. Que sean capaces de dotar a Toothless de personalidad sin concederle la palabra (porque los dragones no hablan aquí) dice mucho del buen hacer de guionistas y animadores. Y mientras Hiccup estrecha sus lazos con su dragón, mientras perfecciona la cola artificial que le ha preparado, mientras ambos aprenden a volar juntos, Hiccup aprovecha lo que descubre para convertirse en el mejor alumno de la Academia de cazadores, sin matar a un solo dragón, en otra secuencia muda grande y divertidísima:

            Alrededor de esta pareja, se colocan todos los demás. El resto de dragones no tiene una personalidad digna de ese nombre, al contrario que Toothless, pero las diferentes razas son vistosas, con la mezcla justa de humor y peligro (porque, sí, los dragones son dragones). Mi favorito es, quizás, el Terrible Terror, un pequeñajo estrábico, con muy malas pulgas, el cual, en su primera aparición me recuerda al Conejo Asesino de los Monty Phyton.

            ¿Y los demás vikingos? Son un tanto arquetípicos, en especial los compañeros, luego camaradas, de Hiccup. Pero encajan, porque los secundarios ligeramente arquetípicos son a veces lo que hace falta. Los gemelos Tuffnut y Ruffnut, el empollón (curiosamente, no marginado) Fishlegs, el bravucón Snotlout… y Astrid.

            Astrid es la mejor alumna, hasta el sorprendente e inesperado ascenso de Hiccup. Ágil, valiente, seria, obsesiva y quien más puñetazos da (casi todos merecidos) a lo largo de la película. La relación entre Hiccup y Astrid no es tan sutil como con Toothless, pero tampoco me disgusta. Hiccup lleva mucho tiempo loco por Astrid, quien le ve como lo que es, el raro. Quizás acaban juntos un pelín demasiado rápido (igual que ella supera su antidraconismo) pero el ritmo de la película lo exigía, para que no que no se convirtiera en lastre. Y además, ¿quién no va a mirar con otros ojos a un dragón y a su jinete después de pasar un día haciendo giros entre las nubes?

            No hay villano en esta película, algo que a mí me suele disgustar, pero aquí entiendo legítimo. La fuerza hostil contra la que al final hay que luchar no merece el calificativo de villano. De hecho, quien representa, pragmáticamente, el rol de antagonista durante la mayor parte del tiempo es Stoick, padre de Hiccup, el más vikingo de los vikingos. Pero Stoick no es en modo alguno un malvado. Es un buen jefe, convencido de que lo mejor para su gente es erradicar a los dragones. No está ni dispuesto ni preparado, hasta el final, para aceptar un cambio en su concepción del mundo. Stoick no es el enemigo, el enemigo son los prejuicios, el miedo y el odio al otro. Stoick es digno, y por eso la incapacidad que tienen padre e hijo de hablarse y escucharse resulta tan grave.

            Ni hay villano ni hay, en realidad, personajes despreciables. Hiccup, Toothles, Astrid y el bueno de Gobber son claramente positivos. Pero también lo son los gemelos y Fishlegs y Stoick, e incluso Snotlout, quien podría haber sido pintado como el matón cobardica y mezquino. Sí, es un fanfarrón pagado de sí mismo, pero no tiene mal fondo. Ésta es la clave: que el mal viene de la ignorancia y del miedo, pero que todos los personajes hacen lo que creen correcto. Esto, así, podría desembocar en tragedia o en comedia negra, pero es comedia esperanzada porque se confía en la capacidad de cambio, sobre todo, de los personajes más jóvenes, los menos enquistados.

            Y esto, ya digo, a un ritmo trepidante, con una animación fantástica, una música perfecta, un hábil empleo de diálogos y silencios, un guión que funciona como un reloj, donde nada, en realidad nos sorprende por nunca antes visto, pero todo nos encanta (por ejemplo, en el primer vuelo de Hiccup y Toothless, sabemos que al final no se van a estampar contra el mar, pero estiramos el cuello hasta que logran enmendar la situación y dan ganas de aplaudir cuando salen triunfantes).

            Una película divertida, ágil, entretenidísima, que soporta la mar de bien la Regla de Wilde (si no soporta una segunda visión, no merece la primera), que nos lleva a un mundo del que da auténtica pena marcharse. Porque, como cierra Hiccup, en una jovial variación de sus primeras palabras: Esto es Berk. Nieva nueve meses del año y hiela los otros tres. Toda la comida que aquí crece es dura y sin sabor, y la gente que crece aquí lo es más aún. La única ventaja son las mascotas. Mientras otros lugares tienen ponies o loros, aquí tenemos… ¡dragones!

            Ahora, disculpen. Creo que he encontrado la carta de navegación que buscaba y necesito ir a comprar un drakkar. Ya les mandaré una postal.

About these ads

2 comentarios »

  1. Totalmente de acuerdo. La banda sonora, sobre todo, es espectacular… y tiene un cambio de registros (del humor a los nervios por el peligro inminente, la inseguridad de la reacción de los personajes a lo que va pasando, etc) que capta la atención y te hace sumarte a la trama del todo. Una buena peli.

    Comentario por Fabián — noviembre 14, 2012 @ 6:29 pm | Responder

    • Sí, es verdad, cambia con mucha habilidad de un registro a otro, mezclándolos con mucha astucia, sin dejar que los unos ahoguen a los otros. Me alegro de que le haya gustado el artíuclo y mucho más de que le haya gustado la pelíucla. ¡Salud!

      Comentario por conunvasodewhisky — noviembre 15, 2012 @ 7:11 pm | Responder


RSS feed para los comentarios de esta entrada. TrackBack URI

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: